Cómo Noruega logró ser el país más sano de Europa mientras encabeza el consumo de carne procesada

Un estudio de la Universidad de Oslo revela que, pese a liderar el consumo de productos como bacon y salchichas en la región, el país registra la menor carga de enfermedad vinculada a la dieta

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Noruega lidera los índices de salud en Europa pese a encabezar el consumo de carne procesada entre los países nórdicos (Imagen Ilustrativa Infobae)

En Noruega, la panceta, las salchichas y el salame no solo abundan en la mesa: el país es el mayor consumidor de carne procesada de los países nórdicos. Sin embargo, sus habitantes figuran entre los más longevos y saludables del mundo. Un nuevo estudio de la Universidad de Oslo, publicado en The Lancet Regional Health—Europe, revela por primera vez la magnitud de la carga de enfermedad atribuible a la dieta en Noruega y pone en el centro del debate una paradoja que desafía las recomendaciones internacionales de salud pública.

Un país líder en longevidad y salud

Noruega ostenta indicadores sanitarios que despiertan el interés de la comunidad internacional. La esperanza de vida supera los 83 años y los noruegos disfrutan de una cantidad de años saludables superior al promedio europeo. El país ha conseguido reducir la incidencia de infartos y diagnósticos de cáncer en menores de 70 años, lo que lo posiciona como referente en longevidad y calidad de vida.

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“Somos de los países con mejor desempeño del mundo si uno mira la expectativa de vida y los años saludables vividos. Hay menos infartos y menos casos de cáncer en menores de 70 años que antes”, explicó Rune Blomhoff, profesor emérito de la Universidad de Oslo y autor principal del estudio.

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La esperanza de vida en Noruega supera los 83 años y es referente en longevidad y años saludables vividos (Imagen Ilustrativa Infobae)

El informe, realizado en conjunto con el Instituto Noruego de Salud Pública y el equipo que elaboró las nuevas recomendaciones nórdicas de nutrición, analiza datos de 2023 y compara la situación de Noruega con la de otros ocho países nórdicos y bálticos. El resultado es contundente: la carga de enfermedad atribuible a la dieta es la más baja de la región, incluso frente a países con patrones alimentarios considerados más saludables.

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El consumo de carne procesada, eje de la paradoja

Pese a estos logros, los noruegos lideran el consumo de carne procesada en el norte de Europa. Solo Estonia, Letonia y Lituania presentan cifras más altas. Panceta, carne picada, salchichas y salami forman parte de la dieta cotidiana en todos los estratos sociales y regiones del país. Estos productos, preservados mediante ahumado, salado o la incorporación de conservantes como nitrato y nitrito, representan una parte sustancial de la ingesta calórica diaria.

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El estudio de la Universidad de Oslo destaca que Noruega registra la menor carga de enfermedad vinculada a la dieta en la región (Imagen Ilustrativa Infobae)

El estudio estima que alrededor de 3.900 noruegos mueren prematuramente cada año por enfermedades asociadas a una dieta poco saludable. Se considera muerte prematura aquella que ocurre antes de la edad promedio de vida nacional. Además, la investigación calcula que 83.000 años de vida se pierden o se ven afectados anualmente por discapacidad relacionada con la alimentación, según el índice DALY, que suma los años perdidos por fallecimiento temprano y los vividos con enfermedades crónicas asociadas a la dieta. La mayoría de estos casos se vinculan a la elevada ingesta de carnes procesadas, productos que, paradójicamente, continúan ocupando un lugar central en la gastronomía noruega.

¿Cómo es la dieta noruega? Luces y sombras de un modelo alimentario

La alimentación noruega se caracteriza por una combinación de tradición y modernidad que la distingue en Europa. Al elevado consumo de carnes procesadas se suma una ingesta significativa de pescados grasos como salmón, arenque y bacalao, reconocidos por sus beneficios para la salud cardiovascular. Los lácteos fermentados, como el yogur y el queso, forman parte del repertorio diario, así como los panes integrales de centeno y avena, que aportan fibra y nutrientes.

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La dieta noruega, rica en panceta, salchichas y salami, contrasta con tasas reducidas de infartos y cáncer antes de los 70 años (Imagen Ilustrativa Infobae)

Sin embargo, el estudio advierte que Noruega está lejos de cumplir con los estándares internacionales en cuanto a alimentos protectores. El consumo de cereales integrales, frutas y verduras es considerablemente menor al recomendado por la Organización Mundial de la Salud. Además, el acceso y la preferencia por bebidas azucaradas y alimentos ultraprocesados han crecido en los últimos años, especialmente entre los jóvenes y en áreas urbanas. Esta dualidad genera un perfil alimentario único: conviven elementos tradicionalmente saludables con factores de riesgo bien identificados.

Las diferencias regionales y socioeconómicas también influyen en la calidad de la dieta. En zonas rurales o de menor poder adquisitivo, la dependencia de productos procesados es aún mayor, lo que profundiza las desigualdades en el acceso a una alimentación equilibrada.

Según Ann Kristin Skrindo Knudsen, directora de departamento en el Instituto Noruego de Salud Pública y coautora del estudio, “estamos muy por debajo de las recomendaciones respecto a cereales integrales, vegetales y frutas, y esto tiene impacto directo en la carga de enfermedad”.

Procesados, déficit de fibra y principales riesgos

El mayor peso sanitario de la dieta noruega se concentra en la enfermedad cardíaca isquémica, la diabetes tipo 2 y el cáncer colorrectal. El informe calcula que aproximadamente el 25% de la carga de enfermedad por cardiopatía isquémica está vinculada a la alimentación, así como el 30% en la diabetes tipo 2 y el 8% de todos los cánceres, con énfasis en el colorrectal, el más relacionado con factores dietarios.

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El bajo consumo de frutas, verduras y cereales integrales en Noruega incumple las recomendaciones internacionales de salud (Imagen Ilustrativa Infobae)

A nivel regional, Noruega presenta la menor carga de enfermedad atribuible a la dieta entre los países nórdicos y bálticos. Sin embargo, los especialistas resaltan dos factores críticos: el exceso de carne procesada y la falta de cereales integrales. El país también está entre los que más bebidas azucaradas consumen, lo que suma presión sobre el sistema de salud y subraya la necesidad de estrategias de prevención más focalizadas.

Salud pública, políticas y desafíos futuros

El caso noruego demuestra que la longevidad y la calidad de vida no dependen solo de la dieta. El acceso universal a la salud, los altos niveles educativos y la promoción constante de la actividad física son pilares fundamentales que mitigan los riesgos alimentarios.

El informe reconoce, no obstante, que la evidencia sobre la relación entre dieta y enfermedad es sólida para ciertos alimentos como frutas y cereales integrales, pero sigue siendo debatida para la carne roja no procesada. Además, la influencia de factores estructurales y sociales dificulta aislar el impacto exclusivo de la dieta en la salud, por lo que los resultados deben interpretarse con cautela.

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