Bertrab, el glaciar que revela la fragilidad del Atlántico Sur ante el cambio climático

Su derretimiento modifica el microclima de la isla Georgia del Sur y desafía el delicado equilibrio ecológico que sostiene a pingüinos rey, elefantes marinos y aves boreales

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El Glaciar Bertrab, en la
El Glaciar Bertrab, en la isla Georgia del Sur, refleja la vulnerabilidad del Atlántico Sur ante el cambio climático (foto: Wikipedia)

En el extremo este de la isla Georgia del Sur, en plena bahía Gold, se encuentra una de las joyas naturales más remotas y menos conocidas del planeta: el Glaciar Bertrab. Este pequeño glaciar, rodeado de abruptos anfiteatros rocosos y praderas de pasto tussok, es un santuario ecológico de valor incalculable.

Descubierto por la Segunda Expedición Antártica Alemana en los años 1911 y 1912, bajo el mando de Wilhelm Filchner, el glaciar debe su nombre al general alemán von Bertrab. A pesar de sus dimensiones reducidas en comparación con los gigantes de la Antártida, su papel en el delicado equilibrio del ecosistema subantártico resulta crucial.

Un glaciar oculto en el Atlántico Sur

El Glaciar Bertrab no se asemeja a los inmensos campos de hielo del continente antártico. Se trata de un glaciar de montaña, relativamente pequeño, pero de belleza escénica incomparable. Sus hielos descienden hasta el mar, enmarcados por paredes de roca y vegetación esmeralda, generando una de las postales más fotografiadas por expedicionarios que logran llegar a este remoto rincón del planeta.

El acceso a la isla Georgia del Sur, donde se encuentra este glaciar, es extremadamente limitado. No existen pistas de aterrizaje ni infraestructuras hoteleras. La única alternativa para los visitantes consiste en embarcarse en cruceros de expedición que parten desde Ushuaia o desde las Islas Malvinas. Los turistas que logran desembarcar en Gold Harbour deben cumplir estrictos protocolos de bioseguridad para proteger la delicada flora y fauna local, lo que convierte el viaje en una verdadera odisea de exploración.

Este entorno, caracterizado por su aislamiento y su ambiente prístino, ofrece una experiencia única: la posibilidad de observar el desprendimiento de pequeños témpanos que flotan en las aguas de la bahía. Sus tonalidades, que varían del blanco puro al azul eléctrico profundo, contrastan con las playas de arena oscura y los pastizales, creando un paisaje que parece de otro mundo.

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Ubicado en un entorno de difícil acceso, el Glaciar Bertrab es un santuario ecológico protegido con estrictos protocolos de bioseguridad para preservar su biodiversidad (foto: Wikipedia)

Un papel ecológico fundamental

Más allá de su atractivo visual, el Glaciar Bertrab cumple una función esencial en el ecosistema de la bahía Gold. Según Climate Change and Biodiversity, el deshielo de sus hielos aporta agua rica en minerales a las aguas costeras, lo que favorece la presencia de krill y peces. Esta abundancia de alimento sostiene a una de las colonias más grandes de pingüinos rey del planeta y a numerosos elefantes marinos y aves boreales que habitan la zona.

El glaciar también actúa como regulador del microclima local. Su presencia influye en la temperatura y la humedad de la bahía, generando condiciones propicias para la supervivencia de especies que dependen de este entorno. La interacción entre el hielo, la fauna y la vegetación convierte a este pequeño glaciar en un punto clave para la biodiversidad del Atlántico Sur.

La isla Georgia del Sur, bajo administración británica, es reconocida internacionalmente como un área de especial importancia científica y ecológica. Las restricciones para el turismo y la protección estricta de sus ecosistemas buscan preservar la integridad de este hábitat único. Sin embargo, el equilibrio es frágil y está permanentemente amenazado por factores externos.

Las restricciones al turismo en
Las restricciones al turismo en Georgia del Sur buscan evitar impactos negativos sobre la flora y fauna endémicas, priorizando la conservación del ecosistema subantártico (foto: Wikipedia)

Retroceso y señales del cambio climático

A pesar de su importancia, el estado de conservación del Glaciar Bertrab es motivo de preocupación. Durante las últimas décadas, ha experimentado un retroceso significativo, fenómeno que se observa en la mayoría de los cuerpos de hielo de las islas subantárticas. Desde mediados del siglo XX, de acuerdo con un estudio realizado por la Cambridge University, su frente se ha retirado hacia las tierras altas, dejando expuestas rocas que permanecieron cubiertas por hielos milenarios.

Este retroceso constituye una señal directa del impacto del calentamiento global en el hemisferio sur. Los científicos que estudian la región consideran que cada metro de hielo perdido representa no solo una transformación paisajística, sino también una advertencia sobre la vulnerabilidad de los ecosistemas polares. El derretimiento afecta el equilibrio de la bahía y, en consecuencia, la disponibilidad de alimento para las especies que allí habitan.

La situación del Glaciar Bertrab refleja un fenómeno que preocupa a la comunidad internacional: la acelerada desaparición de los glaciares en todo el planeta. Las consecuencias van más allá de la pérdida de belleza escénica, ya que inciden en el régimen de lluvias, el nivel del mar y la subsistencia de comunidades animales que dependen de estos ecosistemas helados.

La fragilidad y valor ecológico de este glaciar hacen de su protección una prioridad para quienes abogan por la conservación del medio ambiente. El Bertrab, aunque diminuto en extensión, representa un recordatorio silencioso de la urgencia de actuar frente al cambio climático.