
La capital china será escenario el próximo 3 de septiembre de la mayor exhibición militar organizada por el régimen de Xi Jinping en los últimos años. Entre los invitados destaca el dictador norcoreano Kim Jong-un, quien pisará Beijing por primera vez desde 2019, y el presidente ruso Vladimir Putin, responsable de la invasión militar contra Ucrania. Junto a ellos, otros líderes señalados por prácticas autoritarias, como los presidentes de Irán, Bielorrusia e Indonesia, protagonizarán el evento.
Xi Jinping pretende convertir el aniversario de la rendición japonesa –una fecha emblemática en la narrativa oficialista– en una oportunidad para que el Partido Comunista chino exhiba armamento de última generación y refuerce su papel como eje de una alianza autoritaria opuesta a los valores democráticos occidentales. El régimen chino convocó a 26 jefes de Estado, muchos de ellos acusados de violaciones sistemáticas a los derechos humanos o de perpetuar dictaduras.
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La cita servirá para mostrar al mundo un despliegue sin precedentes de medios militares.

Decenas de miles de efectivos militares marcharán en formación junto a veteranos de guerra, escuadrones aéreos, vehículos blindados y batallones de 45 agrupaciones del ejército chino. Durante 70 minutos, las fuerzas armadas mostrarán su nuevo diseño y equipamiento más avanzado, incluyendo sistemas hipersónicos, drones y plataformas antirrobots, en un intento de impresionar a sus rivales geopolíticos y de reafirmar su capacidad tecnológica y ofensiva.
Se espera que Xi Jinping pase revista a las tropas frente a líderes internacionales y altos funcionarios del Partido Comunista.
La aparición conjunta de Kim, Putin y Xi busca enviar un mensaje de desafío y cohesión entre gobiernos responsables de graves crisis internacionales. Kim Jong-un, cuya dictadura ha sido condenada por la represión sistemática, la censura extrema y la persecución de opositores, regresa a la escena internacional después de varios años de reclusión y aislamiento. Putin, implicado en crímenes de guerra y responsable de la actual invasión a Ucrania, intentará utilizar la tribuna china para hacer gala de una supuesta legitimidad internacional.
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En la lista de invitados figuran también mandatarios como Aleksandr Lukashenko, líder de Bielorrusia, y Masoud Pezeshkian, presidente de Irán, ambos conocidos por reprimir protestas y limitar las libertades civiles en sus países. Beijing ha puesto en marcha una vasta estrategia de propaganda, presentando la ceremonia como un ejercicio de memoria y unidad contra el “fascismo”.
El desfile será observado por la comunidad internacional y especialistas en defensa, que advierten sobre el avance del programa de armas de Beijing y su voluntad de aumentar la presión sobre Taiwán y sus vecinos regionales. Aunque China sostiene el segundo gasto militar más abultado del planeta, todavía mantiene distancia respecto al poderío de Estados Unidos, su principal rival estratégico.
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El evento permitirá medir el alcance real de la colaboración militar y diplomática entre los protagonistas y servirá como plataforma para la presentación de la última generación de armamento desplegado por China.
En el contexto global marcado por la guerra en Ucrania y el rearme de potencias autoritarias, la celebración evidenciará la distancia que separa a estos regímenes de los países democráticos. El régimen chino busca erigirse como portavoz y articulador de una coalición que respalda la violación de derechos fundamentales, la represión política y el expansionismo militar.
La llegada de Donald Trump a la región a finales de octubre y el posible interés de la Casa Blanca en dialogar con Xi Jinping o Kim Jong-un podrían añadir nuevas variables a la ecuación diplomática, pero la fotografía de Putin, Kim y Xi en el centro de Beijing resumirá la consolidación de un bloque autoritario dispuesto a desafiar abiertamente el orden democrático y el sistema internacional basado en normas.
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(Con información de AFP y EFE)
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