
Lo que parecía ser una vida consagrada al silencio, la oración y la elaboración artesanal de Prosecco en el norte de Italia, terminó con una fuga inesperada, denuncias graves y un convento sacudido por tensiones internas. Cinco monjas cistercienses del monasterio de San Giacomo di Veglia, en la localidad italiana de Vittorio Veneto, decidieron abandonar el claustro y refugiarse en un lugar secreto tras la expulsión de su madre superiora, en medio del duelo mundial por la muerte del papa Francisco.
El episodio, que comenzó a gestarse en 2023, salió a la luz en las últimas horas cuando las religiosas, lejos de ocultarse, se presentaron en una comisaría de los Carabineros para comunicar formalmente su decisión de abandonar el monasterio y pedir protección.
“Queremos recuperarnos en un lugar seguro”, dijeron a las autoridades, sin revelar su paradero actual. Según confirmaron fuentes policiales italianas, no hay delitos penales vinculados a la fuga, pero sí una profunda crisis institucional y emocional dentro del convento.
Una historia que comenzó con una carta al Papa
La raíz del conflicto se remonta a enero de 2023, cuando cuatro monjas del mismo monasterio enviaron una carta directamente al Papa Francisco para denunciar presuntos abusos de autoridad por parte de la madre abadesa, la hermana Aline Pereira, una religiosa de origen brasileño. Aunque dos inspecciones eclesiásticas no hallaron pruebas concluyentes y las acusaciones fueron archivadas como calumnias, las denunciantes fueron trasladadas a otros monasterios, como parte de una medida disciplinaria.
Lejos de cerrarse, el conflicto se profundizó. En los meses siguientes se realizaron al menos ocho visitas canónicas al monasterio, donde aumentaron las sospechas sobre la gestión de la hermana Aline.

Según medios italianos como Il Messaggero, se la acusó de “manipular a las hermanas” y de mostrar una “incapacidad reiterada para tomar decisiones”. Sin embargo, las actuales monjas que decidieron marcharse sostienen que esas acusaciones nunca fueron probadas y que se trató de una persecución.
La situación se agravó cuando, días antes de la Pascua de este año, el abad general de la orden, Mauro Giuseppe Lepore, anunció el nombramiento de un comisario para intervenir en el convento. La notificación oficial llegó el Viernes Santo, y el lunes siguiente, el mismo día en que se conocía la muerte del Papa Francisco y mientras la diócesis local se encontraba vacante, llegó al lugar la psicóloga que había sido enviada previamente como visitadora. Fue ella quien concluyó, sin evaluaciones clínicas previas, que las hermanas “habían sido sometidas a un lavado de cerebro”, según relataron las monjas al diario Il Gazzettino.
Ese fue el punto de quiebre. La hermana Aline fue destituida y en su lugar se nombró como superiora a la madre Martha Driscoll, de 81 años. Su llegada, lejos de traer calma, agudizó la fractura interna. Las monjas disconformes comenzaron a grabar conversaciones y afirmaron haber escuchado frases como “Estamos en el monasterio para sufrir” o “Yo soy la Iglesia, hablo en nombre del Papa Francisco”.
“Nos sentimos asfixiadas”
En diálogo con Il Gazzettino, la más joven de las cinco monjas que escaparon —quien llevaba poco más de un año en el convento— aseguró que la situación se volvió “psicológicamente insoportable” desde la salida forzada de la madre Aline. “Nos destruyeron una paz que había durado medio siglo. Después de la Pascua empezaron las imposiciones y el acoso. Tuvimos que huir”, declaró.
Algunas de las religiosas llevaban hasta 25 años de vida en clausura. Pese al hermetismo que caracteriza a las comunidades monásticas, decidieron pedir formalmente ante el Dicasterio correspondiente la dispensa de sus votos y autorización para romper la clausura. Pero la respuesta fue negativa.

Como símbolo de su compromiso con la ley, se presentaron ante las fuerzas de seguridad antes de desaparecer del convento. No hay causas judiciales abiertas contra ellas, pero sí un creciente escándalo que ahora se ventila en medios nacionales e internacionales.
La otra cara del convento: el Prosecco y el silencio roto
El monasterio de San Giacomo di Veglia no es solo un espacio de retiro espiritual. También es conocido por su producción de Prosecco DOC, elaborado con uvas cultivadas por las propias hermanas. Un emprendimiento que les había dado visibilidad y cierta autosuficiencia económica.
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