
La falta de participación de la conferencia Bund Summit por parte de funcionarios importantes del régimen chino marcó el trascurso de un evento crucial para la economía del país. Durante el foro económico de alto perfil en Shanghái, el exgobernador del Banco Popular de China, Yi Gang, habló sobre la urgencia de relajar la política monetaria para contrarrestar las presiones deflacionarias que enfrentan. Esto representa una admisión poco común de los problemas económicos apremiantes, informó Financial Times.
Según los datos aportados por Yi Gang y recogida por el medio estatal Caijing, la implementación de una política monetaria más laxa podría revitalizar la economía. En su intervención, Yi señaló que el objetivo debe ser devolver el deflactor del PIB a un territorio positivo, ya que este índice es la medida más amplia de los precios en la economía.
China está experimentando una débil demanda doméstica posterior a la pandemia, lo cual ha afectado notablemente al mercado inmobiliario, minando la confianza de los hogares. Esta baja demanda, combinada con un exceso de producción en ciertos sectores, ha provocado una competencia feroz, debilitando las ganancias corporativas y afectando los precios.
Los datos recientes muestran que el crecimiento del PIB nominal fue del 4,0% interanual en el segundo trimestre, comparado con un crecimiento real del 4,7%, lo que refleja la presión deflacionaria en la economía. La reciente advertencia de Yi Gang se produce en un contexto de creciente preocupación entre funcionarios, economistas y académicos chinos sobre la posibilidad de que China siga un camino similar al de Japón después del colapso de su burbuja en los años 90, lo que condujo a décadas de bajo crecimiento económico.
Desde el año pasado, las autoridades han pedido discretamente a los expertos que eviten hablar públicamente de problemas económicos, particularmente de la deflación, en un esfuerzo por mejorar la confianza del mercado. Esta medida se enmarca en una política más amplia de limitar la discusión de temas sensibles dentro del continente.

El Bund Summit, organizado por el China Finance 40 Forum, uno de los principales think tanks económicos del país, se llevó a cabo esta semana sin la asistencia de los funcionarios de más alto nivel del gobierno chino. En contraste, varias figuras de Estados Unidos participaron a través de enlaces de video, incluyendo a Robert Rubin, exsecretario del Tesoro, y Michael Spence, premio Nobel y profesor emérito de la Escuela de Negocios de Stanford.
La ausencia notable de representantes extranjeros de alto nivel de las instituciones financieras, aunque sí asistió físicamente Ashley Bacon, director de riesgos en JPMorgan, resaltó el perfil bajo del evento en cuanto a asistencia internacional. Esto contrasta con la repercusión internacional que tuvo el evento en 2020, cuando el fundador de Alibaba, Jack Ma, criticó a los reguladores, lo que desencadenó una represión en la industria tecnológica y la cancelación de la oferta pública inicial de Ant Group por $37,000 millones.
The Economist
La revista británica The Economist también dedicó esta semana varios artículos a la situación económica que atraviesa el régimen chino y se centró en la cuestión de la “confianza” como principal factor: “La gigantesca economía china se enfrenta a una crisis de confianza igualmente gigantesca, y un creciente déficit de información precisa no hace más que empeorar las cosas. Mientras el país lucha contra un desplome inmobiliario, el sector de servicios se desaceleró en un indicador en agosto. Los consumidores están hartos. Las empresas multinacionales están sacando dinero de China a un ritmo récord y los observadores extranjeros del país están recortando sus previsiones de crecimiento económico”.
“El pesimismo refleja problemas reales, desde casas a medio construir hasta deudas incobrables, pero también refleja una creciente desconfianza hacia la información sobre China. Se cree ampliamente que el gobierno está manipulando datos, suprimiendo hechos sensibles y a veces ofreciendo recetas delirantes para la economía. Este vacío se retroalimenta a sí mismo: cuanto más frágil es la economía, más conocimiento se suprime y más nervios se ponen de punta. No se trata sólo de un problema cíclico de confianza. Si da marcha atrás en la política que lleva décadas de liberalizar parcialmente el flujo de información, a China le resultará más difícil completar su ambición de reestructurar la economía en torno a nuevas industrias. Al igual que la Unión Soviética, corre el riesgo de convertirse en un ejemplo de cómo el gobierno autocrático no sólo es iliberal sino también ineficiente”, publicó la editorial británica.
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