
Durante décadas el nombre de Aung San Suu Kyi ha estado asociado a la lucha pacífica por la democracia en Myanmar. Premio Nobel de la Paz, detenida política y líder de la Liga Nacional para la Democracia (LND), a sus 78 años Suu Kyi aún luce el cabello oscuro y una mirada expectante se destaca en su semblante endurecido por la privación de la libertad, varias represalias en su contra y una vida personal subordinada a la política. Sin embargo su autoridad moral se ha desgastado en los últimos tiempos: guardó silencio ante el genocidio de los rohingya y, en el proceso internacional por ese delito de lesa humanidad, dio un testimonio favorable al ejército juzgado por la matanza.
Además, con el paso de las décadas, su influencia política ha disminuido por la aparición de nuevos líderes pro democracia. Mientras estuvo detenida, la resistencia recorrió otros caminos a los que se sumaron más grupos políticos de diversos orígenes, estrategias e ideologías. En esta suma de factores, Suu Kyi representa por primera vez sólo una protesta importante entre muchas otras, que también concitan la atención internacional, según The Interpreter.
En agosto de 2023 La Dama, como fue llamada luego de recibir el Nobel en 1991, recibió un indulto parcial a la condena de 33 años que tenía, decidió el régimen de su país. Sin embargo, aún reducida su sentencia es de 27 años, lo cual probablemente implique que termine sus días detenida.
El mayor desafío de su vida sucedió cuando estuvo al mando de una nación con heridas profundas, tan profundas que siguen abiertas. El costo de pasar a la historia en Myanmar como un estandarte de resistencia contra el poder de las fuerzas armadas fue no poder acompañar el crecimiento de sus hijos. Hoy, además, enfrenta los cuestionamientos y el repudio de otros activistas internacionales, mientras su imagen parece quedar en el pasado a medida que crecen otras dinámicas de lucha prodemocracia, desde múltiples sectores de la población, que surgieron tras el golpe de estado de 2021, de acuerdo con The Guardian.
La Dama al frente de las revueltas
Aung San Suu Kyi nació el 19 de junio de 1945 en Ragún, la ciudad más grande de Myanmar, país asiático anteriormente conocido como Birmania. Desde sus primeros años de vida, el fuego de la lucha por la independencia consumiría a su padre, el general Aung San, quien murió en el campo de batalla cuando ella tenía dos años. Su madre, Daw Khin Kyi, tomó la decisión de ir a la India, como embajadora, con la niña.

Esa posición diplomática permitió que Suu Kyi traspasara las fronteras militarizadas de Myanmar. Una vez que La Dama alcanzó la edad para recibir una educación universitaria, viajó a Oxford. Su formación política y filosófica serían los primeros cimientos de su vocación como activista, inspirada por las luchas de figuras históricas como Martin Luther King y Mahatma Gandhi, según la BBC.
Su país estaba hundido en otra crisis y la dictadura del general Ne Win, instaurada en 1962, reprimió cualquier tipo de manifestación en su contra. El régimen fue marcado por la brutalidad con la que se pulverizó cualquier esperanza hacia una transición democrática. Una de las represiones más recordadas en la historia de ese país fue la destrucción del edificio del sindicato de estudiantes de la Universidad de Ragún, de acuerdo con France 24.
La violencia extrema victimizó a las personas de cualquier esfera social. Sin embargo, estudiantes, trabajadores, funcionarios públicos, monjes budistas y hasta otros soldados salieron a las calles en protestas que terminaron con miles de asesinatos por el fuego de las armas. Este punto de inflexión llegó en 1988, un año convulso por un nuevo orden militar encabezado por el general Saw Maung, quien implementó la ley marcial.

El régimen de Maung vivió momentos históricos: bautizó al país bajo el nombre de Myanmar, como es conocido actualmente, y presenció el ascenso de una nueva fuerza política. Se trataba de una oposición estructurada a través de ideas democráticas, derechos humanos y libertades civiles. Al frente de estos ideales y las manifestaciones multitudinarias había una mujer: Aung San Suu Kyi, quien había regresado aquel año a su tierra natal.
El breve triunfo de la Liga Nacional para la Democracia
Los principales impulsores de la democracia se asociaron en la LND. El partido político nacido en 1988 buscaba conformar una fuerza de oposición pacífica contra la dictadura militar que había derramado sangre desde la independencia de Myanmar. La Dama fungió como secretaria general, puesto desde el cual articuló propuestas y movilizaciones para terminar con el poder atrincherado del general Maung.

El periodo combativo estuvo marcado por represiones con violencia extrema. Fue un año agónico para la nación que vio a una de sus hijas al frente de una resistencia pacífica ser condenada a prisión domiciliaria en junio de 1989. Los cargos estuvieron basados en un supuesto peligro inminente de Estado. La privación de la libertad sería una constante en la vida de Aung San Suu Kyi.
El sacrificio rindió frutos, pues la dictadura militar hizo un llamado a elecciones durante 1990. Los resultados mostraron una clara victoria para LND, el partido político de La Dama; pero las fuerzas armadas al mando desconocieron cualquier indicio sobre su derrota y se negaron a ceder el poder. El proceso por el cual había luchado la mujer tuvo una permanencia fugaz, fue una decepción a la que se enfrentó sola.
La vida en confinamiento solitario de Aung San Suu Kyi
Pese a la represión en Myanmar, Aung San Suu Kyi tuvo la oportunidad de conformar una familia: un esposo del cual nunca pudo despedirse y dos hijos a quienes apenas conoce. Durante su tiempo en Oxford conoció al británico Michael Aris, de quien se enamoró. Junto a él tuvo dos niños, Alexander y Kim Aris.

Tuvo una vida en relativa tranquilidad con su familia hasta la década de 1980, cuando regresó a su país y se convirtió en líder política. Sin embargo, desde que en 1989 fue recluida perdió el derecho a las visitas. Liberada en 1995 con restricciones para salir del país, fue arrestada de nuevo por la junta militar en 2000 tras viajar a la ciudad de Mandalay, lo que transgredía las imposiciones en su contra, según la Agencia Anadolu. Durante ese periodo, el esposo de Aung San Suu Kyi murió de cáncer, en 1999. Pese a que el Reino Unido intentó negociar con la dictadura un viaje de La Dama para visitar a Aris, ella temió que si salía el régimen le impediría regresar.
En 2002 recibió la libertad pero por poco tiempo: tras una riña de los activistas de su partido contra los seguidores del régimen militar, quedó en prisión domiciliaria. Allí podían visitaras sólo sus colegas más cercanos; en cambio, tenía prohibido reunirse con sus hijos.
Luego de ocho años detenida, en noviembre de 2010 Suu Kyi fue liberada y pudo ver a uno de sus hijos que visitó Myanmar. Kim, aquel chico al que había visto por última vez antes de la muerte de Aris, era un hombre y un desconocido.

La lucha que Suu Kyi encarnó durante 21 años entre arrestos y elecciones amañadas por el régimen militar se convirtió en un símbolo internacional de resistencia pacífica por la democracia y los derechos humanos contra la violencia, razón por la cual en 1991 recibió el premio Nobel de la Paz.
La democracia de Myanmar ensombrecida por el genocidio rohingya
El gobierno de 2010 en Myanmar mostró mayor apertura en comparación con los 50 años de totalitarismo militar. Las reformas que se adoptaron permitieron que la LND tuviera mayor presencia en la transición política. El expresidente Thein Sein consideró necesarias unas elecciones parciales en el parlamento. De esa forma, La Dama fue elegida para ocupar el cargo de congresista en 2012. Además, su partido logró conseguir 43 de los 45 escaños. Aquella ocasión fue la primera vez que se llamó a comicios en dos décadas, según El Mundo.
La mejora política condujo a que en 2015 hubiera elecciones presidenciales y la victoria fuera para la LND con Htin Kyaw como el primer presidente instaurado de forma democrática en 54 años. El hombre es uno de los amigos de la infancia de Suu Kyi, quien fue incapacitada para competir en los comicios debido a la reforma constitucional —hecha para su caso— que prohíbe a una persona ser candidata si tiene familiares en primer grado con nacionalidad extranjera.
Htin Kyaw abandonó su cargo en 2018 debido a problemas de salud, mientras La Dama, en tanto ministra de relaciones exteriores, denunciaba cómo las fuerzas armadas aún mantenían un control poderoso en la política del país. El reemplazo para ocupar la presidencia fue Win Myint, y con su ayuda Suu Kyi consiguió estabilidad en el gobierno y se consolidó como la verdadera líder.

Sin embargo, la represión de las fuerzas armadas contra los musulmanes rohingya —en la que tuvo un papel la circulación de contenidos discriminatorios en Facebook— eclipsó la trayectoria política de La Dama, quien se había comprometido a resolver los conflictos entre esta minoría étnica y la población budista. La escalada de violencia comenzó con los hechos ocurridos en agosto de 2017: los militares rohingya coordinaron un ataque a distintas estaciones de policía en la localidad de Rakhine y, en respuesta, el ejército inició una brutal persecución con asesinatos en masa, violaciones y quema de aldeas, según Evening Standard.
La represión dejó más de 75.000 refugiados en Bangladesh, de acuerdo con los datos de Amnistía Internacional. Al respecto, Suu Kyi declaró que el ejército solo hizo valer el “imperio de la ley”; también desconoció el número de desplazados por la violencia. Su actitud recibió críticas de los activistas internacionales y por eso le fueron retirados algunos premios recibidos. Aunque los comentarios hayan tenido repercusiones mínimas en su gobierno, hubo un juicio por el genocidio ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ) en La Haya durante 2019. Suu Kyi dijo que la represión había sido una acción legítima contra terroristas.
La caída de Suu Kyi en un nuevo golpe de estado
La transición democrática de Myanmar fue frágil y estuvo asediada por el ejército desde sus inicios. El punto que comenzó a esbozar la caída del gobierno fue el proceso electoral celebrado en noviembre de 2020. Aunque el LND obtuvo la victoria de nuevo, las fuerzas armadas desconocieron los resultados y declararon un supuesto fraude. El Partido de la Unión, la Solidaridad y el Desarrollo (USDP) opositor y con el apoyo de los militares exigió un recuento de votos, conforme a la Agencia Anadolu.
La memoria de un pasado entre la dictadura militar y la violencia extrema revivió el 1 de febrero de 2021, cuando el ejército propinó un nuevo golpe de estado. Durante la ofensiva hubo arrestos masivos de funcionarios, bloqueo de vuelos y la suspensión de internet. Entre los detenidos, la más importante fue Aung San Suu Kyi. Se la acusó de violar una ley de importación que hasta entonces era desconocida, según The New York Times.

Los militares arrestaron también al expresidente Win Myint y el poder recayó en el comandante en jefe Min Aung Hlaing. Así se volvió a perder la esperanza de conservar la democracia frágil que habían conocido en la historia reciente del país.
Los cargos bajo los cuales el régimen militar encarceló a Suu Kyi desde 2021 son incitar a la disidencia, sofocar libertades, romper con las normas adoptadas durante la pandemia de covid-19, violar la Ley de Secretos Oficiales y cometer fraude electoral. Por todo eso fue condenada 33 años de prisión. Sin embargo, algunas de estas condenas han sido anuladas o reducidas por la dictadura, que aún la enjuicia.
La última sentencia que recibió fue dictada a inicios de agosto de 2023, cuando la junta militar concedió un indulto parcial con el que anularía cinco de las 19 condenas que enfrenta. Eso no cambia que el último capítulo en la vida de La Dama quede definido por el encarcelamiento, pues las penas aseguran al menos 27 años sin libertad en el estado de emergencia que asola Myanmar.
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