
Creyó que comenzaría el recorrido de sus 70 años con cierta tranquilidad, sin sobresaltos mayores, más allá de las malas noticias que la desastrosa campaña en Ucrania le regalaba a diario. Sin embargo, a Vladimir Putin le acercaron el parte: un tramo del puente de Crimea había explotado y se tardarían varias semanas en normalizar el flujo entre el continente y la península ucraniana arrebatada a Kiev en 2014.
Era imperioso recurrir entonces a una rápida respuesta. Y Putin ordenó este lunes un ataque masivo con misiles y drones iraníes contra la capital de Ucrania y a otras nueve ciudades: Lviv, Ternopil, Khmelnytskyi, Zhytomyr, Poltava, Kharkiv, Dnipro, Zaporizhzhia y Mykolaiv. Una masacre que apuntó contra civiles e impactó contra infraestructura crítica.
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Fuentes militares rusas festejaron la decisión. Sostienen, empero, que esa maniobra debió ejecutarse antes y no como respuesta a un golpe letal de las fuerzas ucranianas que cortó el enlace terrestre en el estrecho de Kerch. Pero también aclaran que los efectos no serán instantáneos. Igor Girkin, ex militar y oficial de la inteligencia rusa, ultranacionalista, acusado de crímenes de guerra y sancionado por Europa, es una voz crítica de la actual campaña.
“Los numerosos ataques a infraestructuras críticas en la llamada “Ucrania” tendrán sin duda un efecto y repercutirán en el estado del frente ucraniano y de las fuerzas armadas ucranianas en su conjunto. Pero el efecto no será en absoluto instantáneo y no empezará a tener repercusiones hasta varias semanas después”, dijo en su canal de Telegram donde es seguido a diario por 750 mil usuarios.
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En un mensaje televisado, Putin prometió continuar con este tipo de ataques pero con una excepción: esta vez no culpó a Occidente por el sabotaje en el puente. La responsabilidad la depositó absolutamente en las agencias de inteligencia ucranianas. ¿Por qué cambió de discurso? ¿El jefe del Kremlin está ante una nueva narrativa? ¿O fue solo un olvido? Habrá que esperar si se trató sólo de un desliz o un mensaje entre líneas que alguien deberá interpretar.
Algunos analistas creen que este discurso implicaría que Moscú sólo escalará su guerra contra Ucrania, sin agregar nuevos objetivos a sus planes. “Si continúan los intentos de llevar a cabo atentados terroristas en nuestro territorio, las medidas adoptadas por Rusia serán duras y en su escala se corresponderán con el nivel de las amenazas que se plantean a la Federación Rusa. Nadie debería tener ninguna duda al respecto”, amenazó Putin este lunes.
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Quien también celebró la lluvia de misiles de alta precisión fue uno de los más férreos laderos del jefe del régimen ruso. El checheno Ramzan Kadyrov -quien prometió enviar a sus hijos menores de edad al frente- está ansioso porque la escalada comenzada no se detenga.
“Te advertimos (Volodymyr) Zelensky, que Rusia aún no ha empezado de verdad, así que deja de quejarte como si fueras un chiflado: mejor corre antes de que te alcance un misil. Ahora estoy ciento por ciento satisfecho con la operación militar especial”, escribió en Telegram. Kadyrov, sin embargo, es zigzagueante en sus reflexiones. Quizás mañana cambie su humor.
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Lo cierto es que el ala dura de los nacionalistas empujan para que Putin multiplique los esfuerzos -en vidas jóvenes propias y recursos- y aplaste a Ucrania masacrando su población y su infraestructura ahora que llega el invierno. Pero algunos de esos nacionalistas podrían estar especulando con algo más hacia futuro: que el fracaso empuje al actual presidente fuera del Kremlin.
Al mismo tiempo, su aliado más firme, Xi Jinping pidió desescalar el conflicto. El régimen chino ve que Moscú está empantanado en Ucrania y que su largo fracaso militar podría arrastrar su economía por más que se esté quedando con los recursos naturales rusos -petróleo y muy pronto, gas- a muy bajo precio. “China ha mantenido comunicaciones con todas las partes, y estamos dispuestos a desempeñar un papel constructivo en la desescalada de la situación”, dijo este lunes Mao Ning, una de las voceras de la cancillería de Beijing.
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Esa es también otra de las encrucijadas en que se encuentra el zar del gas. Putin sabe que tiene al frente interno dividido: por un lado, los nacionalistas que le exigen continuar con la sangría a cualquier precio y su superyó que le impide dar marcha atrás; por otro, los mandos militares cansados de sus intromisiones, consejeros que ya comenzaron a contradecirlo abiertamente y oligarcas descontentos.
En cambio, el panorama externo es cada vez más estrecho. China e India quieren que el conflicto termine cuanto antes. Son sus gobiernos, Beijing y Nueva Delhi, los que ven cómo los precios internacionales aumentan y deben alimentar a casi 3 mil millones de personas en conjunto. ¿Cuánto más soportarán a Putin?
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A todo esto, lejos de causar intimidación, las oleadas de misiles contra civiles cohesionarán más a la población ucraniana. Sus fuerzas militares aumentan y la ayuda internacional crece de la mano de los Estados Unidos y el Reino Unido, donde se entrenan miles de soldados que retornan preparados para luchar por su tierra.
El calendario, mientras tanto, avanza. El frío también. Pronto, movilizarse por el territorio será muy complicado para ambos países y los avances serán lentos hasta comienzos de abril. Las próximas dos semanas serán, entonces, claves para ver cómo se detendrá el mapa por lo menos algún tiempo. Allí la artillería y los misiles guiados de precisión volverán a ser fundamentales.
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