
¿Durará cinco años?. Esta es la pregunta hoy tras la victoria de la coalición de derechas en un país en el que desde 1947 se han alternado 67 Ejecutivos. El nuevo Gobierno que liderará la ultradrechista Giorgia Meloni con Hermanos de Italia tendrá como principal dificultad lidiar con las diferentes ideas y egos de sus socios y tejer una buena relación con la Unión Europea.
El reparto de los ministerios será el primer obstáculo en la convivencia del partido de Meloni, Hermanos de Italia (FdI) y sus aliados del Ejecutivo, la ultraderechista LIga, de Matteo Salvini, y la conservadora Forza Italia, de Silvio Berlusconi, pero no será el único.
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UNIDOS PERO DISTANTES
Probablemente la mayor distancia entre los aliados y que saldrá inmediatamente a relucir es la petición de Salvini de una desviación del presupuesto para ayudas a mitigar el impacto del aumento de los precios de las energía, pues Meloni se mantiene firme en que aumentar la deuda pública “no es la solución”.
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Tampoco en materia fiscal están de acuerdo, pues la Liga quiere un impuesto único del 15%, mientras la líder de FdI planteó “una solución más gradual” y Berlusconi propone una tasa única del 23% para todos, familias y empresas, y con la exención de los primeros 13.000 euros de renta, para favorecer a las rentas bajas y medias.
Las divisiones del Gobierno italiano también llegarán al Parlamento europeo, como ya se vio cuando FdI y la Liga votaron en contra de la resolución que condenaba a la Hungría antidemocrática de Viktor Orban.
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Mientras Meloni subrayó que “Orbán ganó las elecciones” y que “Hungría es un sistema democrático”, Berlusconi dijo que las políticas del líder húngaro “están lejos de las nuestras, y también lo está su visión de Europa” y que “hay que hacer alianzas en Europa con grandes países amigos para proteger el interés nacional”.
Matteo Salvini siempre ha considerado inútiles las sanciones contra Moscú: “Más que parar a Rusia y poner de rodillas a Putin, son los italianos los que las están pagando”, pero Meloni ha reiterado muchas veces que apoyará a Ucrania y las decisiones tomadas en Europa contra Rusia.
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En estos temas, los tres socios “tendrán que encontrar un difícil compromiso que no debe darse por descontado entre las fuerzas políticas tradicionalmente opuestas a las instituciones de la Unión Europea y las más cercanas a las autoridades de Bruselas”, explica a Efe el profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de Pisa, Alberto Vannucci.
EL ESCOLLO INMEDIATO: LOS PRESUPUESTOS
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Pocos días después de la formación del Parlamento, se tendrá que empezar el debate de la ley de Presupuestos, que normalmente suele llevar varias semanas -si no meses- de negociaciones, pero el 15 de octubre Italia y el resto de países de la zona del euro tienen que haber enviado los borradores de sus planes presupuestarios a la Comisión Europea (CE) para las recomendaciones pertinentes.

Aunque se espera que se envíe sin grandes cambios el anteproyecto de ley de presupuesto que el Gobierno de Mario Draghi había aprobado a principios de abril, Italia tiene que ajustar su cuadro macroeconómico respecto a los cálculos realizados entonces, cuando se estimó que la economía italiana crecería un 2,4% en 2023, su déficit sería del 3,9% del PIB y la deuda, algo más del 140% del PIB.
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La celeridad en la formación del nuevo Ejecutivo y en la redacción de esos documentos será crucial, ya que los presupuestos tienen que ser aprobados en el Parlamento antes de finales de año.
Pero será lo único que deba afrontar de inmediato el nuevo Gobierno: en los primeros días de mandato deberá decidir qué hacer con las subvenciones para rebajar el precio de la gasolina, que rondan los mil millones de euros y que el Gobierno de Draghi renovó hasta el 31 de octubre, pero, sobre todo, tendrá que tomar nuevas medidas contra el aumento de la facturas de las energía.
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Y, según advirtió la Confederación General Italiana de Artesanos hace dos días, deberá encontrar para ello 40.000 millones de euros en 100 días.
EQUILIBRIO CON EUROPA
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Para Damiano Palano, director del Departamento de Ciencias Políticas de la Universidad Católica del Sagrado Corazón, “Italia todavía está expuesta a los riesgos de una tormenta especulativa y una dramática crisis de deuda. El primer compromiso del próximo gobierno será conseguir el apoyo de las instituciones europeas”.

Y para eso “será casi inevitable abandonar las actitudes escépticas hacia Bruselas y sus principales socios” porque aunque “tanto FdI como la Liga de Salvini siempre han tenido posiciones muy críticas sobre muchos aspectos de la UE, el próximo Gobierno italiano tendrá que confirmar los compromisos adquiridos sobre el Next Generation UE, el apoyo a Ucrania y muchos otros puntos”.
Como explica Vannucci, el nuevo Gobierno deberá hallar “un equilibrio sin desgarrarse internamente, por un lado, y sin crear conflictos ingobernables (y costosos) con Europa y los principales países europeos, por otro”.
Y al final -argumenta Palano- “se verá ‘obligado’ por la fragilidad de las cuentas públicas a mantener casi en su totalidad la línea seguida por el Gobierno de Draghi”, indica Palano.
(Con información de EFE)
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