
Fue la cuarta victoria consecutiva. La más holgada de todas para Viktor Orbán. El domingo, el primer ministro nacionalista húngaro ganó ampliamente las elecciones legislativas al aplastar a la coalición opositora sin precedentes, que esperaba vencerlo después de doce años en el poder.
Viktor Orban será el líder de Hungría al menos cuatro años más. Sus tres mandatos anteriores transformaron al país centroeuropeo en un estado “antiliberal” que ha llevado al país hacia un modelo más autoritario, ultraconservador, antiinmigración y aislado dentro de la Unión Europea.
“Recordaremos esta victoria, porque nunca hemos tenido tantos oponentes, entre nuestra izquierda nacional, la izquierda internacional, los burócratas en Bruselas, el multimillonario estadounidense de origen húngaro George Soros, los medios internacionales e incluso el presidente ucraniano”, dijo con una gran sonrisa el domingo por la noche.
El gran apoyo no fue opacado a pesar de su cercanía con Vladimir Putin. Viktor Orban no ha sufrido en modo alguno los reproches públicos dirigidos por el presidente ucraniano Volodymyr Zelensky debido a su falta de apoyo para detener la invasión rusa.
Casi inmutable, incluso siendo uno de los pocos líderes globales que no condenó los abusos descubiertos el mismo domingo en Bouchta, en las afueras de Kiev, que conmovieron al mundo entero, el primer ministro se alzó con el 53,19% de los votos, un resultado muy por encima de todas las proyecciones.
Enfrentado con el gobierno comunitario de Bruselas, aunque obligado a equilibrar intereses si desea recibir los fondos extraordinarios europeos establecidos para la recuperación post Covid, la contundencia del triunfo tensiona aún más la gama de enfrentamientos. Además, este enorme piso de votos podría decidirlo en avanzar sobre una reforma Constitución para ratificar los retrocesos en el estado de derecho observados durante sus mandatos anteriores, algo que ha alertado a los socios continentales.
El Fidesz, el partido del ganador Orban, uso su mayoría de dos tercios en el Parlamento para numerosas reformas. En 2013, una controvertida iniciativa condiciona la independencia del poder judicial. La normativa limita las prerrogativas del Tribunal Constitucional para pronunciarse sobre determinadas cuestiones, obligando a remitirse a anteriores sentencias, cuando la jurisprudencia beneficia al gobierno. Un nuevo procedimiento de nombramiento de jueces también garantizó la influencia del ejecutivo en su composición y debilitó el principio de inamovilidad de los jueces.

Para muchos opositores, sólo el poder de los medios bajo las órdenes del gobierno puede explicar el triunfo. A pesar del rechazo de Bruselas, Budapest en 2010 avanzó con una ley que dispuso la creación de un Consejo de Medios designado por el gobierno, responsable en particular de velar por la objetividad. Con este sistema de control, los medios públicos transmitieron solo una entrevista de cinco minutos con el líder de la oposición Marki-Zay durante toda la campaña.
El cuestionamiento sobre el control sobre la comunicación ha llegado a ubicar a Hungría en el puesto 92 en la clasificación de Reporteros sin Fronteras (RSF) sobre libertad de prensa, detrás de Kirguistán o Haití, mientras que en 2009 ocupaba el puesto 25.
Otro de los enfrentamientos con el resto de socios europeos es la firme oposición de Orban a la política inmigratoria. En nombre de la protección de una “Europa cristiana” y la “Defensa de la identidad húngara”, el primer ministro cuestionó el derecho de asilo de los inmigrantes de África o de Oriente Medio y en julio de 2015 levantó una muralla en la frontera con Serbia, mientras arribaba a Europa una oleada de inmigrantes procedentes, en particular, de Siria, Irak y Afganistán.
Recientemente, la Comisión Europea debió abrir un procedimiento de infracción contra Hungría por oponerse a la distribución de inmigrantes que solicitaron asilo en la Unión Europea. La respuesta de Orban no ocultó hasta dónde podría llegar si los miembros exigen. El controvertido mandatario ultraconservador mencionó abiertamente la posibilidad de irse de la Unión, acusando a Bruselas de haber lanzado “una guerra santa, una yihad” en nombre del Estado de derecho.
“Queremos mantener unida la UE y por eso hemos realizado repetidamente ofertas de tolerancia. No esperamos que adopten la política migratoria, de familia, nacional o exterior de Hungría, pero que tampoco esperen que nosotros adoptemos sus políticas”, ha argumentado.
Desde distintos organismos europeos y organizaciones en favor de los Derechos Humanos se multiplican las denuncias contra Orban por entender que busca desmantelar la democracia desde que llegó al poder. Cuestionan tambien las normas que limitan el aborto, o una ley que criminaliza la homosexualidad, condición que se equipara a la pedofilia y de la que se prohíbe hablar en las escuelas. Como marco, al llegar al poder, hizo que se transcribieran en la Constitución los valores del “cristianismo” y la “familia tradicional”.
También la Comisión Europea también abrió una investigación para ver si el gobierno húngaro debe ser multado por vulnerar los derechos fundamentales de las personas LGBTIQ.
En respuesta, Orban ha dicho que “para ellos, el estado de derecho significa que quieren ponernos de rodillas y convertirnos en algo que se parece a ellos”. El mandatario sostuvo que Hungría no quiere ser igual que Europa occidental. “No hay otra solución que la tolerancia. Es la única manera de que encontremos un camino común”, explicó.
Sin embargo, las elecciones del pasado domingo fueron una prueba fallida para ir mas allá con muchas de sus pretensiones. Convocados, los húngaros también respondieron a una consulta sobre “la protección de los niños”, en relación con esta ley. Entre los interrogantes que se les plantearon: “¿Usted apoya la realización de sesiones de orientación sexual para niños menores de edad en la educación pública sin el consentimiento de los padres? o “¿Apoya la introducción irrestricta de contenidos de carácter sexual en los medios de comunicación dirigidos a menores y que afecten a su desarrollo?”. Este referéndum no logró la convocatoria esperada para que logre su avance.
Gran parte de la política de Orban está marcada por un enfrentamiento con las instituciones de la Unión Europea, su permanente promoción del “antiliberalismo”, incluso lo han llevado a desmarcarse del resto del Partido Popular Europeo (PPE) , su grupo político en el Parlamento.

En 2019, el partido de Orban, Fidesz, fue llamado a disculparse con los miembros del PPE, por su propaganda anti europea. Finalmente, dos años después, fue el propio partido que decidió abandonar el Partido Popular de Europa.
La invasión rusa a Ucrania eleva el peligro de colisión con Europa. Confeso amigo de del presidente ruso, Vladimir Putin, el primer ministro húngaro intenta un equilibrio, sin ligarse a Washington o Bruselas, y manteniendo lazos con Moscú. La línea de Orban es condenar el ataque ruso, aceptar acoger a refugiados ucranianos, pero se niega a enviar apoyo militar y prohíbe el paso de armas por su territorio.
Incluso, esta tercera vía lo ha alejado de su aliado Polonia. El primer ministro ultraconservador, Mateusz Morawiecki, ha sido socio en muchos de sus incómodos cuestionamientos a los 27. Varsovia, hoy encolumnada con Europa por la guerra en Ucrania, en su momento se ha rebelado contra la justicia de la Unión, al decir que varios artículos de los tratados de la comunidad son incompatibles con la Ley Fundamental del país, en una tesis que tiene el agrado de Orban.
Ahora, este nuevo y contundente apoyo en las urnas, puede ser el inicio de más batallas entre la Unión Europea y el díscolo vecino, con la posibilidad que se multipliquen en innumerables frentes, de un hombre abiertamente “eurofóbico” y notorio “putinófilo”
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