
Para Ucrania, una victoria decisiva impediría otra invasión rusa y, además, también sería la mejor base para lanzar un estado democrático de posguerra menos corrompido por los oligarcas y la infiltración rusa, explica The Economiste en su sección “Líderes”.
El medio agrega que el premio para Occidente sería casi igual de grande: “Ucrania no sólo podría vigorizar la causa de la democracia, sino que también mejoraría la seguridad europea”. Detalla que surante 300 años de imperialismo, Rusia ha estado repetidamente en guerra en Europa. A veces, como en el caso de Polonia y Finlandia, fue el invasor. Otras veces, como con la Alemania nazi y la Francia napoleónica, fue vista como una amenaza letal y ella misma fue víctima de una agresión. “Pero una Ucrania fuerte y democrática frustraría el expansionismo de Rusia, porque sus fronteras serían seguras. A corto plazo, se dejaría en el Kremlin a un dictador enfadado y derrotado, pero finalmente Rusia, siguiendo el ejemplo de Ucrania, estaría más dispuesta a resolver sus problemas mediante reformas en casa que con aventuras en el extranjero”.
En declaraciones a The Economist en Kiev el 25 de marzo, el presidente Volodymyr Zelensky explicó que el poder del pueblo es el secreto de la resistencia de Ucrania: “Esta es nuestra casa, nuestra tierra, nuestra independencia. Es sólo cuestión de tiempo”. Ahora, el campo de batalla empieza a contar la misma historia que el actor devenido presidente. “Tras varias semanas en las que el asalto ruso se estancó, las fuerzas ucranianas han comenzado a contraatacar”, apunta el medio. Sin embargo, alerta, gran parte de Ucrania sigue en manos rusas, incluida la franja de tierra en la costa sur que los rusos afirman ahora que era su objetivo todo el tiempo. Una gran parte del ejército ucraniano, en la región del Donbás, es vulnerable al cerco.
“La victoria para Ucrania significa mantener intactas sus brigadas en el Donbás y utilizarlas para negar a Rusia un control seguro en el territorio ocupado. Para ello, explicó Zelensky, Occidente debe imponer sanciones más duras a Rusia y suministrar más armas, incluyendo aviones y tanques”, afirma The Economist .
Pero apunta, “por desgracia, gran parte de Occidente parece no ver esta oportunidad histórica. Estados Unidos está liderando como debe, aunque haya vetado el envío de aviones a Ucrania. Pero Alemania está adoptando una visión a corto plazo de las sanciones, equilibrando la presión de sus aliados y la opinión pública con la preservación de sus vínculos comerciales con Rusia, el proveedor de gran parte de su petróleo y gas natural. El presidente de Francia, Emmanuel Macron, dice hablar en nombre de los aliados occidentales cuando argumenta que suministrar el armamento pesado que necesita Ucrania los convertiría en co-beligerantes”.
Zelensky acusa a estos países de ser miopes. “Tiene razón”, dice en esta especia de editorial.

“Quizá Alemania dude de que Ucrania pueda dejar atrás su pasado postsoviético. Es cierto que, después de que las protestas del Maidán instauraran la democracia en 2014, el país no pudo desprenderse de su corrupción e inercia política. Y después de ser machacada por la artillería rusa, la economía ucraniana estará en ruinas. Sin embargo, la UE puede contribuir a que esta vez sea diferente iniciando ahora mismo los trabajos para la adhesión de Ucrania. No podría haber mayor afirmación de la misión fundacional de la UE de crear paz en un continente asolado por la guerra”, propone.
La UE debería acoger a Ucrania con entusiasmo, impulsa, como se acogió a Europa del Este cuando se sacudió la dominación soviética a principios de la década de 1990. Eso requiere una ayuda generosa para reconstruir la economía, así como apoyo político y paciencia.
Afirma, además, que la mejor disuasión es que la OTAN se enfrente a la amenaza velada del señor Putin, y deje claro que una atrocidad nuclear o química llevaría al aislamiento total de Rusia.
“Los conflictos son imprevisibles. La historia está plagada de guerras que debían ser cortas pero que se prolongaron durante años. Ucrania ha ganado la primera fase de ésta simplemente sobreviviendo. Ahora necesita avanzar, por lo que Zelensky necesita redoblar la ayuda occidental”, asegura The Economist y sentencia: “Sería terrible que lo que se interpusiera entre una paz mala y una buena fuera un fracaso de la imaginación en las capitales de Europa”.
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