
El día en que comenzó la invasión rusa, el presidente ucraniano Volodimir Zelenskiy preguntó en un discurso por vídeo: “¿Qué oímos hoy? No son sólo explosiones de cohetes, combates y el rugido de los aviones. Es el sonido de un nuevo Telón de Acero bajando y cerrando a Rusia del mundo civilizado”.
Es la cita que define nuestro abrupto nuevo orden mundial. Muchos observadores del Kremlin nunca pensaron que Vladimir Putin llegaría tan lejos, nunca pensaron que un hombre conocido por ganar apuestas calculadas invadiría e intentaría retener un país de más de 44 millones de personas. Pero después de 22 años en el poder, el presidente ruso puede haberse excedido finalmente. Su apuesta ha aislado a su nación y podría, según algunos diplomáticos experimentados, acabar con su régimen.
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Fui testigo del colapso de la Unión Soviética en 1991. Estaba en Praga, a donde me había trasladado como un recién graduado universitario de ojos brillantes. El ambiente entonces era vertiginoso, con la creencia de que las sociedades y economías antes oprimidas eran ahora libres, con toda la esperanza y la promesa de lo que las reformas políticas podrían ofrecer.
Por aquel entonces, Ucrania tenía el tercer mayor arsenal nuclear del mundo, lo que convirtió su declaración de independencia de Moscú en una cuestión de seguridad geopolítica desde el primer día. En 1994, Ucrania renunció a sus armas nucleares a cambio de que Estados Unidos, el Reino Unido y Rusia le aseguraran que se preservaría su integridad territorial, garantía que Rusia violó.
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El debate sobre si Ucrania debe ingresar en la Organización del Tratado del Atlántico Norte o en la Unión Europea -si debe inclinarse hacia el Este o hacia el Oeste- ha constituido una línea de fractura central en su política y ha provocado dos revoluciones desde 2004. Putin explotó esas divisiones, anexionando Crimea en 2014 y apoyando a los separatistas rusos en el este.
Sus movimientos dejaron a Ucrania unida en su anhelo de ser parte de Europa, pero la respuesta occidental a los acaparamientos de tierras de Putin fue débil. Y las acciones de Paul Manafort y Rudy Giuliani en Ucrania, como informé de 2017 a 2019, hicieron un daño inconmensurable. Manafort, el antiguo jefe de campaña de Donald Trump, ganó millones de dólares durante una década asesorando a partidos políticos prorrusos. En 2019, Trump envió a Giuliani, su abogado, a presionar a los asesores de Zelenskiy para que investigaran a los Biden durante la campaña presidencial. Esto puso al país en una situación imposible cuando necesitaba el apoyo de Estados Unidos para alejar la amenaza de su vecino.
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Las acciones de Rusia fuera de Ucrania hicieron saltar las alarmas hace tiempo, pero pocos hicieron caso. En 2006 el ex oficial del KGB Alexander Litvinenko, un feroz crítico de Putin, murió tras ser envenenado con polonio radiactivo en Londres. En 2018, el ex oficial de inteligencia militar ruso Sergei Skripal y su hija, Yulia, fueron envenenados con el agente nervioso Novichok en la ciudad inglesa de Salisbury; vivieron, pero una mujer británica que estuvo expuesta murió. (Occidente dice que agentes que actúan en nombre del Kremlin estuvieron detrás de los envenenamientos; Rusia ha negado su participación).
Bill Browder, que en su día fue el mayor inversor extranjero de cartera en Rusia, lleva años advirtiendo sobre Putin. En 2009, su abogado ruso, Sergei Magnitsky, murió tras ser privado de atención médica en una prisión de Moscú; había descubierto un fraude fiscal vinculado a funcionarios rusos. La mejor manera de castigar a Putin es apuntar a los oligarcas rusos que tienen su dinero, como están haciendo ahora Estados Unidos, la UE y otros aliados, dice Browder, a quien se le prohibió entrar en Rusia en 2005 y se le calificó de “amenaza para la seguridad nacional”.
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Podrían haberse aplicado sanciones más duras hace tiempo, pero no se hizo, porque el dinero ruso contaminado está muy arraigado en las economías occidentales: áticos en Nueva York, casas en el Mayfair londinense y mansiones junto al mar en el sur de Francia. Sancionar a los oligarcas que hicieron sus fortunas con la bendición del Kremlin ha puesto nervioso a Putin, que ha tachado a Occidente de “imperio de la mentira” y ha elevado el nivel de alerta nuclear de Rusia. “Hemos encontrado su talón de Aquiles”, dice Browder. “Nosotros sancionamos a los oligarcas y él amenaza con una guerra nuclear”.
La ministra de Asuntos Exteriores del Reino Unido, Liz Truss, ha dicho que está elaborando una “lista negra” de otros oligarcas a los que sancionar, pero ha dicho a los miembros del Parlamento que los abogados que trabajan para los multimillonarios rusos han enviado cartas advirtiendo de que impugnarán las medidas. Londongrad, el apodo dado a la capital británica por ser un imán para la riqueza rusa desde la década de 1990, puede seguir adelante sin sanciones más amplias del Reino Unido.
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Actualmente, el Reino Unido no ha ido tan lejos como la UE, que sancionó a un puñado de los oligarcas más ricos con activos fuera de Rusia. Entre ellos se encuentran el magnate de los metales Alisher Usmanov, los multimillonarios de la banca Mikhail Fridman y Petr Aven, y el magnate del acero Alexei Mordashov.
En una declaración a Bloomberg News, Fridman y Aven pidieron a Rusia que pusiera fin a la guerra inmediatamente, pero no criticaron directamente a Putin. El multimillonario Oleg Deripaska, fundador del gigante del aluminio United Co. Rusal International PJSC, que está bajo sanciones de Estados Unidos desde 2018, pidió conversaciones de paz en Telegram sin mencionar a Putin. El 2 de marzo, Roman Abramovich dijo que va a vender el Chelsea Football Club, del que es propietario desde hace casi dos décadas. Se espera que se venda por hasta 3.000 millones de libras (4.000 millones de dólares), y dijo que creará una fundación benéfica con los ingresos netos de la venta en beneficio de las víctimas de la guerra. También va a vender sus propiedades en Londres, según el diputado británico Chris Bryant. Abramovich, que no ha sido sancionado, está tratando de mediar en las conversaciones de paz entre Moscú y Kiev tras haber sido contactado por funcionarios ucranianos, dijo su portavoz.
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La estrategia de Occidente será aislar aún más a Rusia mediante la ampliación de las sanciones. Mónaco, durante mucho tiempo un refugio para el dinero ruso, anunció que congelará los activos rusos y acatará las sanciones de la UE. Suiza abandonó su histórica neutralidad para hacer lo mismo. Europa ha cerrado su espacio aéreo a los aviones rusos y está estudiando la posibilidad de excluir a siete bancos rusos, incluido el VTB -el segundo mayor prestamista del país-, del SWIFT, el sistema de mensajería que sustenta las finanzas mundiales. BP, Exxon, Shell y otras empresas energéticas occidentales están abandonando las inversiones que han realizado durante décadas en Rusia. Fabricantes de automóviles y camiones como Daimler Truck Holding AG y Volvo Car AB también están cortando sus vínculos. La lista de empresas que abandonan Rusia es cada vez más larga, lo que supone un retroceso de 30 años de inversión.

En una de las medidas más importantes, la UE y Estados Unidos han prohibido las transacciones con el banco central de Rusia, lo que dificulta su capacidad de utilizar 643.000 millones de dólares de reservas para defender su moneda. El rublo está en caída libre, con controles de capital que limitan la cantidad de divisas que se pueden exportar. Fui reportero en Moscú cubriendo el banco central la última vez que el rublo sufrió una caída tan dramática, en 1998, cuando Rusia dejó de pagar su deuda. Algunos analistas creen que eso podría volver a ocurrir. El jueves, la calificación crediticia de Rusia fue rebajada a “basura” por Moody’s Investors Service y Fitch Ratings.
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El temor es que Putin, habiéndose arrinconado, pueda recurrir a una acción militar más drástica. “A Putin no le va bien la humillación”, dice Browder. “Su respuesta es un bombardeo de tierra quemada con víctimas civiles masivas como forma de demostrar a todo el mundo que no es un tipo con el que se pueda jugar”.
Con la caída de misiles en la Plaza de la Libertad de Kharkiv y el impacto en la torre de televisión de Kiev, esa respuesta parece estar en marcha. El 1 de marzo, Zelenskiy hizo un emotivo alegato ante el Parlamento Europeo para que Ucrania sea admitida en la UE y recibió una gran ovación. “Demostrad que estáis con nosotros”, dijo. “Demostrad que no nos vais a dejar marchar”.
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(C) Bloomberg.-
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