La carta del Papa a un católico homosexual que celebra a quienes ayudaron a los enfermos durante la epidemia de sida en EEUU

Francisco rindió homenaje a la ayuda “discreta, silenciosa y oculta” que algunos religiosos y laicos católicos prestaron durante las décadas de los 80 y los 90

El papa Francisco (Foto: Reuters)
El papa Francisco (Foto: Reuters)

El papa Francisco elogió la labor que hicieron algunos religiosos y laicos católicos que arriesgaron su profesión y reputación” para ayudar a los enfermos de sida en Estados Unidos.

En una carta dirigida al corresponsal de la revista de los jesuitas América, Michael O’Loughlin, el Pontífice celebró la actitud de estas personas que “en lugar de la indiferencia, la alienación o la condena se dejaron conmover por la Gracia del Señor y permitieron que eso se convirtiese en su obra de vida”.

Así, Francisco rindió homenaje a la ayuda “discreta, silenciosa y oculta” que prestaron durante la década de los ‘80 y los ‘90, cuando tuvo lugar la epidemia de la enfermedad VIH en Estados Unidos y que afectó sobre todo a hombres homosexuales.

El periodista Michael O’Loughlin es el autor del libro ‘Hidden Mercy: AIDS, Catholics, and the Untold Stories of Compassion in the Face of Fear’ (‘Misericordia oculta: El sida, los católicos y las historias de compasión frente al miedo’), que será publicado a finales de noviembre.

El volumen recoge testimonios de los últimos 20 años de católicos que atendieron a los enfermos y la situación de la comunidad homosexual o la cuestión del preservativo como elemento de prevención de la transmisión del VIH.

El entonces cardenal Jorge Mario Bergoglio, en 2001, lavó los pies de 12 pacientes con VIH y sida en la celebración del Jueves Santo en la catedral de Buenos Aires.

  El entonces cardenal Jorge Mario Bergoglio lavando pies a los fieles en Buenos Aires
El entonces cardenal Jorge Mario Bergoglio lavando pies a los fieles en Buenos Aires

O’Loughlin hizo pública la carta que le escribió Francisco, fechada el 17 de agosto, en un artículo publicado el lunes en The New York Times, en el que recuerda sus tiempos como reportero católico gay y las tensiones en la década de los ochenta entre la jerarquía católica, la comunidad gay y los activistas.

“Le dije que soy un periodista católico gay y que estas historias de encuentro tienen el poder de cambiar vidas. Le hablé de los muchos LGBT católicos que he entrevistado, que apenas se aferran a su fe. Más tarde, cuando vi el sobre blanco con el remite de la Embajada del Vaticano en Washington, me quedé paralizado. El papa Francisco había respondido”, escribió O’Loughlin.

En el texto en español, Francisco agradeció al periodista que haya puesto el foco con su libro en “estas vidas y por ser testigo de los muchos curas, hermanas religiosas y laicos que optaron por acompañar, apoyar y ayudar” a los enfermos del VIH y del sida “arriesgando su profesión y reputación”.

El periodista Michael O’Loughlin
El periodista Michael O’Loughlin

“No me hago ilusiones de que una carta, incluso una firmada por el Papa, curará las heridas que algunos católicos impartieron hace décadas”, comentó O’Loughlin. “O que este podría finalmente ser el momento en que Francisco cambie la enseñanza de la iglesia sobre la homosexualidad”.

“Pero los cristianos están llamados a tener esperanza, y por ahora todavía la tengo”, agregó. “Y ahora, con una bendición papal en este tipo de trabajo, tal vez los líderes de la iglesia, tal vez incluso el Papa, se transformen en la forma en que ven a las personas LGBT y otras cuya fe se vive al margen”.

La carta completa

Querido hermano:

Te agradezco la carta y el libro que escribiste.

Cuando terminé de leer su carta me sorprendió espontáneamente aquello por lo que un día seremos juzgados: ‘Porque tuve hambre y me diste de comer, tuve sed y me diste de beber, forastero y me acogiste, desnudo y me vestiste, enfermo y me visitaste, en la cárcel y viniste a mí‘.

Gracias por iluminar las vidas y dar testimonio de los numerosos sacerdotes, religiosas y laicos, que optaron por acompañar, apoyar y ayudar a sus hermanos y hermanas que estaban enfermos de VIH y el SIDA en gran riesgo para su profesión y reputación.

En lugar de indiferencia, alienación e incluso condena estas personas se dejaron mover por la misericordia del Padre y permitieron que eso se convirtiera en el trabajo de su propia vida; una misericordia discreta, silenciosa y oculta, pero aún capaz de sustentar y restaurar la vida y la historia de cada uno de nosotros.

Nuevamente, les agradezco y les pido que el Padre los bendiga y que la Virgen María los cuide, y por favor, no se olviden de rezar por mí.

Fraternalmente, Francisco

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