
El régimen de Irán ha reanudado la producción de equipos para centrifugadoras avanzadas en una instalación que las autoridades nucleares de la ONU no han revisado ni tenido acceso durante meses, una situación que tensa el escenario de cara a los diálogos sobre el programa atómico.
Según fuentes diplomáticas a las que accedió el Wall Street Journal, los trabajos se reanudaron a fines de agosto a escala limitada en una planta de ensamblaje en Karaj. Desde entonces, la producción se ha acelerado para producir rotores y fuelles especiales para las centrifugadoras más avanzadas.
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Una fuente diplomática agregó que las piezas producidas alcanzan para al menos 170 centrifugadoras, los dispositivos que se utilizan para enriquecer el uranio, que si alcanza un alto nivel de pureza puede ser usado para armas nucleares.
La actividad en Karaj se había paralizado en junio tras un ataque de sabotaje que el régimen atribuyó a Israel.
Estas revelaciones suscitan preocupaciones sobre la falta de transparencia del programa nuclear persa, de cara a las negociaciones entre Teherán y las demás partes (Alemania, China, Francia, Reino Unido y Rusia) para salvar el acuerdo nuclear iraní alcanzado en 2015, suspendidas desde la elección de Ebrahim Raisi en junio y programadas para reanudarse el 29 de noviembre. El objetivo de dichas conversaciones es lograr limitar drásticamente el programa a cambio de una reducción de las sanciones económicas.
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Días atrás, Rafael Grossi, director general de la agencia nuclear de la ONU (OIEA), criticó la falta de diálogo con el régimen de Irán, con cuyos representantes oficiales aún no ha hablado desde que el nuevo presidente llegara al poder. “No he tenido ningún contacto con el gobierno (iraní) aparte de sus expertos técnicos. Es asombroso”, señaló el argentino en rueda de prensa en Viena.
En todo caso, el responsable del OIEA expresó su esperanza de viajar pronto a Teherán, posiblemente antes de la próxima reunión de la Junta de Gobernadores del organismo, que se celebra en la última semana de noviembre en Viena.
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En junio, cuando suspendió las negociaciones, Irán también restringió la capacidad de inspección de los expertos del OIEA en las instalaciones nucleares persas. Precisamente, sobre la planta de Karaj, en octubre Teherán aseguró que no era necesario instalar nuevas cámaras de vigilancia. A juicio de Grossi, dicha situación era un “problema serio”.
Para no perder la información que graban los equipos del OIEA en Irán, Grossi estuvo en Teherán a finales de agosto, donde negoció un acuerdo temporal con el jefe del programa nuclear iraní, Mohammad Eslami, con quien se reunió unas semanas más tarde en Viena. “Los asuntos pendientes aún no están resueltos. Eso no significa que no seguiremos hablando de ello. Están relacionados con el restablecimiento de nuestras inspecciones”, dijo Grossi.
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(Con información de AFP y EFE)
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