
El régimen de Irán, junto a una gran mayoría de países del mundo, sigue estando atrasado en la vacunación cuando se compara con Estados Unidos. Solo 3 millones de un total de 80 millones de habitantes están inmunizados con ambas dosis de la vacuna.
Mientras algunos países enfrentan la pobreza u otros desafíos para obtener vacunas, Irán ha optado por no aceptar donaciones de vacunas de países Europeos.
El líder iraní Ayatollah Ali Khamenei, tras no aceptar las donaciones, anunció la producción de vacunas a nivel nacional, aunque este proceso posicionó a Irán por detrás de otras naciones. La vacuna de producción nacional llamada COVIran Barakat, no está aprobada por otros países del mundo. El gobierno afirma que las vacunas locales tienen una efectividad del 85%, pero no han publicado datos de sus ensayos.
La cantidad de vacunas aplicadas por parte del gobierno es tan baja que se creó un mercado negro el cual ofrece dosis de Moderna y Pfizer-BioNTech por hasta 1350 dólares, en un país donde la moneda, el rial iraní, está al borde del colapso.

Mientras tanto, las sanciones de Estados Unidos impuestas a Irán hacen que el gobierno con escasez de efectivo tenga fondos limitados para comprar vacunas en el extranjero.
Con la llegada de la variante delta la cual llenó y continúa llenando los hospitales ya abrumados del país, muchos iraníes han renunciado el uso del barbijo y quedarse en casa.
La necesidad de ganarse la vida y darle de comer a sus hijos triunfa sobre el lujo del distanciamiento social.
“¿Qué sigue? ¿Una sexta ola? ¿Una séptima ola? ¿Cuándo se va a acabar?” preguntó Reza Ghasemi, un repartidor de 27 años sin mascarilla, fumando un cigarrillo junto a su moto en Teherán. “No está claro cuándo esta situación cambiará a una mejor”.
Desde el comienzo de la pandemia, Irán ha registrado casi 4 millones de casos y un total de 91000 muertes, convirtiéndose en el país con cifras más altas de todo Medio Oriente.
En un video transmitido el miércoles por la televisión estatal, el líder supremo de Irán, Ali Khamenei, describió el aumento vertiginoso del número de muertos como “muy doloroso”, instando a los funcionarios a realizar pruebas de virus gratuitas y al público a seguir las medidas de salud.
De todas maneras, se cree que el número de casos es mucho mayor al reportado. En abril de 2020, el parlamento de Irán advirtió que su número de casos era “de ocho a 10 veces” más alto que las cifras informadas, debido a un recuento.

Si bien la capacidad de prueba ha aumentado desde entonces, los funcionarios han sugerido repetidamente que el recuento de casos sigue estando muy lejos. Es probable que el número de muertos sea tres veces mayor, dicen los funcionarios, ya que Irán solo cuenta a los que mueren en un hospital mientras reciben tratamiento por coronavirus.
En enero, Khamenei cerró de golpe cualquier posibilidad de que las vacunas estadounidenses o británicas ingresen al país, clasificándolas de “prohibidas”.
“Realmente no confío”, dijo el líder de Irán acerca de las vacunas tanto americanas como británicas. “A veces quieren probar” sus vacunas en otros países.
La decisión, después de que Khamenei lanzará teorías de conspiración sobre el origen del virus en marzo de 2020, hizo que Irán tratara de desarrollar sus propias vacunas.

Esos esfuerzos, que se basan en las vacunas tradicionales de “virus muertos” en lugar del método de Pfizer y Moderna para atacar la proteína de pico del coronavirus utilizando ARN, aún no han alcanzado la producción en masa.
Por ahora, la mayoría de los iraníes que reciben vacunas son hechas en el extranjero. Un portavoz del Ministerio de Salud aclaró el martes que Irán podría importar vacunas occidentales “siempre que no se produzcan en Estados Unidos o Gran Bretaña”.
Por otro lado, Japón le ha donado 2,9 millones de dosis de sus inyecciones de AstraZeneca de producción local y China ha enviado 10 millones de dosis de sus inyecciones. Irán también hizo un trato con Rusia para comprar 60 millones de dosis de Sputnik V, pero hasta ahora Moscú ha entregado poco más de 1 millón de inyecciones.
El personal de salud ha recibido la primera dosis de la vacuna, mientras que el gobierno abrió la vacunación a mayores de 50 años, junto a periodistas, taxistas y diabéticos. De todas maneras, esto no ha sido suficiente para satisfacer la demanda. Solo el 4% de la población iraní está completamente inmunizada con las dos dosis, según los datos oficiales.

Aquellos con residencias extranjeras, han buscado su vacuna en los Emiratos Árabes, mientras que otros se han ido a Armenia, donde las autoridades nacionales ofrecen vacunas gratis a los extranjeros visitantes.
En Teherán, ya se corren rumores acerca del contrabando de vacunas. Tanto la vacuna de Pfizer como Moderna han sido ingresadas de contrabando a través de la frontera desde Erbil, Irak, junto con los congeladores ultra fríos necesarios para mantener la cadena de frío.
Estas ya están a la venta en la capital iraní.
Dos dosis de la vacuna tanto de Moderna como de AstraZeneca cuestan 390 dólares, mientras que dos dosis de Pfizer, 1350 dólares. Quienes pagan confían en que no estén vencidas, o incluso sean vacunas legítimas.

Mahsa, una mujer de 31 años de Teherán, dijo que recibió la vacuna Moderna a través del amigo de su novio, un médico que trabaja en una farmacia.
“Estoy segura de que la vacuna es genuina porque confío en el médico”, dijo.
Amirali, padre de una recién nacida, dijo que compró dos dosis de la vacuna AstraZeneca de fabricación japonesa a un médico iraní que vacunaba en secreto a personas a cambio de una remuneración económica.
Amirali dijo que se arriesgó cuando su esposa, residente permanente de Estados Unidos, recibió la vacuna Pfizer mientras visitaba Estados Unidos.
“No estaba seguro de cuándo el gobierno nos vacunará a mi grupo de edad, así que decidí vacunarme yo mismo”, dijo.
El régimen de Irán, que ahora atraviesa una transición de poder al presidente Ebrahim Raisi, se ha visto abrumado por la crisis. Y dado que la República Islámica también enfrenta protestas por problemas económicos, escasez de agua y apagones, es probable que el régimen quiera evitar el desencadenamiento de disturbios.

“Quieren que aceptemos cualquier situación simplemente porque no cumplieron con su deber con las vacunas”, dijo Abbas Zarei, que vende accesorios para teléfonos móviles en el norte de Teherán. “De vez en cuando, anuncian que las empresas deben cerrar debido a las restricciones, aunque esto dañe nuestras vidas”.

“No es justo”, dijo Zarei, quien, como muchos en Irán, lucha para ganarse la vida.
“Ya no me importan las restricciones”.
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