
Mientras la pandemia por el coronavirus deja en evidencia la falta de preparación de la inmensa mayoría de los Gobiernos para hacer frente a un mal que puso en jaque todos los sistemas sanitarios, nuevos actores quieren sacar provecho de esta desesperante situación... pero de la peor manera. Lejos de moverse en los ámbitos de la legalidad y los parámetros y estándares sanitarios internacionales, estos “inversionistas” solo buscan un rédito fugaz y súbito, sin medir consecuencias.
Son los nuevos jugadores chinos que irrumpieron en la industria de los insumos médicos en las últimas semanas pero cuyos productos no responden a la calidad necesaria para proteger a los trabajadores médicos y a los pacientes del COVID-19, la enfermedad que mató ya a 115 mil personas y enfermó a casi 2 millones en todo el globo.
Uno de los casos fue descubierto por el diario South China Morning Post. El sitio basado en Hong Kong contó la experiencia de un empresario con sede en Zhejiang que pretendió comprar una máquina para fabricar mascarillas faciales pero al no conseguir una adaptó otra. Lo hizo porque la demanda para conseguir una original era tal que debió esperar un mes para tener la propia.
“Así que terminamos comprando una máquina que está diseñada para producir otros artículos en lugar de máscaras. Necesitaban modificarla para crear una máscara. Así que esperamos aproximadamente un mes antes de que finalmente llegara a fines de marzo”, dijo el hombre que habló bajo la condición de anonimato. ¿Qué tipo de productos medicinales está vendiéndole al mundo China?
China se convirtió en los últimos meses en el mayor productor y exportador de protectores médicos. Ya son alrededor de 20 mil las fábricas, la mayoría instaladas luego de que se expandiera el virus nacido en Wuhan, China, en noviembre pasado. De aquellas, solo 1.500 están certificadas para realizar máscaras faciales de calidad médica.
Sin embargo, a medida que aumenta la demanda, las preocupaciones por la calidad de los productos también crece de manera preocupante, sobre todo porque la mayoría de los nuevos jugadores de la industria no están certificados para la Unión Europea o los Estados Unidos. Otros mercados, más laxos en sus controles, permitirían su ingreso.

Las máscaras que están produciendo las flamantes empresas de la salud chinas son KN95, similares pero no idénticas a las N95, que son las recomendadas para uso medicinal, ya que los protege del virus SARS-CoV-2 que produce el COVID-19. Las producidas en China también filtra el 95 por ciento de las partículas en el aire, pero no están clasificadas como de grado médico. “Las compañías que solían producir lámparas hicieron una rápida renovación de sus talleres y comenzaron a hacer máscaras. ¿Crees que la calidad está garantizada?”, dijo un hombre de negocios de Hangzhou. Tampoco quiso hacer pública su identidad: nadie en China quiere ser reprendido por el régimen por dar malas noticias.
Son varios los países que ya devolvieron material sanitario de pésima calidad a sus productores chinos. Holanda y España, por ejemplo, fueron pioneros en las denuncias sobre el material defectuoso y que no cumplía con los requerimientos básicos. El Ministerio de Salud holandés dijo que los barbijos no encajaban bien y que los filtros no funcionaban correctamente. Pero no fueron los únicos insumos médicos bajo evaluación: en la última semana de marzo un cargamento de tests de coronavirus que el Gobierno español compró a empresas chinas resultaron un fiasco, ya que poseían una alta tasa de falsos negativos.
La crisis en los productos de mala calidad crece al tiempo que China quiere mostrarse al mundo como un gran benefactor y limpiar su imagen tras haber ocultado en reiteradas oportunidades la gravedad del brote nacido en Wuhan y silenciar a quienes pretendieron alzar la voz de alerta para prevenir a su propia población. Algunos de los nuevos empresarios de insumos de la salud incluso falsifican certificados para poder exportar, bajo la posible complicidad de algunos funcionarios del régimen.
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