Anularon la condena de abuso sexual contra el cardenal George Pell, ex número tres del Vaticano

Dos cortes australianas habían hallado a Pell culpable de cinco cargos de abuso de menores, incluido uno de penetración oral, cometidos contra dos niños del coro de la catedral de Melbourne entre 1996 y 1997. La Corte Suprema del país revirtió la decisión y liberó a quien era el máximo jerarca de la Iglesia católica condenado por pederastia

George Pell. Foto: REUTERS/Mark Dadswell/File Photo
George Pell. Foto: REUTERS/Mark Dadswell/File Photo

La Corte Suprema de Australia decidió en la mañana del martes (hora local) anular los cargos de pederastía que pesaban sobre George Pell, el ex tesorero y número tres del Vaticano y quien había sido el máximo jerarca de la Iglesia Católica en ser condenado por ese crimen, endémico en la institución.

En concreto, Pell había sido hallado culpable por dos cortes de cinco cargos de abuso de menores entre 1996 y 1997, incluido uno de penetración oral, cometidos contra dos niños del coro de la catedral de Melbourne que en ese entonces tenían 13 años. En ese momento, Pell era el arzobispo de la ciudad australiana.

En consecuencia, había sido condenado a seis años de cárcel, sentencia que había comenzado a cumplir en febrero de 2019 en la prisión Barwon, en las afueras de Melbourne. Tras la condena, Francisco, quien lo había nombrado en su puesto en 2014, le prohibió el ejercicio público del ministerio sacerdotal y cualquier contacto con menores. También fue apartado de la secretaría de Economía de la Santa Sede.

Sin embargo, en contraste con las instancias anteriores, la presidente de la corte Susan Kiefel indicó el martes que el crimen no había sido probado más allá de toda duda razonable.

Las acusaciones estaban principalmente basadas en el testimonio de uno de los acusadores, identificado como "J", quien denunció al cardenal en 2014 poco después de que el otro menor agredido, identificado como "R", muriera de una sobredosis de drogas.

Según aseguró el acusador, el abuso tuvo lugar cuando Pell encontró a los menores bebiendo vino sacramental en el cuarto trasero de la Catedral. Aseguró a su vez que también atacó a uno de ellos en un pasillo, más de un mes después del primer abuso.

En una declaración publicada poco después de que la sentencia tomara estado público, Pell aseguró que la decisión “repara una seria injusticia” y dijo no “guardar rencor” contra su acusador. “No quiero que mi sobreseímiento contribuya al dolor y la amargura que muchos sienten. Ya hay suficiente de eso”, expresa un párrafo de la misiva.

También dijo que el juicio en su contra “no es un referendum sobre la Iglesia Católica, ni de la Iglesia Católica en Australia, ni la manera en que la Iglesia Católica Australiana manejaron el crimen de la pedofilia en el seno de la iglesia”.

George Pell a su llegada a una corte australiana. Foto:/Daniel Pockett/via REUTERS
George Pell a su llegada a una corte australiana. Foto:/Daniel Pockett/via REUTERS

Pell había sido considerado como uno de los posibles sucesores de Benedicto XVI en el cónclave en el que se eligió a Francisco y llegó a integrar el círculo más cercano de asesores del actual Papa.

En 2017 volvió a Melbourne para enfrentar, según reportó AP, docenas acusaciones de pederastía en su contra. La mayoría de ellas fueron desechadas en instancias iniciales, pero la del ex monaguillo de la Catedral subsistió. El juicio, que tuvo lugar en 2018, tuvo que llevarse a cabo dos veces, luego de que el jurado no lograra tomar una decisión la primera vez.

Pell no testificó durante los procesos, pero leyó una declaración en la que aseguró que las acusaciones trataban sobre “conductas viles y horribles, contrarias a todos mis valores y las enseñanzas explícitas de la Iglesia que durante toda mi vida he representado”.

También remarcó que, meses antes de que los hechos supuestamente tuvieran lugar, él había creado el primer fondo de compensación económica a menores que habían sufrido abusos en el seno de la Iglesia australiana, llamado “La Respuesta de Melbourne”.

Su abogado aseguró a su vez que Pell tenía como costumbre hablar con los asistentes a la misa después del servicio. Y que le hubiera sido imposible llevar a cabo los abusos usando el atuendo de arzobispo, ni haberlo hecho sin ser detectado debido a constante presencia de personas en el área.

Durante el juicio, el jurado se enfocó mayormente en determinar más allá de toda razonable la culpabilidad de Pell, y si una ventana de cinco o seis minutos representaba tiempo suficiente para abusar de los niños. La conclusión, unánime, fue afirmativa en ambos casos.

Pell junto al pontífice honorario Benedicto XVI. Foto: REUTERS/Dean Lewins
Pell junto al pontífice honorario Benedicto XVI. Foto: REUTERS/Dean Lewins

En una votación dividida, la corte de apelaciones del estado de Victoria mantuvo la condena. Dos de los tres jueces argumentaron que Pell había tenido tiempo para abusar de los niños, y que el veredicto era firme.

Kerri Judd, directora de los fiscales públicos y funcionaria a cargo de la acusación, se hizo eco de la decisión. Pero la corte Suprema indicó en un comunicado que “el jurado, actuando racionalmente, debería haber tenido alguna duda sobre de la culpabilidad del acusado con respecto a las acusaciones por las cuales se lo condenó”.

Pell también ha sido acusado de encubrir abusos cometidos por curas en el estado de Victoria, en el que trabajaba. Una investigación nacional sobre la respuesta institucional que se dio a los abusos sexuales contra menores en Australia entre 1950 y 2010 concluyó que un 7% de los curas habían sido acusados de actos de pederastia, pero esas acusaciones no dieron lugar a ningún caso judicial. En el marco de la pesquisa, Pell reconoció en 2016 que en la década de 1980 existía “un mundo de crímenes y encubrimientos” en la Iglesia católica para proteger a la institución, pero negó tajantemente haber abusado sexualmente de ningún menor.

La comisión de investigación real que llevó a cabo durante cuatro años esas investigaciones halló que a la Iglesia australiana se le señalaron 4.444 presuntos casos de pederastia. En algunas diócesis, más del 15% de los sacerdotes eran sospechosos de abusos.

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