
El gobierno alemán, aún conmocionado por el atentado racista de la ciudad de Hanau y presionado para impedir nuevos dramas, anunció el viernes un aumento de la vigilancia policial en lugares sensibles para enfrentar la “muy alta” amenaza de la extrema derecha.
La manifestación en memoria de las nueve víctimas del doble tiroteo de Hanau, organizada el jueves por la noche en unas cincuenta ciudades alemanas, dio lugar a una polémica sobre las armas, la protección de las minorías y el rol del partido de extrema derecha Alternativa para Alemania (AfD).
El país ha sufrido tres atentados racistas y antisemitas en nueve meses, desde el asesinato de un representante electo proinmigrantes a la matanza de Hanau, pasando por el ataque contra la sinagoga de Halle en plena festividad del Yom Kipur en octubre pasado.
Al igual que la comunidad judía tras ese atentado, varias asociaciones musulmanas expresaron su consternación, considerándose “abandonadas”.

“Los dirigentes políticos no solo minimizan el problema, sino que también siguen guardando silencio sobre la islamofobia en el país”, afirmó Zekeriya Altug, portavoz del Consejo de Coordinación de los Musulmanes en Alemania.
Uno de los representantes de la mezquita de Hanau, Memduh Emdef, explicó a la AFP que pidió “que un coche de policía esté durante las oraciones del viernes para que las personas se sientan más seguras”.
“Bomba de relojería”
El gobierno alemán anunció que la seguridad se reforzará en los “lugares sensibles”, en particular las inmediaciones de mezquitas, aeropuertos y fronteras.
El gobierno de Angela Merkel ya había endurecido sus leyes y la seguridad en los últimos meses, en especial imponiendo a las redes sociales que señalen los contenidos de odio o protegiendo mejor a los representantes electos y activistas.
Pero no logra frenar las amenazas, especialmente la que representan individuos solitarios, desconocidos para la policía y armados legalmente, y que actúan repentinamente, como el presunto atacante de Hanau.

Estos “lobos solitarios”, que se radicalizan en internet, son “bombas de relojería que debemos combatir con todos los medios que el Estado constitucional nos ofrece”, dijo la ministra de Justicia, Christine Lambrecht.
El presunto atacante de Hanau, Tobias Rathjen, desconocido por la policía, tenía una web personal que mezclaba teorías raciales y contenidos sobre conspiraciones antes de las matanzas.
Antes de ser encontrado muerto junto a su madre en su apartamento, Tobias Rathjen, de 43 años, dejó un vídeo y un manifiesto de 24 páginas en el que insta a “aniquilar” a la población de al menos 24 países del norte de África, Oriente Medio y Asia central.
Eterno soltero, el supuesto atacante, quien vivía en Hanau -donde nació- con sus padres de 72 años, tenía formación como asesor bancario.
Miembro de dos clubes de tiro deportivos y de un club de fútbol en Múnich, permaneció socialmente aislado, informa Spiegel. Sus antiguos colegas de trabajo describen a un “adicto al trabajo” y sin relaciones cercanas.
“Lo que ya se hace en el ámbito del yihadismo” sobre vigilancia en internet, debe “llevarse también al del extremismo de derechas”, aboga Peter Neuman, especialista en terrorismo del King’s College de Londres, en el diario Die Welt.

Vigilancia para AfD
Otro aspecto de la amenaza atañe a un posible control más estricto de la posesión de armas. Unas 5,4 millones de armas circulan en el país, según el diario Bild.
Al ministerio del Interior le preocupa que la extrema derecha radical adquiera cada vez más armas de todo tipo.
La policía incautó 1.091 armas en 2018, frente a 676 en 2017, en una investigación sobre delitos atribuidos a extremistas. Miembros del partido conservador CDU pidieron reforzar las leyes sobre armas.
El drama de Hanau reviste una dimensión política en un país marcado por el auge desde 2013 de AfD, presente desde hace dos años en el Parlamento.
Esta formación, abiertamente xenófoba y cuyos dirigentes critican el arrepentimiento alemán sobre el nazismo, debería estar “bajo vigilancia” de los servicios de inteligencia, reclama Lars Klingbeil, secretario general del partido socialdemócrata SPD.
Mathieu Foulkes para AFP
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