El estilo soviético del régimen iraní


Una mujer sostiene la foto del ayatolá Jomeini durante las oraciones del viernes en Teherán, Irán, el 22 de noviembre de 2019 (Reuters)
Una mujer sostiene la foto del ayatolá Jomeini durante las oraciones del viernes en Teherán, Irán, el 22 de noviembre de 2019 (Reuters)

La revolución iraní surgio de un manual diferente a la revuelta bolchevique. Sus puntos de partida son distintos, al igual que sus mecanismos y referencias. Sin embargo, eso no excluye algunas similitudes comparadas.

La revolución rusa aspiraba a un gran golpe de estado, expansivo y a nivel mundial. La revolución iraní soñaba con organizar un golpe de estado importante contra los equilibrios que existían en la región. La primera se involucró con entidades y estados temblorosos a través de sus fronteras, mientras que la segunda se infiltró como "una cláusula pétrea en la constitución de varios paises árabes".

La revolución de los comunistas primero afirmó que buscaba construir un nuevo ser humano (“el hombre nuevo”), la revolución de los khomeinistas fingió casi lo mismo.

La primera se infiltró en los mapas a través de los partidos comunistas. La segunda intervino a través de relaciones sectarias o plataformas confesionales de oposición. La revolución soviética uso amplia y abundantemente sus armas, con ellas alcanzo nuevas conquistas en el mundo y aumentó su poderío, pero también sus gastos. Los khomeinistas se inclinaron por ejecutar una estrategia de confrontación política basada en sus armas pero de forma indirecta a través de grupos sectarios locales para dominar cuatro capitales árabes, y sus gastos también aumentaron. La primera practicó una política de desestabilización y guerras de forma directa, la segunda lo hace a través de sus representantes.

Lo comunistas intentaron deliberada e indirectamente prender fuego la bandera estadounidense, mientras los khomeinistas lo hicieron de forma directa y denominaron a los EE.UU. como el “Gran Satanás”.

El divorcio de la ex- Unión Soviética entre la revolución y las nuevas generaciones es evidente. Lo mismo sucede hoy en Irán. Ese divorcio se ve exacerbado por el flujo de información donde las noticias e imágenes fluyen como resultado de la revolución de las comunicaciones, al punto que el regimen khomeinista ha tenido que bloquear los servicios de internet.

Teherán ha logrado exportar su influencia a algunos países de la región, pero no ha podido exportar un modelo exitoso de gestión económica.

Del mismo modo, lo que parecía fuerte en la estrategia khomeinista debido a la poderosa presencia de Irán en puestos de toma de decisiones en Bagdad y Beirut -ante la demanda de un estado moderno y natural en ambos países-, inevitablemente esta siendo enfrentado por las sociedades civiles mostrando claramente la decisión de libaneses e iraquíes ante el control de Teherán sobre ambos estados.

El escenario aparece aún más complicado desde la última semana para los khomeinistas, cuando las protestas llegaron a Irán algo cambio, ya que los mulas creían que estaban lejos de la ola actual de movilizaciones ciudadanas hacia el interior del propio Irán.

Iranian protesters gather around a fire during a demonstration against an increase in gasoline prices in the capital Tehran, on November 16, 2019. - One person was killed and others injured in protests across Iran, hours after a surprise decision to increase petrol prices by 50 percent for the first 60 litres and 300 percent for anything above that each month, and impose rationing. Authorities said the move was aimed at helping needy citizens, and expected to generate 300 trillion rials ($2.55 billion) per annum. (Photo by - / AFP)
Iranian protesters gather around a fire during a demonstration against an increase in gasoline prices in the capital Tehran, on November 16, 2019. - One person was killed and others injured in protests across Iran, hours after a surprise decision to increase petrol prices by 50 percent for the first 60 litres and 300 percent for anything above that each month, and impose rationing. Authorities said the move was aimed at helping needy citizens, and expected to generate 300 trillion rials ($2.55 billion) per annum. (Photo by - / AFP)

Sin embargo, no es la primera vez que los iraníes salen a las calles para expresar su fastidio y decepción. Irán fue testigo de protestas en 2017, pero logró reprimirlas a sangre y fuego, dispersó a los manifestantes y eludió sus demandas. Antes de eso, fue testigo del “Movimiento Verde” en 2009 después de que Ahmadinejad ganó bajo sospecha de fraude un segundo mandato.

Pero lo nuevo es que Irán está atravesando la peor crisis económica desde el principio de la revolución debido a la re-imposición de las sanciones estadounidenses tras la retirada de Washington del acuerdo nuclear de 2015. La crisis se agravó también por la disminución del papel europeo, en el que Irán estaba apostando para compensar y lograr cierta flexibilizacion estadounidense.

Ha quedado claro también, que el régimen iraní, se negó a escuchar y comprender los mensajes detrás de las protestas en Irak y Líbano, y se niega categóricamente a escuchar las demandas de los manifestantes iraníes.

Los funcionarios iraníes se apresuraron a hablar del daño intencional y dirigido por fuerzas externas para justificar la represión de las protestas a pesar que las dificultades en Irán son serias y reales. Las políticas del relimen amenazan su propia economía y su capacidad para ejercer su papel en la región. Aunque es difícil creer que el régimen reconozca que la transición de la revolución a un estado normal es inevitable para evitar el colapso o los enfrentamientos con la ciudadanía. Por ello es que Irán no tiene mas respuesta que huir hacia adelante y avanzar con sus incendios externos.

Las revoluciones se cansan, pierden relevancia real para las nuevas generaciones a menos que las cifras, los datos y la estadística puedan confirmar que la vida de las personas ha mejorado con ellas”.

La Unión Soviética se expandió al espacio y apuntó sus misiles a todos los continentes, pero cayó en la batalla interna de los números y las estadísticas al no poder generar mejoras en la vida de las personas. En consecuencia, su destino no fue otro que el de implosionar.

Los eslógans, el relato y las pancartas ya no pueden convencer a los ciudadanos apretarse el cinturón una y otra vez. Ellos preguntan sobre su derecho a una vida mejor, sobre sus ingresos y una jubilación. Ya no creen en cifras de planes quinquenales ni en los resultados de los rituales de fingidas elecciones. Y cuando se hace imposible para los ciudadanos expresar su descontento en público por temor a la represión, entonces recurren a formas de resistencia negativa.

Y es allí, inevitablemente, cuando atractivo de la fiesta retrocede y las estrategias de lavado de cerebro fallan.

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