Este domingo 10 de noviembre España vivirá un déjà vu al volver a las urnas por cuarta vez en los últimos cuatro años. Las encuestas coinciden en que el PSOE será otra vez el partido más votado pero podría repetirse la situación de bloqueo que se vivió el pasado 28 de abril, cuando el presidente socialista Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, líder del grupo de izquierdas Unidas Podemos, fueron incapaces de lograr un acuerdo para gobernar.

Más de 37 millones de ciudadanos -2,13 de ellos residentes en el extranjero- decidirán con su voto el reparto de los 350 escaños para el Congreso en 52 circunscripciones, con plazas estratégicas como la capital Madrid, donde se juegan 37 asientos, y Barcelona, con 32. Para dirigir el país durante los próximos cuatro años, según el sistema parlamentario español antes es necesario alcanzar una mayoría de 176 escaños. Si la fuerza más votada no llega deberá buscar alianzas.

La cita electoral coincide con un periodo convulso, marcado por la crisis independentista en Cataluña y la amenaza de una desaceleración económica para 2020 que ya se ha empezado a sentir en la Unión Europea.

A eso se suma la nueva realidad política en España, que ha pasado del tradicional bipartidismo entre el PSOE y el conservador Partido Popular (PP) a tener hasta seis agrupaciones de ámbito nacional -aparte de Podemos, están desde el arco de la derecha Ciudadanos y Vox y los progresistas Más País-, además de las fuerzas nacionalistas.

Este nuevo escenario ha provocado una situación de bloqueo, un auténtico embrollo político sin precedentes en la democracia española. Estas son las claves que explican por qué España ha llegado hasta aquí y cuáles serán los asuntos que decidirán las elecciones generales de este domingo.

La crisis de Cataluña

Ha ocupado el centro del debate electoral desde que el pasado 14 de octubre se conoció la sentencia del juicio por el proceso independentista, con penas de entre 9 y 13 años de cárcel para los líderes del movimiento. Los disturbios que sacudieron ciudades como Barcelona han dividido a la sociedad catalana entre los que quieren formar otra nación y los que defienden la Constitución vigente. Las autoridades no descartan que este mismo domingo células del sector nacionalista intenten sabotear la celebración de las elecciones en Cataluña. En términos electorales la tensión puede favorecer a las voces más radicales de ambos bandos, tanto a los españoles que exigen la unidad nacional como es el caso de la extrema derecha de VOX, como a los partidos nacionalistas catalanes que se consideran víctimas del “Estado fascista español” mientras piden “la libertad de los presos políticos” que han sido condenados además de la celebración de un nuevo referéndum secesionista.

Las masivas protestas que tomaron las calles de Barcelona el mes pasado por el falló contra los líderes del proceso independentista han sido uno de los temas centrales de la campaña (AP Photo/Bernat Armangue)
Las masivas protestas que tomaron las calles de Barcelona el mes pasado por el falló contra los líderes del proceso independentista han sido uno de los temas centrales de la campaña (AP Photo/Bernat Armangue)

Irrupción de la extrema derecha

Es inédito en la historia reciente de España que tenga representación un partido con un mensaje tan abiertamente anti inmigración como el de VOX. Su ariete de batalla durante esta campaña ha sido generar en la opinión pública una percepción falsa de amenaza contra “los Menas”, los menores migrantes sin tutelar que llegan a España fundamentalmente desde África. Su discurso ha sido tachado de racista pero las últimas encuestas advierten un repunte entre sus simpatizantes. La formación de Santiago Abascal, surgida del segmento más radical del PP, ha recuperado una idea antigua de orgullo patriótico en un país donde la bandera nacional todavía se asocia al Franquismo desde un amplio círculo progresista. Están inmersos en una guerra cultural para recuperar tradiciones como la caza, la religión o los toros y atacar a las minorías sociales, al feminismo, a las libertades sexuales y poner en duda la violencia de género.

La irrupción de VOX es la gran novedad del escenario político español (REUTERS/Susana Vera)
La irrupción de VOX es la gran novedad del escenario político español (REUTERS/Susana Vera)

División en la izquierda

Si la irrupción de VOX fue interpretada en las pasadas elecciones como una forma de segmentar al electorado de la derecha (el PP obtuvo su peor resultado en las urnas), la aparición de Más País podría restar votos al bloque de izquierdas. Este partido liderado por Íñigo Errejón surgió este año en Madrid como una escisión de Podemos y ha saltado al ámbito nacional para intentar, según su lema de campaña, “desbloquear” la política en España. La realidad es que el sistema electoral español, que sigue la Ley d’Hondt, favorece a las formaciones más votadas pero castiga a las minoritarias. Si no alcanzara el 5% de los votos, no obtendría representación como ya sucedió en la capital, donde desde mayo gobierna la derecha. En su caso, será determinante que logre sumar para reforzar la candidatura de un hipotético gobierno progresista en coalición con PSOE y Podemos.

Pactos

Del éxito que tengan los partidos a la hora de establecer alianzas tras las elecciones dependerá que España siga bloqueada o logre, como pide la sociedad de forma mayoritaria desde hace tiempo, formar por fin un gobierno estable. Lo que parece claro es que ningún partido obtendrá la mayoría necesaria para ejercer el poder en solitario. PSOE es el que parte con más ventaja, pero al mismo tiempo es el que menos señales ha dado de aceptar una coalición, ni hacia la izquierda con Podemos tras el desencuentro de este verano entre ambas formaciones, ni hacia el centro con Ciudadanos, ni con las fuerzas nacionalistas. Su estrategia es presionar al PP para que se abstenga a cambio de algún guiño en materia económica o en la crisis catalana. Si ningún partido alcanza la mayoría, el PSOE podría gobernar en última instancia si consigue más Síes que Noes en una votación en el Congreso. Otra opción es que la derecha repita el tridente que ya ha ensayado en Andalucía y Madrid y gobernara una alianza del PP, Ciudadanos y VOX, pero para eso los populares necesitarían una espectacular subida de votos respecto a abril que las encuestas no han advertido.

Iñigo Errejón rompió con Podemos y busca un nuevo espacio para la izquierda con Más País. (EFE)
Iñigo Errejón rompió con Podemos y busca un nuevo espacio para la izquierda con Más País. (EFE)

Abstención e indecisos

En unas elecciones tan atípicas como las de este domingo, la enorme masa de votantes que hasta el último día no decide qué nombre pondrá en su papeleta va a jugar un papel determinante. Las últimas encuestas dicen que el electorado que optó en abril por Ciudadanos podría protagonizar una fuga masiva a otros partidos, en concreto el 14% votaría a Vox, el 12% al PP y el 5% al PSOE. Este desplome del partido de Albert Rivera se inició al fracasar su giro hacia la derecha en un intento de arrebatar la mayoría del voto conservador a los populares. Por otro lado la participación podría bajar respecto a la altísima cifra que se registró en abril, cuando acudió a las urnas un 75,5% del electorado. Así sucedió a mediados de 2016, cuando ya se repitieron elecciones y el ciudadano castigó a los partidos con una mayor abstención que en la convocatoria anterior.

Indignación ciudadana

Una novedad ha llamado la atención de los analistas en el último informe publicado por el CIS, el centro de investigaciones sociológicas en España: la indignación y hartazgo de los ciudadanos en 2019 con la clase política. Junto a preocupaciones habituales de los españoles como el desempleo o la corrupción, cada vez ha ido ganando un mayor espacio el temor por la inestabilidad política y el rechazo a los partidos. Eso abre la puerta a lo imprevisible, ya sea un repunte de las opciones más extremistas -Podemos por la izquierda y VOX por la derecha-, un castigo ciudadano a la clase política traducido en abstención o voto nulo, o incluso un regreso al bipartidismo, reforzándose partidos tradicionales como el PSOE y el PP como una apuesta segura ante la sensación de incertidumbre respecto al futuro.

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