El presidente estadounidense Donald Trump y su par iraní Hassan Rohani
El presidente estadounidense Donald Trump y su par iraní Hassan Rohani

La vista se pierde entre las tumbas. Son 20 kilómetros de lápidas. Alí, 21 años; Hassan, 19 años; Hussein, 21 años; Karimi, 17 años; Moceen, 18 años, y así hasta llegar al millón de muertos que dejó la guerra de Irán e Irak entre 1980 y 1988. El cementerio iraní de Behesht-e Zahra alberga los restos de los combatientes que son considerados mártires en esta sociedad. Cada semana se llena de familiares que desfilan por las lápidas decoradas con fotos y banderas nacionales, y se debaten entre la pena y el orgullo por haber perdido a sus seres queridos.

Behesht-e Zahra es el cementerio más grande de Irán y quizás uno de los más grandes del mundo. En este complejo de 20 kilómetros cuadrados existen 1.200.000 tumbas -la mayoría de hombres, aunque también hay algunas mujeres- repartidas en 534 hectáreas. Desde inicios de los años 70 se utilizó como el lugar donde enterrar a los que el reino del Sha despreciaba. Y fue el primer lugar que visitó el Ayatollah Jomeini tras su regreso en 1979 del exilio en Francia, dando inicio a la teocracia que aún gobierna Irán.

Cementerio de Behesht Zahra (Wikimedia Commons)
Cementerio de Behesht Zahra (Wikimedia Commons)

En una visita, hace una década, entre las tumbas encuentro a una mujer vestida de negro de pies a cabeza. Acomoda las flores de plástico mientras tararea una de las marchas militares que se escuchan de los parlantes esparcidos por todo el cementerio. "La sangre de mis hijos sirvió para ayudar a crecer a este país y volvería a enviarlos a la guerra si Khamenei (el Líder Supremo iraní) me lo pide. Espero que el Mahdi -el duodécimo imán, al que esperan los chiítas para salvar al mundo- venga pronto y destruya Estados Unidos con su presidente, Mush (rata en iraní), dentro. Maldito país", dice Fátima que perdió a sus dos hijos en la guerra y viene a visitar sus tumbas todos los fines de semana desde hace 30 años.

Este cementerio es el monumento al martirio chiíta, al orgullo guerrero persa, y un recordatorio para cualquiera que quiera enfrentarse con los iraníes. El régimen de los Ayatollahs mantiene un ejército de más de un millón de fanáticos muy bien entrenados y dispuestos a inmolarse. Los sones de guerra que se propalan desde Washington en las últimas semanas aparecen tan trasnochados como el que llevó a la invasión de Irak en 2003. Un conflicto de este tipo prendería fuego a todo el mundo islámico y particularmente a Medio Oriente. Sería el enfrentamiento postergado desde hace siglos entre las dos ramas mayoritarias en las que están divididos los musulmanes. Irán es el principal país chiíta enfrentado desde siempre a la sunita Arabia Saudita. Estados Unidos e Israel, su mayor aliado en la zona, quedarían atrapados en un conflicto que podría continuar por décadas. Esto, más allá de que el poder de fuego de las tropas estadounidenses tiene la capacidad para acabar con las divisiones del ejército iraní en unas pocas semanas. Siempre habría fanáticos dispuestos a hacerse explotar y convertir en un infierno la permanencia de los marines.

Algo de esto le habrían soplado en el oído al presidente Donald Trump, porque en los últimos días comenzó a moderar su retórica confrontacionista. De acuerdo al Washington Post, Trump le dijo a su Secretario de Defensa interino, Patrick Shanahan, que no quería ir a la guerra con Irán. La declaración del presidente, hecha en una reunión, el miércoles, en la Sala de Situación de la Casa Blanca, fue un mensaje a sus asesores más duros que propician la guerra. Por ahora, Trump parece estar convencido de que debe intensificar las sanciones económicas contra Teherán y nada más. Los funcionarios que corroboraron esta declaración, dijeron que el presidente se mostró firme al decir que no quería un enfrentamiento militar y que confiaba en que Teherán "querrá hablar pronto". Aunque Irán desestimó la sugerencia de un diálogo directo. "La escalada de Estados Unidos es inaceptable", respondió el jueves el ministro de Relaciones Exteriores, Mohammad Javad Zarif. Pero lo cierto es que en Teherán tampoco desean la guerra.

La Guardia Revolucionaria de Irán
La Guardia Revolucionaria de Irán

La administración Trump no tiene una política coherente para Irán. En mayo, Trump, retiró unilateralmente a Estados Unidos del Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA), el acuerdo nuclear acordado con Teherán junto a sus aliados europeos, a pesar de que Irán no lo violaba. Además de la afirmación desinformada y vacía de Trump de que era "el peor acuerdo de la historia", su pretexto para el retiro fue la agresión iraní en la región escenificada por la intervención en la guerra siria a favor del régimen de Bashar Al Assad y en Yemen junto a los hutíes, que nada tienen que ver con la cuestión nuclear. Fue cuando lanzó, en uno de sus habituales tweets, que Irán podría enfrentar "consecuencias como las que algunos pocos a lo largo de la historia han sufrido".

Aparentemente, Trump quiere no solo contener el poder de Irán sino también hacer retroceder su presencia regional, limitar su influencia a sus fronteras, desarmarlo y, finalmente, derrocar al régimen. Trump refleja una extraña e insana obsesión con Irán que no está justificada por la amenaza real que representa en este momento para los intereses de Estados Unidos y sus aliados. La raíz de todo esto sigue estando en la humillación que sufrió Washington cuando los revolucionarios de 1979 asaltaron la embajada estadounidense en Teherán y mantuvieron a varios de los funcionarios como rehenes.

"El trato de Estados Unidos a Irán como un serio competidor estratégico es profundamente ilógico. Irán no pone en peligro ningún interés central de los Estados Unidos. Se abstiene de atacar a las fuerzas estadounidenses o de utilizar el terrorismo para atacar los activos o el territorio, coexiste con Estados Unidos en Irak con poca fricción y aceptó los límites en su programa nuclear", opinan Steven Simon y Jonathan Stevenson, en la prestigiosa revista Foreign Affairs. "Irán está económicamente asediado y débil militarmente, y su armada es una fuerza de defensa costera, capaz de interrumpir el transporte marítimo, pero no suficientemente fuerte como para enfrentar a la armada americana".

Según las evaluaciones del Balance Militar del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos, las fuerzas iraníes están plagadas de equipos obsoletos, una base industrial y de defensa inadecuada, y un gran ejército de reclutas que es sustancialmente imposible de desplegar a gran escala. Su fuerza aérea tiene aviones con tecnología de la década de 1960, y prácticamente no tiene capacidad anfibia. El gasto anual iraní en Defensa, alrededor de 16.000 millones de dólares, equivalente al 3,7% del PIB, es considerablemente inferior al de Israel, Arabia Saudita o los Emiratos Árabes. Aunque, Irán cuenta con algunas armas que pueden hacer mucho daño como un misil balístico de 2.000 kilómetros de alcance, un avanzado sistema de misiles tierra-aire S-300, de fabricación rusa, así como recursos sustanciales para la guerra cibernética. Los misiles serían una amenaza mucho más grande si se combinara con la producción en masa de ojivas nucleares compatibles, pero esta es una preocupación lejana mientras el acuerdo del JCPOA siga en vigor. En general, la capacidad de Irán para desplegar una fuerza militar en la región es muy limitada. Las tropas iraníes en Siria probablemente alcanzaron un máximo de aproximadamente 4.500 efectivos, aproximadamente igual a las 4.000 que Estados Unidos mantiene en la parte oriental del país. En Yemen, la presencia militar de Irán es aún más pequeña. En Irak, permanecen unidades que participaron en la guerra contra el ISIS. Son unos 2.000 soldados insertados dentro de las milicias shiítas y unos cuantos cientos de asesores militares y comandos especiales. El Pentágono aún tiene 5.000 soldados, allí en la antigua Mesopotamia. La diferencia, la constituyen los cientos de miles de milicianos iraníes que vendrían detrás de los soldados y el millón de Basij, jóvenes estudiantes secundarios y universitarios con fuerte entrenamiento militar. Todos dispuestos a inmolarse. Los comandos de la Guardia Revolucionaria están a la altura de los Navy Seal de Estados Unidos. Fuera de las fronteras, Irán cuenta también con el apoyo de las milicias del Hezbollah libanés y las chiítas iraquíes con capacidad probada y capaces de hacer mucho daño al enemigo, además de poder crear el caos en todo Medio Oriente.

(AFP)
(AFP)

Estados Unidos aumentó la presión sobre Irán en las últimas semanas después de conocerse informes de inteligencia que hablaban de movimientos bélicos por parte del régimen de los Ayatollah. Acusó a Teherán de planear ataques "inminentes" en la región y de estar armando con misiles sus barcos en el Golfo Pérsico. El Departamento de Estado ordenó el miércoles a todo el personal no imprescindible que abandone la embajada en Bagdad y el consulado en Erbil, en Irak. "Las milicias sectarias antiestadounidenses pueden amenazar a ciudadanos estadounidenses y compañías occidentales en ese país", decía el comunicado. Horas después el Ejército alemán anunció la suspensión hasta nueva orden de sus operaciones de entrenamiento militar de soldados iraquíes "por el riesgo provocado por las recientes tensiones con Irán en la región".

Mientras tanto, en Washington cobraba fuerza la sensación de que el secretario de Estado, Mike Pompeo, y el consejero de Seguridad Nacional, John Bolton, se preparaban para un enfrentamiento militar con Irán aunque no lo hubieran discutido detalladamente con el presidente. Esto llevó al propio Trump a responder en uno de sus tweets: "No hay una pelea interna. Se expresan opiniones diferentes y yo tomo una decisión. Es un proceso sencillo. Todas las partes, y los puntos de vista, están cubiertos".

"En esencia no buscamos una guerra con Irán", dijo Pompeo en una conferencia de prensa conjunta con su homólogo ruso, Serguéi Lavrov, en Sochi, en el sur de Rusia. A lo que el ministro ruso le pidió que "impere el buen sentido. La región ya vive un exceso de tensión por los diferentes conflictos. Vamos a asegurarnos de que la situación no degenera en un escenario militar".

Tampoco Irán parece estar dispuesto a ir a una confrontación militar. El propio canciller iraní, Mohamed Javad Zarif, durante un viaje oficial a Japón, dijo que no había "ningún impedimento" para que eventuales negociaciones rebajaran la crisis producida por la "inaceptable" escalada de las tensiones. Y hasta el propio Líder Supremo, Ali Jameneí, afirmó que el enfrentamiento no es militar sino "un choque de voluntades: ni nosotros ni ellos estamos buscando una guerra".

Pero una crisis como ésta en manos de poderes tan imprevisibles como el de la Casa Blanca de Donald Trump o el de los halcones negros de Teherán, nunca se sabe hacia dónde puede disparar. En tanto, en el cementerio de Behesht-e Zahra, sesiente que pronto puede sobrevenir un nuevo martirio. Informes desde Teherán hablan de desfiles y demostraciones belicistas en el mayor templo del horror de la guerra que puede haber en el mundo.

MÁS SOBRE ESTE TEMA: