Imagen de un casamiento en Egipto en el que un joven murió producto de un “disparo de celebración”
Imagen de un casamiento en Egipto en el que un joven murió producto de un “disparo de celebración”

Deepak Kumar, de 21 años, estaba muy enamorado de su novia. Por eso estaba disfrutando tanto de su esperado casamiento.

La celebración estaba llegando a su fin el martes a la noche en Nueva Delhi, cuando uno de los invitados decidió disparar su rifle mientras bailaba. Es una peligrosa costumbre que sobrevive en muchos países asiáticos a pesar de que está prohibida.

Apuntó al cielo, pero un movimiento torpe lo hizo descargar una ráfaga hacia un costado. Una de las balas impactó en el pecho de Kumar.

"Colapsó en el momento y fue trasladado a un hospital, donde lo declararon muerto después de medianoche", contó a AFP Nupur Prasad, comisionado de la Policía de Delhi.

Uno de los invitados a la ceremonia dijo a la agencia que el homicida, que ya está identificado, no era la única persona armada. "Había un par que portaba armas para realizar los disparos de festejo, considerados una tradición por la familia".

Estos accidentes son cada vez más comunes, y los estados no logran evitar que ocurran, por el arraigo que tiene esta costumbre en muchos países. En octubre pasado hubo un caso que conmocionó a la opinión pública egipcia. Ayman Alaa, de 14 años, murió luego de recibir un balazo accidental al comienzo de un casamiento en El Hamool.

Los invitados ya estaban sentados en sus mesas, desplegadas en torno al escenario. El volumen de la música iba en aumento y estaba por producirse el momento más esperado: la aparición de los novios.

El animador de la fiesta se presentó ante el público. Micrófono en mano, anunció que los recién casados iban a salir en segundos. Pero antes había que cumplir con el funesto ritual: el disparo al aire.

El encargado era un amigo de la pareja, que irrumpió en el escenario con una escopeta. Tras un intento fallido de disparar apuntando al cielo, bajó el arma y la examinó, en busca del problema. En ese instante se produjo la descarga que impactó en el cuerpo de Ayman Alaa, que estaba en primera fila.

Como si nada hubiera ocurrido, el homicida se dio vuelta y se fue caminando apaciblemente. La reacción generalizada ante la tragedia fue de sorpresa y consternación.

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