Eran las ocho de la mañana del viernes y el dueño acababa de abrir su local de artículos de almacén. Pasaron algunos minutos hasta que entró el primer cliente.

Casi al mismo tiempo, detrás del hombre, irrumpieron dos criminales armados. Uno tenía el rostro cubierto con un casco. El otro, una gorra que le tapaba parcialmente la cara.

Sin decir nada, sacaron sus pistolas y empezaron a tirar. Fueron casi diez disparos entre los dos. El comerciante no tuvo reacción.

Una vez que estuvo consumado el homicidio, los asesinos se fueron sin tomar nada. La Policía de Ceará lo investiga como un posible ajuste de cuentas.

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