
Hacer fila es una plaga moderna: según escribió David Andrews en su libro Why Does the Other Line Always Move Faster? (¿Por qué la otra fila siempre va más rápido?), no era algo común hasta que la Revolución Industrial sincronizó los horarios de los trabajadores y se juntaron las horas de almuerzo y de descanso. Hasta el momento, la tecnología ha evitado algunas filas —la compra online, por ejemplo— pero no las de entrada a un concierto, o la espera en la sala de guardia de un hospital, o el ingreso al área de abordaje en un aeropuerto.
En un país cualquiera las personas pierden cientos de millones de horas por año haciendo fila. "No asombra que algunos traten de saltársela", ironizó The Atlantic en su artículo "How to Cut in Line: A scientific approach" ("Cómo colarse: un enfoque científico"), una serie de consejos prácticos para perder menos tiempo en colas sin irritar a los que esperan con más paciencia.

Lo fundamental: elegir la fila correcta. "Es virtualmente imposible colarse en un evento único", como un mundial de fútbol, por ejemplo. "Pero en un escenario repetido como las filas de seguridad aeroportuaria, la gente se siente más inclinada a dejar que uno pase". En el trabajo "Cutting in Line: Social Norms in Queues" ("Colarse: las normas sociales en filas") Gad Allon y Eran Hanany utilizaron la teoría de juegos para determinar cuándo una fila es más adecuada que otra para colarse.
"Los investigadores hallaron que la gente que hace fila por única vez tiene poca tolerancia para los que se cuelan. Pero cuando la fila se repite, la gente permite el paso a los intrusos que dicen tener una necesidad urgente, o necesitan un tiempo mínimo de servicios", sintetizó The Atlantic.
¿Y cuál sería una buena excusa? Según Ellen Langer, psicóloga de Harvard que famosamente estudió opciones para saltarse la fila ante una fotocopiadora, no es necesario que sea algo demasiado especial. Hizo un experimento con tres modelos de preguntas: "Disculpe, tengo cinco páginas. ¿Puedo usar la máquina?", "Disculpe, tengo cinco páginas y estoy apurado. ¿Puedo usar la máquina?" y la más débil: "¿Puedo usar la fotocopiadora, porque necesito hacer copias?".

Curiosamente, todas las excusas funcionaron en un mínimo de seis veces de cada 10, aunque la segunda, que garantizaba poco tiempo y expresaba urgencia, obtuvo el 94% de éxito.
Sobornar es otra opción y, curiosamente, funciona sin costo normalmente. "A Market for Time: Fairness and Efficiency in Waiting Lines "("Un mercado para el tiempo: justicia y eficiencia en fila"), un trabajo del profesor de Negocios Felix Oberholzer-Gee, analizó qué sucedía cuando un investigador undercover le ofrecía dinero a una persona que esperaba pacientemente su turno.
La mayoría lo dejó pasar, pero casi todos ellos luego rechazaron el pago. "Ponderaron el ofrecimiento, no por codicia sino porque comprobaba la desesperación del intruso", según la revista.

Colarse es un arte solitario. Un experimento del psicólogo Stanley Milgram, "Response to Intrusion Into Waiting Lines" ("Respuesta a la intromisión en filas") probó que cuando son dos los que se quieren saltar la espera, causan más enojo que cuando es uno solo.
El análisis también halló que hay una suerte de autoridad en filas: la persona que cedería el lugar y quedaría detrás. "Si esa persona no lo objeta, los demás en fila tienden a callarse", destacó The Atlantic.
La actitud ante el colado cambia de una cultura a otra. María del Mar Pàmies estudió cómo reaccionaban en España personas de otras nacionalidades. Un irlandés se quejó airado: "Dicen 'Sólo quiero hacer una pregunta rápida, ¡y pasan!". Un alemán describió casi en shock cómo una mujer se le adelantó en la fila de la caja del supermercado: "Dijo 'Estoy con ella', y señaló a la mujer que acababa de pagar… Parece que eso se estila en España".

Como conclusión, la revista sintetizó que el peor pecado de colarse es fingir que uno no lo está haciendo. El contrato social tiene la fila entre sus cláusulas. Y en el fondo de su corazón, todas las personas quieren saltársela.
"Cuanto más domesticados estamos para hacer fila —cuanto más sacrificamos nuestra voluntad individual ante la del sistema— menos podemos hacerlo", escribió Andrews, quien dio ejemplos como los voluntarios chinos que enseñaron a sus connacionales a esperar en fila antes de las Olimpíadas de 2008, o las tecnologías para acelerar la fila en el Castillo de Cenicienta en Disneyland.
Y aconsejó: "Haga su aporte. No maneje en hora pico si puede evitarlo. No haga las compras luego del trabajo o durante el fin de semana. Y por Dios, evite el Black Friday. La solución para derrotar al sistema es convertirse en una persona de sistemas, que siempre planifica su día según la conducta probable de los demás".
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