
La esperanza de vida de México se debilita para los sectores de la población que se dejan la piel en los trabajos más duros. Sudar más de diez horas diarias en la obra, picar en la mina, incluso someterse día tras día al fuego que calcina la carne de los tacos merma progresivamente la salud.
Según contaron a la agencia EFE algunos expertos, se juntan distintos factores. Por un lado el esfuerzo físico que exigen estas profesiones; por otro, la deficiente alimentación que las acompaña. No obstante, escapar es complicado, la necesidad de trabajar es apremiante.
Con motivo del Día Internacional de los Trabajadores que se celebra este miércoles, la encargada del servicio de Medicina del Deporte del Hospital Juárez de la capital, Dolores Enciso, contó a EFE que, en los trabajos que requieren grandes esfuerzos desde la juventud, "la esperanza de vida puede disminuir desde 5 hasta 20 años".
Refiriéndose fundamentalmente a los obreros, habla de las consecuencias a las que se someten al echarse al hombro costales de cemento y otras cargas durante todo el día. A veces "puede ser el doble de su peso corporal o aún más".
"Van a tener lesiones a nivel más que nada de columna o músculos, pueden ser desgarros, pueden ser inflamaciones de tendones, pueden ser compresiones radiculares a nivel de columna", precisa.

La especialista advierte que en muchas ocasiones los obreros viajan a la capital desde las provincias a los 15 años en busca de trabajo. Es una edad delicada, pues de hacer esfuerzos como los que realizan "pueden empezar a presentar microtraumatismos" que pasan inadvertidos.
"No presentan ninguna molestia (inicialmente), pero las lesiones tanto articulares como a nivel de ligamentos se van a ir dando", asegura.
Después, alude al otro gran problema ligado a la construcción en México: la alimentación. Y es que las personas que trabajan en este sector o en otros oficios de alto riesgo pertenecen al estrato socioeconómico más pobre.
En México, según cifras oficiales, 43.6 por ciento de la población vive en la pobreza.
Ser pobre acarrea no poder acceder fácilmente a una alimentación saludable, alejada de las clases más desfavorecidas por su costo.

Este sector es relegado a la ingesta de enormes cantidades de hidratos de carbono y azúcares, dieta que también puja por disminuir la esperanza de vida.
La agencia EFE visitó algunas obras en la capital mexicana, donde en cada esquina, entre escombros y vigas, no faltan las botellas de refresco.
Leobardo Gómez, obrero de 45 años, contó a la agencia que "la Coca (Cola) es lo más esencial que puede haber en una obra".
Al iniciar su jornada -de 8 de la mañana a 6 de la tarde, extensible si es necesario– todos traen sus botellas.
Gómez asegura que algunos "se llegan a tomar hasta dos litros y medio de Coca al día", dosis que se une a la comida grasienta que comen en el descanso: comida callejera compuesta fundamentalmente por carne de cerdo, arroz, pollo y las tradicionales tortillas de maíz.

La nutrióloga clínica Yuritzi Luna, del Hospital Juárez, explicó que una botella de Coca Cola de 600 mililitros tiene un promedio de 9 cucharadas de azúcar. Cada cucharada son 6,25 gramos de azúcar, por lo que una botella como esa contiene 56.25 gramos.
Los obreros que toman 2 litros y medio diarios están introduciendo al cuerpo 187.5 gramos de azúcar, cantidad superior a los 150 gramos diarios que necesita el ser humano según la experta.
"Su alimentación está basada en carbohidratos, azúcares y grasas; entonces eso lleva a que la gente empiece a padecer más diabetes, obesidad, enfermedades del corazón", advierte Luna.
La diabetes es una epidemia que constituye la principal causa de muerte en el país.
"La diabetes no duele, no es una enfermedad que cause dolor; entonces, muchas veces, las personas no son diagnosticadas inmediatamente. Muchas veces son diagnosticadas 10 años después", asegura.

Aunque saben que la alimentación no es la mejor, no les queda otra opción con el salario que cobran.
Gómez se muestra sincero: "¿Quién no quisiera irse a un restaurante y comer bien? Pero desafortunadamente, con el sueldo que estamos ahorita manejando, no alcanza", asegura.
El salario oscila entre los 1,800 (USD 94) y 2,500 pesos (USD 131) semanales, una cantidad nimia para costearse una alimentación mejor. También para pagar un médico privado en caso de necesitar atención por una dolencia grave.
Por su parte, los que utilizan herramientas de percusión se enfrentan a niveles de ruido superiores a los tolerables.
Sobre los mineros, la doctora Enciso apunta que, además del esfuerzo físico "tienen también problemas respiratorios porque no sabemos qué sustancias se encuentran dentro de la mina".
Con información de EFE
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