
Por José Ignacio Martínez Cortés*
En 2019 la economía mundial entrará a una fase de decrecimiento con una desaceleración en 2020. El FMI estima que para este año se prevé que el 70% de las economías se frenen ya que entramos a un ciclo de una desaceleración sincronizada. LACEN calcula que el crecimiento de la economía mundial para 2019 será de 2.9% con relación a 3.5 de 2018. Por su parte, la OMC prevé que el crecimiento del volumen del comercio de mercancías descienda a un 2,6% en 2019, frente al 3.0% en 2018. Si se aliviasen las tensiones comerciales, el crecimiento del comercio podría repuntar en 2020, hasta el 3.0%.
Entre los factores estructurales que moderarán el crecimiento de la economía mundial y el comercio internacional destacan los siguientes:
1. La economía china se está reequilibrando y ha dejado de centrarse en la inversión (que tiene un contenido de importaciones muy elevado) para basarse en el consumo (con un contenido de importaciones menor que la inversión). El crecimiento en China desacelerará a tono con el reequilibramiento de su economía.
2. La actividad económica se verá duramente afectada por la escalada de las restricciones comerciales, lo que daría lugar a una evolución más negativa. Ello está provocando el aumento de los costos comerciales que también deprimiría las perspectivas a mediano plazo al interferir con la asignación eficiente de los recursos, la inversión y la productividad.

3. Los subíndices de producción industrial de Estados Unidos, Japón y Alemania muestran una mayor moderación en los sectores productores de bienes de capital que en el resto del sector manufacturero, lo cual podría presagiar menores gastos de capital. En Alemania los pedidos de la industria manufacturera disminuyeron en 4%.
4. En 2019, el FMI prevé que las medidas comerciales recientes afecten la actividad económica, especialmente en Estados Unidos, donde el pronóstico de crecimiento para 2019 se revisó a la baja en 0,2 puntos porcentuales. Se prevé que el crecimiento de disminuya a 1,8% en 2020 a medida que comience a retirarse el estímulo fiscal en Estados Unidos y el crecimiento de la zona del euro se modere.
5. Para este año el impulso cíclico de la demanda y el estímulo en Estados Unidos finalizará. Se prevé que en 2020 el ritmo de expansión de Washington caiga por debajo de la tasa de crecimiento potencial de su economía, a medida que se repliegue el estímulo y se intensifiquen los efectos de la contracción monetaria en curso.
6. A partir de 2020, se prevé que la política fiscal sea contractiva en las economías avanzadas a medida que comience el retiro del estímulo fiscal en Estados Unidos. La tasa de los fondos federales fijada como objetivo en Estados Unidos aumente a alrededor de 2,5% para el final de 2018 y alrededor de 3,5% en 2019.

Sin duda, México debe prepararse para la desaceleración económica mundial de 2020. Para el presente año, LACEN ajuste el crecimiento de México de 1.5 a 0.9%, en 2018 fue de 2.3, es decir, la caída de la riqueza nacional en 2019 será del orden del 155.55% con relación al año anterior.
El desarrollo económico de 2019 se sostendrá con mayor gasto. Por lo que la inversión física en el sureste y el estímulo fiscal en el norte deben generar para 2020 una implosión económica a través de creación de riqueza (más recaudación de ISR, IVA e IEPS impactando en un mayor ingreso tributario), alcanzando en 2020 un PIB de 2.5%. Con ello, el impacto de la desaceleración mundial de ese año será menor.
En 2019 el gobierno debe optimizar el clima de negocios para que la inversión física pública, la IFB, el estímulo fiscal y el gasto social provoquen la implosión del desarrollo económico a partir de 2021. En este sentido, en la medida en que aumente la confianza del empresario proporcionalmente con la del consumidor, las expectativas de crecimiento serán favorables y la IFB aumentará provocando mayor creación de empleo fomentando el gasto y el consumo, ello financiará el gasto social a través de mayor captación de ISR, IVA e IEPS.
Para ello, debe mejorar la gobernanza, que se encuentra en 45%. Por ende, el ataque frontal a la inseguridad y a la corrupción mejoraría en un 60% el entorno económico, impulsando a su vez en 40% el clima de los negocios cuyo impacto en el PIB sería de 16%, ello coadyuvaría a reducir la brecha de pobreza en México.
*José Ignacio Martínez Cortés es coordinador del Laboratorio de Análisis en Comercio, Economía y Negocios (LACEN) y profesor del Centro de Relaciones Internacional (UNAM)
Lo aquí expuesto es opinión del autor y no refleja la postura editorial de este medio
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