
Antropólogos físicos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) descubrieron restos óseos de personas que habitaron alrededores del Cerro del Tepeyac y que permanecieron así por siglos. Este hallazgo demostró que el grueso de la población no padeció enfermedades graves que hayan afectado su modo de vida, a lo largo de 500 años (entre 1200 y 1700 d.c.) antes y después de la construcción del santuario guadalupano.
Previo al día de la aparición de la Virgen los expertos del INAH, Arturo Romano Pacheco, María Teresa Jaén y Josefina Bautista, presentaron su libro Paleopatología. Evidencias óseas en los restos de la Capilla de Indios de la Villa de Guadalupe, Ciudad de México, donde explican el día en que abrieron la cripta de dicha capilla para desenterrar los miles de huesos que encontraron apilados y revueltos, labor realizada entre 2006 y 2008.
Una década después, con la publicación de un primer libro y el fallecimiento de Arturo Romano Pacheco y María Teresa Jaén a cuestas, la doctora Josefina Bautista Martínez continuó con esta investigación. Es así como se dan los resultados de los análisis de siete mil 738 huesos, correspondiente a cerca de 300 cajas con restos, de 589 en total, por lo que casi la mitad aguarda ser estudiados.

En la presentación del libro se explicó que la fosa en cuestión se construyó a finales de la centuria pasada. Mientras que José Antonio Pompa y Padilla, Director de Antropología Física (DAF) del INAH, indicaron que hasta la promulgación de la Ley de Secularización de Cementerios —a mediados del siglo XIX—, la Iglesia tenía el control para depositar los restos de sus fieles al morir.
"Esto permite suponer que los restos de los individuos colocados en la cripta de la Capilla de Indios fueron los feligreses que vivían en esa jurisdicción y que originalmente fueron inhumados ahí, fuera en su interior, en el atrio o en otro lugar designado por la autoridad eclesiástica", explicó el Director de Antropología Física.
Estos huesos se mezclaron entre remodelaciones y adecuaciones de tales espacios que se encuentran en las proximidades de la pequeña parroquia y explica la existencia de restos óseos que datan de antes del descubrimiento de América y la subsecuente conquista de México-Tenochtitlan por los españoles.

La investigadora de la DAF, Josefina Bautista, también señaló que ha sido complicado continuar con el proyecto ya que en la cripta donde estaban los restos óseos había un 98 por ciento de humedad, hecho por el cual se tuvo que realizar limpieza, selección, ordenamiento y tratamientos de preservación. Además, se comenzó con el trabajo de laboratorio: análisis morfoscópico de cada uno de los huesos, obtención de radiografías y su interpretación.
"Para llegar a los posibles diagnósticos recurrimos a médicos traumatólogos, ortopedistas, cirujanos maxilofaciales y radiólogos especialistas en imagenología del sistema músculo-esquelético. El análisis morfoscópico —y en algunos casos el radiológico— permite apuntar la presencia de huellas de algunos padecimientos que dejaron evidencia en los huesos; entre ellos sobresalen problemas osteoarticulares, casos de displasia y algunas alteraciones del desarrollo", reveló Josefina Bautista.
El tipo de patologías descubiertas en los restos óseos estudiados apuntan en su mayoría a huellas de enfermedades comunes encontradas en todas las poblaciones y que afectan por igual a hombres y mujeres en edad adulta: problemas dentales, osteoarticulares en distintas fases, metabólicos y estados infecciosos no graves, por mencionar los más frecuentes.

Esa misma investigación reveló las limitaciones físicas que de seguro obstaculizaron el desarrollo de algunos individuos, haciéndoles dependientes de otras personas o de la caridad de quienes se acercaban a orar a la Villa de Guadalupe. Destaca la presencia de anomalías congénitas: un caso de escafocefalia (alargamiento de la cabeza que se produce en bebés prematuros) y dos tipos de enanismo (hipofisiario y acondroplásico).
También se descubrieron los casos de lepra, tuberculosis vertebral que debió producir en el individuo un bulto pronunciado, un par con espina bífida completa, y tres casos con problemas osteoarticulares graves. En algunos huesos se observaron además fracturas en las extremidades con infección postraumática o con dislocación de hueso.
En más de 100 páginas, Paleopatología. Evidencias óseas en los restos de la Capilla de Indios de la Villa de Guadalupe, Ciudad de México "contiene ejemplos de casi todas las patologías que dejan huella en el hueso. Por eso creemos que es un libro con una temática muy poco trabajada y que debe ser de consulta obligada", concluyó la investigadora.
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