
La supervivencia del orangután de Tapanuli quedó expuesta en una nota publicada por Phys.org, que retomó los resultados de una investigación científica sobre el bosque de Batang Toru, en Sumatra del Norte, Indonesia, donde vive la totalidad de esta especie. El punto central es la pérdida de territorio en el hábitat del gran simio más escaso del mundo; esto responde a una combinación de industrias extractivas, expansión agrícola, tala y eventos climáticos extremos.
De acuerdo con la investigación publicada en Biological Conservation, donde los autores analizaron la deforestación entre 2000 y 2023, concluyeron que el paisaje perdió 7.659 hectáreas, cerca de 5% de su cobertura forestal, con una aceleración marcada después de 2012.
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El estudio científico, firmado por Rachakonda Sreekar, Ardiantiono, Lubabun Ni’am y otros investigadores, detalla que la especie analizada, Pongo tapanuliensis, fue reconocida como especie distinta en 2017 y cuenta con menos de 800 individuos en estado silvestre.
El artículo científico precisa que su distribución se restringe a un paisaje fragmentado de menos de 150.000 hectáreas y que alrededor del 90% del hábitat se encuentra fuera de áreas protegidas reconocidas internacionalmente.
Agricultura y tala, el mayor impacto

El trabajo muestra que los debates centrados solo en grandes proyectos, como la represa hidroeléctrica, la minería de oro o la energía geotérmica, dejan afuera otras presiones persistentes sobre el bosque.
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Según el artículo científico, si bien la trayectoria de la reducción forestal fue alterada por el objetivo de extracción, la agricultura de pequeña escala y la tala de baja escala continuaron vinculándose con la mayor parte de la deforestación observada.
En cifras, se atribuyen 3.939 hectáreas a la agricultura permanente, 1.467 hectáreas a tala, 1.371 hectáreas a cultivos temporales y 486 hectáreas a commodities duros, categoría que incluye proyectos mineros y energéticos.
Phys.org sintetiza ese hallazgo al señalar que cerca del 70% de la pérdida total del sitio estuvo vinculada a la agricultura y la tala. Además, indica que la tasa anual de deforestación pasó de unas 177 hectáreas por año entre 2001 y 2012 a alrededor de 502 hectáreas por año después del inicio de los proyectos en 2012.
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El peso de los proyectos extractivos y el aporte del análisis causal

Una de las principales contribuciones fue la aplicación del método de control sintético, una técnica que permitió estimar cómo habría evolucionado el bosque si los proyectos extractivos no hubieran comenzado en 2012 y 2013. A partir de ese análisis, los investigadores calcularon que el área perdió 3.472 hectáreas adicionales en comparación con el escenario esperado sin esos proyectos.
Para llegar a esa conclusión, los autores compararon la evolución de Batang Toru con una “unidad sintética”, construida a partir de otras áreas de alta biodiversidad de Sumatra con características similares.
Esa comparación mostró que la deforestación observada fue mayor que la que se habría esperado sin el desarrollo de la mina de oro Martabe, el proyecto hidroeléctrico Batang Toru y el proyecto geotérmico Sarulla, lo que sugiere que estas iniciativas modificaron la trayectoria de la pérdida de bosque en la región.
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Los investigadores señalan que la huella directa de la mina de oro y de la planta geotérmica dentro del área analizada parece relativamente acotada, mientras que el impacto más claro dentro del paisaje aparece ligado al proyecto hidroeléctrico, asociado a desmonte directo, inundación y mayor fragmentación.
Lo que reveló el trabajo de campo en las comunidades

El artículo explica que los investigadores trabajaron con 11 aldeas del lugar a través de la observación participante, entrevistas y reuniones comunitarias para validar los análisis espaciales y entender los motores de la deforestación desde una perspectiva local.
Ese componente permitió vincular la reducción del bosque con factores sociales y económicos específicos. La caída del precio del caucho llevó a pobladores a reemplazar estas plantaciones por banana.
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Por otro lado, desde 2018, una gran empresa de pulpa y papel impulsó acuerdos con habitantes locales para establecer plantaciones de eucalipto en sus tierras. También identifica como factor de pérdida forestal el esquema PHAT, un sistema de tala de pequeña escala con participación de titulares de derechos sobre la tierra, que se expandió desde 2017 en áreas del bloque oriental.
La amenaza climática y la nueva dimensión del problema

El impacto del ciclón tropical Senyar a fines de 2025 sugiere que 8.300 hectáreas de bosque intacto fueron destruidas en el bloque occidental en apenas 6 días, con una posible pérdida de alrededor de 58 orangutanes de Tapanuli. El cálculo señala que las áreas alcanzadas abarcaron 8.303 hectáreas, existiendo un margen de 1.760 hectáreas.
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El artículo científico añade que, tras ese episodio, el gobierno de Indonesia suspendió de forma temporal grandes proyectos extractivos en Batang Toru y provincias cercanas, aunque luego se reanudaron operaciones en la mina Martabe y en el proyecto hidroeléctrico.
Los autores sostienen que ninguna medida aislada será suficiente para garantizar el futuro de la especie y plantean la necesidad de un enfoque integral que combine el fortalecimiento de la seguridad en la tenencia de la tierra, una mayor supervisión de la tala, incentivos económicos para la conservación, el apoyo a medios de vida compatibles con la protección y una mayor participación del sector privado en iniciativas de restauración, compensaciones por biodiversidad y conservación a largo plazo.
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