
El Día Mundial de las Tortugas Marinas, conmemorado cada 16 de junio, busca llamar la atención sobre la importancia de estos animales y los desafíos que enfrentan en la actualidad. Las tortugas marinas, presentes en los océanos desde hace más de 100 millones de años, representan un indicador de la salud marina y muestran el impacto de las actividades humanas en los ecosistemas acuáticos.
Hoy, la supervivencia de las siete especies de tortugas marinas que existen está en riesgo. Su conservación es esencial no solo para su propia continuidad, sino también para el equilibrio ecológico de océanos y playas, donde cumplen funciones clave para otras especies y para los ciclos naturales.
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El rol ecológico de las tortugas marinas
Las tortugas marinas cumplen funciones esenciales para la estabilidad y la productividad de los ecosistemas marinos. Al alimentarse de pastos marinos y algas, contribuyen a mantener estos hábitats en condiciones óptimas, lo que favorece la biodiversidad y la salud de otras especies que dependen de estos ambientes, como peces y crustáceos. En los arrecifes de coral, algunas especies de tortugas, como la carey, consumen esponjas y otros organismos que podrían competir con los corales, permitiendo así el desarrollo y la recuperación de los arrecifes.
Los nidos de tortugas marinas también aportan nutrientes vitales a las playas. Los restos de cáscaras y huevos no eclosionados se descomponen y enriquecen el suelo, lo que promueve el crecimiento de la vegetación costera. Esta vegetación ayuda a estabilizar la arena y protege las costas contra la erosión. Si las tortugas desaparecen, se alteraría este ciclo natural, afectando tanto a la biodiversidad marina como a las comunidades humanas que dependen de ecosistemas costeros saludables para la pesca y el turismo.
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“Según el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), se estima que cada año ocho millones de toneladas de plástico terminan en el océano, lo que equivale a arrojar un camión de basura lleno de plástico cada minuto”, afirman desde la Organización de las Naciones Unidas (ONU).
“Animales como las tortugas marinas pueden estar en peligro de extinción debido a nuestras decisiones personales, comunitarias y gubernamentales. Nuestras acciones pueden ser negativas para una especie u otra, y así podemos optar por una acción perjudicial o por una acción que contribuya a su recuperación”, dice Kathy Zagrebiski, directora del Centro de Rehabilitación y Rescate de Tortugas Marinas Karen Beasley.
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Los datos más sorprendentes sobre las tortugas marinas
1. Las tortugas marinas son más antiguas que los dinosaurios
Las tortugas marinas existen desde hace al menos 110 millones de años, lo que significa que convivieron con los dinosaurios y lograron sobrevivir a la gran extinción que acabó con ellos, según la Oceanic Society. Su permanencia durante tantos milenios, con muy pocos cambios evolutivos, las convierte en uno de los vertebrados más resistentes del planeta.
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2. Siete especies, dos tipos de caparazón
En el mundo existen siete especies de tortugas marinas reconocidas: tortuga verde, laúd, carey, caguama, lora, olivácea y plana. Se agrupan en dos grandes familias: seis poseen caparazón duro y solo la laúd tiene un caparazón flexible y correoso.
Estas diferencias permiten a los científicos distinguirlas por el color, la forma y el patrón de sus caparazones y escamas faciales, que funcionan como una huella digital única para cada ejemplar.
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3. La temperatura de la arena define el sexo de las tortugas
Cuando una hembra pone sus huevos en la arena, el sexo de las crías se define por la temperatura durante la incubación. Temperaturas superiores a 29 °C producen hembras, mientras que temperaturas más bajas generan machos, afirman desde el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF, por sus siglas en inglés).

Este fenómeno, conocido como determinación sexual dependiente de la temperatura, preocupa a los científicos por los efectos del calentamiento global, que genera nidadas con mayoría de hembras y pone en riesgo el equilibrio reproductivo.
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4. Un viaje de supervivencia extremo
Solo una de cada mil crías de tortuga marina llega a la adultez. Después de nacer, las tortuguitas atraviesan una carrera plagada de depredadores en la arena y el mar. Aves, cangrejos, peces y hasta perros domésticos las acechan desde el primer instante.
Quienes logran sobrevivir, pueden vivir entre 50 y 100 años, aunque alcanzar la madurez sexual puede tomar entre 20 y 35 años según la especie.
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5. Navegantes de océanos: migraciones y retorno al origen
Las tortugas marinas son migradoras extraordinarias: algunos ejemplares recorren más de 19.000 kilómetros entre áreas de alimentación y playas de anidación. Utilizan el campo magnético terrestre como una brújula natural para orientarse, ya que tienen la capacidad de detectar su intensidad y dirección.

Esto les permite saber en qué lugar del planeta se encuentran y navegar grandes distancias. Increíblemente, las hembras adultas vuelven a la misma playa donde nacieron para depositar sus huevos, un fenómeno llamado “impronta geomagnética”. Esta capacidad de regresar décadas después al lugar de origen resulta uno de los mayores misterios y logros de la biología animal.
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6. Adaptaciones singulares: del caparazón a la dieta
Las tortugas marinas no pueden retraer la cabeza ni las patas dentro de su caparazón, a diferencia de otras especies de tortugas terrestres, detallan desde la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA). Su cuerpo hidrodinámico y sus aletas permiten que naden con agilidad y recorran largas distancias.
Además, su dieta varía según la especie: la tortuga verde es herbívora y consume principalmente pastos marinos y algas, lo que le da el tono verdoso a su grasa, mientras que otras especies prefieren medusas, esponjas o crustáceos.
7. Amenazas: el impacto de la actividad humana

Las tortugas marinas enfrentan amenazas múltiples, casi todas derivadas de la acción humana. La pesca incidental, la ingestión de plásticos, el cambio climático, la destrucción de hábitats y la explotación directa de huevos y carne afectan a todas las especies.
Según la ONU, cada año llegan a los océanos ocho millones de toneladas de plástico, lo que se traduce en muertes por enredo o ingestión. El caso de una tortuga nombrada “Lime-a-palooza”, rescatada con más de un metro de hilo y un globo en el aparato digestivo, ejemplifica el daño que produce la contaminación en estos animales.
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