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Congo interceptó un barco para aislar a 200 pasajeros tras la muerte de un hombre con síntomas de ébola

La enfermedad declarada oficialmente en mayo alcanzó casi 4.000 casos confirmados y dejó un saldo de más de 1.800 personas fallecidas

La embarcación, que había partido de Kisangani y transportaba a unas 200 personas, fue detenida en Maluku, un puerto fluvial a unos 65 kilómetros de Kinshasa (Reuters)
La embarcación, que había partido de Kisangani y transportaba a unas 200 personas, fue detenida en Maluku, un puerto fluvial a unos 65 kilómetros de Kinshasa (Reuters)
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La República Democrática del Congo interceptó un barco de pasajeros en las inmediaciones de la capital, Kinshasa, tras la muerte de un hombre que presentó síntomas compatibles con ébola, lo que encendió las alertas en plena expansión del brote más rápido del virus registrado en el país.

El episodio ocurrió después de que el pasajero, que había desembarcado antes de llegar a la capital, murió tras buscar atención médica por un cuadro clínico que coincidió con la sintomatología habitual del ébola.

La embarcación, que había partido de Kisangani y transportaba a unas 200 personas, fue detenida en Maluku, un puerto fluvial a unos 65 kilómetros de Kinshasa. Las autoridades sanitarias dispusieron pruebas diagnósticas para todos los ocupantes y activaron una cuarentena preventiva mientras aguardaban los resultados.

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El ministro de Salud, Roger Kamba, precisó que el fallecido abandonó el barco en la localidad de Pimbu, en la provincia de Mongala, donde luego acudió a un centro médico y murió. Las autoridades desplegaron un laboratorio móvil para realizar test a pasajeros y tripulación. Hasta el momento, no se confirmó ningún caso positivo de ébola en la capital ni entre los ocupantes del barco.

El Instituto Nacional de Salud Pública reiteró la ausencia de una vinculación confirmada entre el deceso y el brote, aunque la respuesta epidemiológica se mantuvo en alerta máxima por el riesgo de propagación hacia la ciudad más poblada del país.

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El brote de ébola en Congo, que comenzó oficialmente en mayo, acumuló casi 4.000 contagios confirmados y más de 1.800 muertes, según datos oficiales. La epidemia avanzó a un ritmo inédito: en menos de tres meses desde su declaración, superó los registros de la crisis de 2018-2020 y se consolidó como la segunda más grave de la historia después de la de África Occidental entre 2014 y 2016.

El brote de ébola en Congo, que comenzó oficialmente en mayo, acumuló casi 4.000 contagios confirmados y más de 1.800 muertes, según datos oficiales (Reuters)
El brote de ébola en Congo, que comenzó oficialmente en mayo, acumuló casi 4.000 contagios confirmados y más de 1.800 muertes, según datos oficiales (Reuters)

El epicentro se ubicó en la provincia de Ituri, aunque la enfermedad ya se extendió a al menos cinco regiones, incluidas Tshopo, Kivu del Norte, Kivu del Sur y Haut-Uélé. El 75% de los contactos estrechos quedó bajo seguimiento, pero la mayoría de los nuevos casos surgió fuera de las cadenas conocidas de transmisión, lo que dificultó el control y favoreció la dispersión silenciosa del virus.

La falta de una vacuna autorizada o de un tratamiento específico para la cepa de Bundibugyo, responsable de la actual epidemia, agravó la situación. Esta variante presentó una letalidad estimada entre el 30% y el 50% y logró burlar los sistemas de vigilancia debido a retrasos en la detección, debilidades logísticas y recursos limitados para el rastreo. Durante los primeros meses del brote, los casos iniciales pasaron inadvertidos o fueron diagnosticados como otras patologías, lo que permitió que el virus se propagara sin control en comunidades rurales y mineras de difícil acceso.

El flujo constante de personas entre las provincias afectadas y la ciudad, sumado a las deficientes condiciones sanitarias y a la precariedad de los sistemas de salud, configuró un escenario propicio para la diseminación del ébola.

La epidemia, que ya había afectado a más de 28.000 personas y causó 11.000 muertes en la región de África Occidental durante la crisis de 2014-2016, enfrentó ahora un nuevo desafío en Congo (Reuters)
La epidemia, que ya había afectado a más de 28.000 personas y causó 11.000 muertes en la región de África Occidental durante la crisis de 2014-2016, enfrentó ahora un nuevo desafío en Congo (Reuters)

La Organización Mundial de la Salud advirtió que la epidemia se expandió a una velocidad sin precedentes y que los esfuerzos implementados no lograron frenar las cadenas de transmisión con la rapidez necesaria.

Los desafíos logísticos y financieros también condicionaron la respuesta estatal. Recortes en la asistencia internacional, retrasos en el pago de salarios y la sobrecarga del personal sanitario debilitaron la capacidad operativa de los equipos de vigilancia y atención en terreno. En Ituri, epicentro de la crisis, decenas de trabajadores de la salud se manifestaron y abandonaron sus puestos por la falta de remuneraciones, lo que dejó sin cobertura a varias instalaciones médicas y puso en riesgo la atención de pacientes críticos.

A estos obstáculos se sumaron los ataques armados y el clima de inseguridad en zonas bajo influencia de grupos rebeldes, que dificultaron el acceso a las comunidades y la continuidad de las tareas de rastreo y seguimiento de casos.

La epidemia, que ya había afectado a más de 28.000 personas y causó 11.000 muertes en la región de África Occidental durante la crisis de 2014-2016, enfrentó ahora un nuevo desafío en Congo, donde la transmisión sostenida y el alto nivel de circulación viral mantuvieron en vilo a las autoridades. El virus, transmitido por contacto directo con fluidos corporales y materiales contaminados, provocó fiebre hemorrágica y complicaciones graves, sin que existiera hasta el momento una solución eficaz para detener su avance en la actual coyuntura.

(Con información de AP, EFE, Reuters)

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