
La bióloga evolutiva Toby Kiers fue reconocida con el Premio Tyler al Logro Ambiental, considerado el “Nobel del Medio Ambiente”, por sus investigaciones sobre las redes micorrícicas subterráneas, sistemas esenciales para la regulación del clima y la biodiversidad del suelo en todo el planeta.
El anuncio, realizado esta semana, subraya la importancia del trabajo de Kiers al revelar cómo estos complejos entramados conectan raíces, sostienen los ecosistemas y capturan enormes volúmenes de carbono cada año, según informó AFP.
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Las redes micorrícicas están formadas por hongos que establecen una relación simbiótica con las raíces de las plantas. Estos filamentos, invisibles a simple vista, conforman auténticas autopistas de nutrientes bajo la superficie de bosques, praderas y campos agrícolas en todos los continentes.

Durante décadas, la ciencia las relegó a un papel secundario, sin reconocer su relevancia como uno de los principales sistemas de circulación de la naturaleza. Kiers, de 49 años y catedrática en la Vrije Universiteit Amsterdam, transformó esa mirada. “Una bolsa de tierra contiene una galaxia”, afirmó Kiers, citada por AFP.
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Los aportes de Kiers permitieron entender que estos hongos y plantas no solo coexisten, sino que participan de un “mercado biológico” en el que negocian recursos vitales. Desde los 19 años, la científica investigó estos filamentos, más finos que un cabello humano, que proporcionan fósforo y nitrógeno a cambio de azúcares y grasas ricas en carbono generadas por las plantas.
En 2011, Kiers demostró que los hongos ajustan la provisión de nutrientes en función de su disponibilidad, comportándose como sofisticados negociadores, todo ello sin un sistema nervioso central.
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A través de experimentos de laboratorio, el equipo de Kiers observó que los hongos pueden desplazar fósforo a las zonas donde más se necesita, obteniendo así una mayor cantidad de carbono. Este comportamiento replica la lógica de la “oferta y demanda” que rige los mercados económicos.
Incluso, en determinadas situaciones, los hongos almacenan recursos estratégicamente para incrementar la demanda, una táctica comparable a la de los operadores bursátiles, relató la agencia.
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El impacto ambiental de las redes micorrícicas es contundente: cada año, estos hongos capturan aproximadamente 13.000 millones de toneladas de dióxido de carbono, lo que equivale a cerca de un tercio de las emisiones globales derivadas de combustibles fósiles.

Este proceso subterráneo contribuye a reducir los gases de efecto invernadero que llegan a la atmósfera y resalta la urgencia de proteger la biodiversidad que se oculta bajo el suelo, destacó AFP.
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La creciente atención internacional hacia la conservación de la biodiversidad subterránea se explica, en buena parte, por el impulso de Kiers y su equipo. Ellos promovieron la fundación de la Sociedad para la Protección de Redes Subterráneas (SPUN), responsable del primer atlas subterráneo global.
Esta herramienta permitió a la comunidad científica identificar la distribución y diversidad de especies fúngicas en distintas regiones del mundo. Las investigaciones revelaron que la mayoría de los puntos calientes de diversidad fúngica permanecen fuera de áreas protegidas, dejando estos ecosistemas vulnerables a amenazas ambientales.
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En el contexto del Premio Tyler, SPUN presentó un programa global de defensa legal de la biodiversidad fúngica, enfocado en capacitar a científicos en herramientas jurídicas para la protección de estas especies. Ambas iniciativas buscan que la conservación de los hongos subterráneos se integre en políticas y acuerdos internacionales, ampliando el enfoque de protección más allá de la flora y fauna visible, detalló AFP.
El Premio Tyler, dotado con USD 250.000, reconoce el impacto científico y social de las investigaciones sobre los ecosistemas subterráneos. Kiers espera que su trabajo inspire un cambio de paradigma, invitando a reconsiderar la vida en la Tierra “desde abajo hacia arriba”, explicó a la agencia.
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Comprender la historia de los ecosistemas terrestres y la vegetación actual implica reconocer la antigua alianza entre algas y hongos, que permitió la colonización del suelo por parte de las plantas mucho antes de la aparición de raíces complejas.
Este descubrimiento, impulsado por Kiers y su equipo, sitúa a los hongos subterráneos como una pieza clave en la narrativa sobre la vida en el planeta y podría redefinir las estrategias de conservación en las próximas décadas.
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