
Thor, la montaña con la mayor caída vertical de la Tierra, se alza en uno de los rincones más remotos del Ártico canadiense: la isla de Baffin, dentro del Parque Nacional Auyuittuq, en el territorio de Nunavut. Con 1.675 metros de altitud total, no figura entre los picos más elevados del planeta, pero su cara oeste ostenta un récord que ninguna otra formación geológica disputa: 1.250 metros de caída libre vertical, el mayor descenso en caída recta documentado en la Tierra, según el registro de Guinness World Records.
La cifra permite dimensionar la escala. El sitio de divulgación científica Live Science ofrece una referencia concreta: un objeto que cayera desde la cima de la cara oeste permanecería 26 segundos en el aire antes de tocar el suelo. Para situar la magnitud, la Torre Eiffel mide 324 metros, el edificio Empire State 381 metros y el Burj Khalifa —el rascacielos más alto del mundo— 828 metros. La pared de Thor los supera a todos en altura de caída continua.
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A su vez, lo que la distingue es la geometría de su cara oeste. No es simplemente vertical: tiene una inclinación promedio de 105 grados, es decir, quince grados más allá de la vertical, lo que convierte la pared en un voladizo que se curva hacia afuera sobre su propia base.

Geología y origen
El material que compone el Monte Thor es granito sólido, y su antigüedad lo convierte en uno de los afloramientos rocosos más viejos de la superficie terrestre. Según datos geológicos compilados y verificados por Live Science, la roca tiene entre 570 millones y 3.500 millones de años de antigüedad, correspondiente al período Precámbrico, y fue sometida a múltiples procesos de metamorfismo a lo largo de esa historia.
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La forma actual de la montaña no es producto de un evento volcánico ni de un movimiento tectónico reciente: es el resultado de la erosión glaciar acumulada durante milenios. Los glaciares que avanzaron y retrocedieron entre hace 18.000 y 1.500 años tallaron el paso Akshayuk —sobre cuyo borde se asienta el Monte Thor— con la característica forma de U que da lugar al descenso vertical.
En lengua inuktitut, la comunidad inuit que habita la región llamó a esta montaña Qaisualuk, que significa “roca enorme”, o bien Kigutinnguaq, “parecida a un diente”. Ambos nombres capturan con precisión lo que la geología tardó eones en construir.
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El parque que la alberga, Auyuittuq, fue establecido en 1976 como reserva nacional y elevado a parque nacional en 2001. Su nombre en inuktitut significa “la tierra que nunca se derrite” y cubre 19.089 km², casi en su totalidad dentro del círculo polar ártico. Lo administran de manera conjunta las comunidades inuit y Parks Canada, el organismo federal canadiense de parques nacionales.
Historia del alpinismo en el Monte Thor
Las escaladas tienen su primera aparición en 1965, cuando Donald Morton y Lyman Spitzer completaron la primera ascensión registrada, en el marco de una expedición del Alpine Club of Canada liderada por Pat Baird. Significó un punto relevante en la exploración del Ártico canadiense, pero la cara oeste —la que concentra el récord mundial— tardó dos décadas más en ser conquistada.
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En 1985, un equipo conformado por Earl Redfern, John Bagley, Eric Brand y Tom Bepler logró la primera ascensión de esa cara oeste. Tres años después, en 1988, el alpinista japonés Yasushi Yamanoi completó la primera ascensión en solitario de esa misma pared. En 2012, Bill Borger y John Furneaux realizaron la primera escalada libre del contrafuerte suroeste, sin ayuda de anclajes artificiales.
El récord mundial de descenso en rápel también pertenece al Monte Thor. El 23 de julio de 2006, un equipo estadounidense integrado por Chuck Constable, Dirk Siron, Ben Holley, Kenneth Waite, Gordon Rosser, Donny Opperman, Deldon Barfuss y Tim Hudson descendió la cara oeste en rápel, estableciendo la marca de mayor rápel continuo de la historia. La expedición tuvo un costo trágico: Philip Robinson, guardaparques canadiense de 26 años que participó del descenso, falló en su equipo y murió al caer hasta la base de la montaña.
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Un destino extremo dentro de un ecosistema protegido
Llegar no es sencillo. La montaña se encuentra a 46 kilómetros al noreste de Pangnirtung, la comunidad inuit más cercana, en una zona donde las temperaturas bajo cero y las condiciones meteorológicas impredecibles hacen de cada expedición una empresa de alto riesgo. El alpinismo en la cara oeste está reservado para escaladores con experiencia en grandes paredes de roca, y el rápel está regulado por Parks Canada. El salto en BASE jumping, según señala el portal especializado Mountain Project, está expresamente prohibido dentro del parque nacional.
Más allá del desafío deportivo, el Parque Nacional Auyuittuq preserva glaciares, fiordos, valles y campos de hielo de una extensión comparable al territorio de Bután. El Penny Ice Cap, una capa de hielo de 6.000 km² dentro del parque, es uno de los últimos remanentes de los glaciares que esculpieron el paisaje ártico durante el Pleistoceno.
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