
El futuro de estos humedales depende de acciones urgentes para evitar consecuencias irreversibles en el equilibrio ambiental. Solo el 7% de las turberas europeas mantuvo su funcionalidad ecológica, según un estudio internacional liderado por la Universidad de Wageningen y publicado en Environmental Research Letters.
Esta cifra, confirmada por ERINN Innovation, mostró la magnitud de la pérdida: el 93% de la superficie de suelo europeo con turba ya no albergó ecosistemas funcionales. Los autores advirtieron que el cambio climático amenazó con reducir aún más la viabilidad de estos humedales, salvo en regiones frías y húmedas del norte y en zonas de montaña. La situación resultó especialmente grave, ya que las turberas almacenaron el doble de carbono que los bosques y su degradación aceleró el calentamiento global.
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Estado actual y pérdida histórica de las turberas
El análisis de ERINN Innovation y Environmental Research Letters indicó que la drástica reducción de las turberas funcionales en Europa respondió principalmente a la extracción de turba y la conversión agrícola, actividades que impulsaron el desarrollo económico en las tierras bajas del continente.
Enahu Tahitu, autor principal del estudio y candidato a doctorado en la Universidad de Wageningen, subrayó: “Perdimos la mayor parte de las turberas europeas. Aproximadamente el 93% de la superficie de suelo europeo que contiene turba no contó hoy con turberas ecológicamente funcionales”. Esta transformación histórica dejó la mayoría de los remanentes en latitudes septentrionales, como Escandinavia, los Estados bálticos, Irlanda y Escocia, mientras que en el centro y sur de Europa predominaron las turberas degradadas.
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Proyecciones climáticas y escenarios futuros
Las proyecciones presentadas en Environmental Research Letters indicaron que la idoneidad climática para las turberas disminuyó considerablemente en la mayor parte de Europa. Si la temperatura media global aumentó 3℃ (37,4℉) para 2050, el 92% de las turberas funcionales actuales enfrentó condiciones menos favorables, y la proporción bajo estrés climático aumentó del 6% al 15%.
Milena Holmgren, coautora del estudio, advirtió: “El 7% restante de las turberas funcionales europeas se enfrentó a una creciente presión climática, que probablemente persistió en áreas más pequeñas del norte de Escandinavia, Irlanda, Escocia y zonas de mayor altitud del continente”. Estas regiones aparecieron como los últimos refugios de funcionalidad para estos ecosistemas.
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Importancia para el clima y la biodiversidad
Las turberas, aunque cubrieron menos del 3% de la superficie terrestre, almacenaron el doble de carbono que los bosques. Su conservación resultó esencial para evitar la liberación masiva de carbono a la atmósfera y mitigar el cambio climático. Además, cumplieron un papel clave en la regulación del ciclo hidrológico, la calidad del agua y la protección frente a incendios y sequías.
Juul Limpens, profesor asociado y coautor del estudio, destacó: “Conservar y restaurar lo que nos queda es urgente, no solo por nuestro clima, sino también por las comunidades locales. Las turberas degradadas resultaron vulnerables a la sequía, los incendios forestales y la erosión, lo que afectó directamente la calidad del aire y el agua, así como el futuro suministro de agua para la humanidad”.
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Restauración y conservación: el papel de WaterLANDS
La restauración de las turberas europeas necesitó enfoques a gran escala y multisectoriales. El proyecto WaterLANDS, coordinado por el University College de Dublín y financiado por el programa Horizonte 2020, reunió a 32 organizaciones de investigación, industria, gobierno y ONG de 14 países europeos. Según ERINN Innovation, los intentos previos de restauración carecieron de la amplitud necesaria y no lograron revertir la tendencia de degradación.
WaterLANDS impulsó la cocreación de soluciones basadas en mejores prácticas ecológicas, sociales y de gobernanza, con el objetivo de conectar hábitats y comunidades en toda Europa. Craig Bullock, coordinador de la iniciativa, resaltó: “El análisis continental de la distribución de las turberas históricas y actuales, realizado por el equipo de la Universidad de Wageningen, representó una contribución importante al permitirnos identificar dónde priorizar nuestros esfuerzos”.
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Políticas europeas y protección actual
Pese a su importancia estratégica, solo el 28% de las turberas aún funcionales contó con protección bajo legislación europea, según Environmental Research Letters. Existieron extensas áreas sin protección en Escandinavia, las islas británicas e irlandesas, la región báltica, y partes de Europa central y oriental. La identificación de zonas prioritarias para la restauración resultó fundamental para cumplir los compromisos climáticos de la Unión Europea y los objetivos de la Ley de Restauración de la Naturaleza.
Las áreas de turbera que se mantuvieron estables bajo los escenarios climáticos más extremos representaron una fracción mínima del total, pero su resiliencia las convirtió en candidatas prioritarias para la conservación. Preservar estos ecosistemas robustos resultó decisivo para mantener la capacidad de amortiguación climática de Europa en las próximas décadas.
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