
Un repunte inesperado en los nacimientos de lémures de collar blanco y negro en el Parque Nacional Ranomafana, al sureste de Madagascar, generó preocupación en la comunidad científica. Aunque podría parecer una señal positiva para una especie en peligro crítico, especialistas advierten que este fenómeno podría reflejar estrés ambiental y alteraciones profundas en su hábitat, posiblemente vinculadas al cambio climático. Esta situación fue documentada en bioGraphic, medio que sigue de cerca el trabajo de campo en la región.
El equipo dirigido por Andrea Baden, antropóloga biológica de Hunter College en Nueva York, y Randy Junge, vicepresidente de medicina de conservación en el Columbus Zoo and Aquarium de Ohio, dedicó casi dos décadas al monitoreo de esta población de lémures.
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Desde 2005, Baden, Junge, técnicos y estudiantes malgaches registraron sus patrones de reproducción, caracterizados hasta ahora por lapsos irregulares de años entre nacimientos. En 2024, sus hallazgos sorprendieron: por primera vez, las hembras se reprodujeron dos años consecutivos y, en 2025, ultrasonidos de campo confirmaron nuevos embarazos, lo que sugiere hasta un tercer año seguido con crías para algunas madres.
El cambio en la frecuencia reproductiva desconcertó a los investigadores. Según bioGraphic, los lémures de collar blanco y negro cuentan con una ventana de fertilidad brevísima, entre 24 y 72 horas anuales, y suelen pasar años sin reproducirse.
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En condiciones habituales, entre el 80% y el 100% de las hembras adultas dan a luz en octubre, con camadas de dos o tres crías. Sin embargo, en 2024, los nacimientos se adelantaron a septiembre y solo algunas hembras quedaron preñadas, rompiendo el patrón típico de sincronía.

Investigaciones en el campo: hallazgos inéditos
Para comprender el fenómeno, los equipos aplicaron técnicas de captura y exámenes médicos, incluyendo ultrasonidos portátiles, en sus campañas anuales. En la temporada más reciente, examinaron siete hembras adultas, de las cuales cuatro estaban embarazadas.
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Tres esperaban gemelos y la restante una sola cría. Uno de los fetos era notablemente más grande que el resto, un indicio de concepción fuera del periodo reproductivo típico. Estos resultados, recogidos por bioGraphic, apuntan a una alteración de las señales ambientales que regulan la reproducción de la especie.
Las hipótesis científicas principales giran en torno al impacto del cambio climático y la modificación de los ciclos de fructificación y floración de las plantas. “Estamos presenciando un momento extraño en la reproducción, y las plantas fructifican y florecen en periodos atípicos”, afirmó Baden en bioGraphic.
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“Probablemente, se deba al cambio climático. Las estaciones húmedas son mucho más secas”. Según la investigadora, estos desfases podrían provocar una ruptura en el sistema reproductivo de los lémures.
Por otro lado, Randy Junge investiga si la variación en nutrientes esenciales que aportan determinados árboles incide en la fertilidad. “Si hay un nutriente crucial que obtienen de un árbol concreto y este no da frutos, todo el ciclo reproductivo podría alterarse”, señaló Junge en bioGraphic. El veterinario advierte sobre la actual fragilidad: "El éxito reproductivo puede depender de un margen muy estrecho“.
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Desafíos de conservación y perspectivas a futuro
El panorama de conservación para los lémures en Madagascar es crítico. Según datos de bioGraphic, la población de lémures de collar blanco y negro se redujo al menos un 80% en las últimas dos décadas. Además del cambio climático, la desaparición del hábitat causada por tala, minería y caza, junto a la presión de las comunidades locales que dependen del bosque, agravan la situación.
Tim Eppley, director de conservación de Wildlife Madagascar, advirtió en ese medio que los lémures viven “en una situación muy precaria”, con buena parte de las más de 100 especies endémicas de la isla amenazadas de extinción y muchas poblaciones restringidas a fragmentos de bosque.
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Ante este escenario, el equipo de Baden y Junge planea mantener el monitoreo mediante ultrasonidos y estudios biomédicos en futuras expediciones. Buscan identificar los factores ambientales y biológicos que determinan la fertilidad de estos lémures, con la intención de contribuir a su conservación. El seguimiento detallado de embarazos y supervivencia de crías será clave para determinar si el reciente aumento de nacimientos representa una señal de alarma o una excepción.
El medio bioGraphic destaca que, si las nuevas crías sobreviven, una de las hembras podría alcanzar su tercer año consecutivo de reproducción, algo nunca registrado en la especie. Estas crías nacerán en un entorno cada vez más incierto, donde el futuro de los lémures de Madagascar depende de un equilibrio extremadamente frágil.
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