
Un estudio internacional, encabezado por investigadores de Stanford University y publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), confirmó que el leopardo de las nieves posee la diversidad genética más baja entre todos los grandes felinos. El equipo científico, liderado por Katherine A. Solari y Dmitri A. Petrov, colaboró con especialistas y autoridades de once países asiáticos para recolectar muestras de sangre y tejido de la especie en doce naciones —incluyendo Rusia, Afganistán, Nepal y Tíbet—.
El análisis genético, realizado en Stanford, permitió secuenciar el genoma de 37 ejemplares silvestres y seis procedentes de zoológicos, multiplicando por diez la cantidad de individuos estudiados hasta ese momento, según PNAS.
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El resultado principal reveló que la población mundial de leopardos de las nieves, estimada en menos de 8.000 ejemplares, presenta una homogeneidad genética inusualmente alta. “No tienen muchos individuos. No tienen mucha diversidad genética. Los leopardos de las nieves simplemente no están bien preparados para afrontar los cambios que probablemente se avecinan”, explicó Katie Solari. Esta ausencia de variabilidad genética incrementó su riesgo de extinción, particularmente ante el acelerado cambio climático.
A diferencia de otros grandes felinos, como el guepardo o la pantera de Florida —afectados por cuellos de botella genéticos recientes—, el leopardo de las nieves mantuvo históricamente una población pequeña pero estable. El análisis de PNAS indicó que esta situación permitió purgar efectivamente mutaciones perjudiciales a lo largo del tiempo. El estudio detectó una carga homocigota de mutaciones dañinas mucho menor en los leopardos de las nieves en comparación con otros miembros del género Panthera. Esto sugiere que los ejemplares portadores de rasgos negativos no se reprodujeron o sus descendientes sobrevivieron menos, lo que reforzó la salud general de la especie a pesar de su escaso número.
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La comparación con otros grandes felinos es clara. Los guepardos sufrieron drásticos descensos poblacionales que redujeron su diversidad genética, causando problemas como menor éxito reproductivo y mayor susceptibilidad a enfermedades. Los leopardos de las nieves, en cambio, aunque no presentan signos de endogamia elevada ni de acumulación de mutaciones dañinas, enfrentan una limitada capacidad de adaptación ante cambios ambientales bruscos.
El estudio remarcó que, pese a haber resistido históricamente en pequeñas poblaciones, los desafíos actuales generaron incertidumbre sobre su futuro. “Debido a que su hábitat es tan inhóspito, el crecimiento de la población humana no afectó mucho a los leopardos de las nieves, pero el cambio climático sí lo hará”, señaló Dmitri Petrov en el comunicado de Stanford University. La especialización de la especie en ecosistemas de alta montaña la volvió especialmente vulnerable a la degradación ambiental, escasez de espacio ecológico y baja densidad poblacional.
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Para enfrentar estos retos, el equipo de Stanford diseñó una nueva prueba genética no invasiva, descrita en Molecular Ecology Resources, capaz de analizar muestras fecales y ofrecer información precisa sobre la especie sin capturas ni sedación. Esta herramienta, desarrollada en el Programa de Genómica para la Conservación dirigido por Petrov, facilitará el monitoreo del leopardo de las nieves y permitirá tomar decisiones informadas para su protección. El uso de métodos genéticos avanzados, antes limitados a humanos y modelos de laboratorio, representó un avance crucial en la conservación de la fauna silvestre.
El leopardo de las nieves es fundamental en los ecosistemas de alta montaña de Asia. Su desaparición provocaría el colapso de toda la cadena ecológica, con efectos sobre presas como el carnero azul del Tíbet, el íbice siberiano y pequeños mamíferos como la pica. Si su hábitat se degrada, el riesgo de extinción es elevado ya que la población es muy reducida y el espacio ecológico disponible es mínimo.
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