
Un análisis realizado por expertos de la Universidad de Newcastle evidenció que la plasticidad energética de tiburones, rayas y mantas exige enfoques más precisos para proteger la biodiversidad marina. El estudio fue publicado en Ecology Letters.
La capacidad de estas especies para ajustar su crecimiento y reproducción según la cantidad de alimento disponible desafía los métodos convencionales para anticipar su conservación y gestión.
La investigación mostró que estos animales logran modificar tanto la reproducción como el crecimiento en función de la abundancia de recursos alimenticios, lo que complica la estimación de su resiliencia y riesgo de extinción.
Estas conclusiones tienen consecuencias directas para la pesca sostenible y la protección de la biodiversidad marina, según los autores.
Estrategias vitales ajustadas a la disponibilidad de recursos

El equipo de investigación, dirigido por Sol Lucas e Isabel Smallegange, aplicó modelos de presupuesto energético para analizar el impacto de la disponibilidad de alimento sobre los ciclos vitales de tiburones, rayas y mantas.
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Los resultados revelaron que, cuando la comida es abundante, las especies tienden a producir más crías. Esta plasticidad reproductiva y en el crecimiento no depende únicamente de la historia evolutiva o del hábitat, sino que responde directamente a las condiciones energéticas del entorno.
Durante décadas, la biología de la conservación se apoyó en indicadores como la tasa de crecimiento poblacional y la producción reproductiva para estimar la capacidad de recuperación de las especies y su riesgo de desaparecer.
El estudio demostró que tales parámetros no siempre reflejan la verdadera resiliencia de los elasmobranquios. De hecho, los autores encontraron que el estatus de conservación determinado por la Lista Roja de la UICN no se relaciona necesariamente con la producción reproductiva ni con la velocidad de reemplazo generacional.
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Modelos energéticos y nuevos enfoques para la gestión pesquera
Los investigadores analizaron datos demográficos de 151 especies, al utilizar modelos de proyección fundamentados en la teoría del presupuesto energético.
Este sistema cuantificó cómo cada individuo distribuye la energía entre crecimiento, supervivencia y reproducción, y permitió simular escenarios de variación alimenticia. El análisis detectó dos ejes principales en las estrategias vitales de los elasmobranquios: uno vinculado a la producción reproductiva y otro a la rotación generacional.
Con el aumento de alimento, las especies ajustaron su estrategia hacia una mayor producción de crías, sin modificar necesariamente la velocidad de reemplazo generacional.
La investigación también exploró la influencia del hábitat y la filogenia en la variabilidad de las estrategias vitales. Si bien la temperatura del agua no mostró efectos importantes sobre la producción reproductiva, sí se observó que las especies con mayor rotación generacional suelen habitar aguas más cálidas. Las rayas demostraron una tendencia a producir más crías que tiburones y mantas.
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Uno de los avances principales del estudio consiste en evidenciar que la flexibilidad de asignación energética permite a los elasmobranquios modificar su ciclo vital ante fluctuaciones ambientales, aumentando su capacidad de recuperación ante amenazas como la sobrepesca o el cambio climático.
Sin embargo, esta plasticidad implica que los métodos clásicos, basados en tasas fijas, pueden resultar insuficientes para prever la sostenibilidad de las poblaciones y el impacto de la explotación pesquera.
Sol Lucas, autor principal, señaló: “Nuestros hallazgos muestran que los tiburones, las rayas y las mantas son flexibles en su crecimiento y reproducción, ajustándose a la disponibilidad de alimentos en su entorno”.
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Isabel Smallegange también resaltó la importancia de comprender cómo la dinámica alimentaria influye en las estrategias vitales, especialmente en un contexto de preocupación global por la conservación de estos animales.
Los autores recomendaron fortalecer la investigación sobre cómo los cambios ambientales influyen en la flexibilidad reproductiva y de crecimiento de los elasmobranquios, y de qué manera estas capacidades de adaptación afectan su supervivencia ante la alteración de su entorno.
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