Riesgos poco conocidos de almacenar agua en botellas plásticas bajo el sol

Investigaciones recientes exploran cómo la exposición a altas temperaturas puede transformar el agua embotellada en una fuente inesperada de compuestos preocupantes para el bienestar físico y mental

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Recomiendan no dejar botellas de plástico en lugares calurosos para así reducir riesgos de microplásticos (Imagen Ilustrativa Infobae)
Recomiendan no dejar botellas de plástico en lugares calurosos para así reducir riesgos de microplásticos (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los microplásticos son partículas de plástico con un tamaño inferior a cinco milímetros que se han vuelto ubicuos en nuestro entorno. Las investigaciones demuestran que estas diminutas partículas están presentes en alimentos, agua, ropa, productos de cuidado personal, cosméticos y prácticamente en cualquier rincón del medio ambiente.

Su presencia no es exclusiva de zonas contaminadas ni de productos industriales; incluso las botellas de agua aparentemente limpias pueden contenerlas. Las botellas de plástico de un solo uso, fabricadas con tereftalato de polietileno (PET), constituyen una importante fuente de exposición a estas partículas y a otras sustancias químicas.

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A pesar de la apariencia sólida de las botellas, el plástico no es un material totalmente compacto. Según Bill Carroll, profesor adjunto de química en la Universidad de Indiana, este funciona como “una red enredada” que permite que ciertas moléculas, atrapadas en su interior, se vayan liberando lentamente con el tiempo. Eso incluye productos químicos y, en determinadas circunstancias, hasta metales.

La influencia de los factores “ambientales”

El calor y la luz ultravioleta no solo aceleran la liberación de sustancias químicas, sino que también degradan la estructura del plástico, facilitando la aparición de micro y nanopartículas. Un estudio publicado en 2023 sometió cuatro tipos de plástico, entre ellos el polietileno, a luz ultravioleta y a una temperatura de 37℃. El resultado fue la liberación de micropartículas y nanopartículas. En contraste, las muestras almacenadas en refrigeradores a 4℃ prácticamente no liberaron partículas.

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Los expertos recomiendan evitar dejar botellas de agua de plástico en lugares donde puedan calentarse, como el interior de un coche durante el verano, pues las altas temperaturas aceleran la degradación del material. Además del problema de los microplásticos, el calor favorece el crecimiento de patógenos al interior de la botella, lo que suma un riesgo bacteriano.

El calor y la luz ultravioleta aceleran la liberación de microplásticos y químicos en botellas de plástico (Imagen Ilustrativa Infobae)
El calor y la luz ultravioleta aceleran la liberación de microplásticos y químicos en botellas de plástico (Imagen Ilustrativa Infobae)

Riesgos potenciales para la salud

Jaime Ross, profesora adjunta de neurociencia en la Universidad de Rhode Island, señala que los incidentes aislados de exposición tienen riesgos bajos, pero advierte sobre el peligro de las exposiciones repetidas o crónicas. El laboratorio de Ross investiga el vínculo entre micro y nanoplásticos y la cognición y memoria en modelos animales, y sus hallazgos sugieren efectos a nivel cerebral cuando la exposición es prolongada.

Los nanoplásticos, que tienen un tamaño inferior a un micrómetro, pueden atravesar barreras biológicas y penetrar en órganos como el hígado, riñón, colon, placenta, pulmones, cerebro, corazón, e incluso ingresar a las células sanguíneas y la leche materna, según explicó Nicole Deziel, profesora asociada en la Escuela de Salud Pública de Yale.

Además de las partículas en sí, ciertos plásticos contienen productos químicos como fenoles y ftalatos, asociados a problemas de embarazo y de desarrollo neurológico. Aun así, Deziel subraya que la evidencia científica es reciente y limitada, y que los posibles efectos a largo plazo requieren más investigación.

Regulación y posiciones encontradas del sector

La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos supervisa la seguridad tanto del agua embotellada como de sus envases. Sin embargo, la Asociación Internacional de Agua Embotellada sostiene que, según la ciencia disponible, no hay pruebas suficientes para afirmar que el agua potable sea una de las principales vías de ingesta oral de microplásticos o nanoplásticos. Asimismo, recalcan que no existen métodos de análisis certificados ni consenso científico sobre los potenciales impactos en la salud humana.

Aunque los riesgos potenciales justifican cierta precaución, los expertos coinciden en que evitar la deshidratación es más urgente que el temor a los microplásticos. “Los peligros de la deshidratación son mucho peores que los peligros de estar expuesto a los microplásticos”, afirmó Christopher Hine, miembro del Departamento de Ciencias Cardiovasculares y Metabólicas de la Cleveland Clinic, en declaraciones recogidas por The Washington Post.

El agua embotellada no es la principal vía de ingesta de microplásticos, según la Asociación Internacional de Agua Embotellada (Imagen Ilustrativa Infobae)
El agua embotellada no es la principal vía de ingesta de microplásticos, según la Asociación Internacional de Agua Embotellada (Imagen Ilustrativa Infobae)

Cómo reducir la exposición a microplásticos

A pesar de la incertidumbre científica, se han identificado algunas prácticas para minimizar la exposición a microplásticos y nanoplásticos:

  • Usar botellas de vidrio o acero inoxidable: Deziel señala que los envases fabricados con materiales inertes como el vidrio o el acero inoxidable representan alternativas más seguras que el plástico. Incluso las botellas de plástico reutilizables sin BPA, fabricadas con plásticos más resistentes, presentan problemas similares a los de los envases desechables.
  • Evitar el calor y la luz ultravioleta: Matthew MacLeod, profesor en la Universidad de Estocolmo, recomienda mantener las botellas de plástico alejadas del sol y del calor extremo. Si es necesario transportarlas en un coche, lo ideal es guardarlas en una hielera, cubrirlas con una manta o mantenerlas fuera del alcance directo de la luz solar.
  • Renovar regularmente el agua embotellada de un solo uso almacenada en lugares calientes: Cambiar periódicamente estas botellas reduce la probabilidad de que liberen partículas y sustancias químicas.
  • Extender las mismas precauciones a los recipientes para alimentos: el sol y el calor pueden provocar la liberación de microplásticos y compuestos químicos también en los envases utilizados para almacenar alimentos.
  • Respetar la fecha de caducidad del envase: la fecha de caducidad muchas veces corresponde al envase y no al producto. Con el tiempo, el plástico puede comenzar a desprender partículas y filtrar sustancias químicas.
La exposición crónica a microplásticos podría afectar la cognición y la memoria, advierten investigaciones en modelos animales (Imagen Ilustrativa Infobae)
La exposición crónica a microplásticos podría afectar la cognición y la memoria, advierten investigaciones en modelos animales (Imagen Ilustrativa Infobae)

¿Debemos preocuparnos por el consumo de agua embotellada?

Evitar el consumo de agua de botellas de plástico desechables que han permanecido a altas temperaturas puede disminuir la exposición a microplásticos y sus riesgos asociados. Sin embargo, todos los especialistas coinciden en que, para personas sanas, es poco probable que una exposición ocasional cause daños graves a la salud. Ante una situación de sed extrema, es preferible hidratarse, aunque la única opción disponible sea una botella de plástico que ha estado al sol.

La ciencia avanza para identificar el verdadero alcance de estos contaminantes invisibles y sus implicaciones biológicas. Mientras tanto, tomar decisiones informadas y prácticas —como cambiar a botellas reutilizables de materiales inertes y proteger los envases de plástico del sol y el calor— puede ayudar a reducir riesgos para la salud sin perder de vista lo esencial: mantenerse correctamente hidratado, sin caer en el alarmismo.

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