
Un grupo de babuinos chacma en Sudáfrica sufrió cambios profundos en su salud, conducta y vínculos sociales luego de enfrentar episodios de violencia por parte de humanos. Así lo documentó una nueva investigación de la Universidad de Durham, publicada en la revista People and Nature, que analizó cómo los tiroteos afectaron a esta especie, no solo por las muertes causadas, sino también por las secuelas emocionales y físicas en los individuos sobrevivientes.
El grupo vivía cerca de un vertedero municipal en Alldays, provincia de Limpopo, y fue observado entre diciembre de 2019 y diciembre de 2020 por un equipo liderado por el Dr. Mokhlesur Rahman. El estudio se centró en dos tiroteos ocurridos en septiembre y octubre de 2020, cuyas consecuencias alteraron profundamente la vida diaria de estos primates.
Tiroteos, víctimas y contexto de convivencia
El primer ataque se registró el 27 de septiembre de 2020. Ese día, los investigadores encontraron los cuerpos de dos babuinos juveniles (un macho y una hembra) con heridas de bala en el sitio habitual de descanso del grupo. También desaparecieron dos crías de aproximadamente diez meses.
El segundo tiroteo ocurrió el 17 de octubre de ese mismo año. En esa ocasión, se observaron nuevas lesiones, vocalizaciones de dolor y la muerte de una hembra adulta de alto rango, su cría de ocho meses y un juvenil, todos con heridas de bala. Cuatro individuos resultaron heridos.

Antes de estos hechos, el grupo —formado por 25 integrantes— mantenía una rutina estable: se alimentaban principalmente en el vertedero, donde la interacción con los trabajadores era pacífica, y dormían en una torre de agua cercana.
Según informó la Universidad de Durham, los vínculos con el personal del vertedero eran cordiales, en contraste con los comportamientos agresivos mostrados ocasionalmente por otros residentes locales.
Estrés prolongado y alteraciones fisiológicas
Después de los tiroteos, los investigadores observaron un aumento marcado en conductas asociadas a la ansiedad, como el auto-rascado, reconocido como un signo de estrés en primates. Este comportamiento se mantuvo durante varias semanas.
Además, los análisis de muestras fecales detectaron niveles elevados de glucocorticoides —hormonas relacionadas con el estrés—, que persistieron incluso cuando los signos conductuales comenzaron a disminuir.
Los babuinos heridos tras el segundo ataque descansaron más tiempo y se alimentaron menos en comparación con los individuos no lesionados. Aunque no se encontraron diferencias en la frecuencia de alimentación, el impacto del trauma se reflejó en la reducción de la actividad y el aumento del reposo.
Los patrones de desplazamiento también cambiaron. Después del primer tiroteo, aumentaron la velocidad y la distancia recorrida al salir del sitio de descanso. Tras el segundo ataque, abandonaron definitivamente ese lugar, ampliaron su rango de movimiento y comenzaron a utilizar distintos puntos para dormir.
Estas modificaciones parecen ser una estrategia para evitar futuros ataques, aunque implican un mayor gasto energético y posibles consecuencias para su salud y reproducción.

Reconfiguración social: agresión reducida y nuevos vínculos
La violencia también dejó huella en la dinámica social del grupo. El estudio registró una disminución en las conductas agresivas y un cambio notable en los patrones de acicalamiento, sobre todo entre las hembras de bajo rango.
Antes de los ataques, estas solían acicalar a un número reducido de compañeras adultas. Después del segundo tiroteo, comenzaron a repartir esa conducta entre más integrantes del grupo, imitando los patrones de hembras de rango medio y alto.
De acuerdo con los autores, este cambio podría interpretarse como una forma de apoyo social para enfrentar el estrés emocional provocado por la pérdida de miembros y la tensión generalizada. Otros estudios sobre primates han identificado comportamientos similares como mecanismos de contención del estrés.
Capacidad de distinguir entre tipos de humanos
Otro hallazgo importante, reportado por la Universidad de Durham, fue la capacidad de los babuinos para distinguir entre diferentes tipos de humanos. Mientras que la relación con los trabajadores del vertedero se mantuvo estable después de los ataques, los animales mostraron mayor recelo hacia otras personas, como residentes locales o individuos que arrojaban basura.
Este comportamiento sugiere que los babuinos logran identificar y responder de forma diferenciada ante distintos niveles de amenaza humana, una habilidad que puede resultar clave para su supervivencia en ambientes cada vez más transformados por las personas.

Implicaciones para la conservación y la convivencia
El estudio dirigido por el Dr. Mokhlesur Rahman constituye, según sus autores, la primera investigación que analiza de forma sistemática las respuestas conductuales y fisiológicas de babuinos que sobrevivieron a episodios de persecución humana.
Los resultados muestran que la violencia ejercida por humanos tiene efectos mucho más amplios que la mortalidad directa: también impacta la salud mental, la fisiología y las relaciones sociales de los animales.
“El estudio ofrece una visión única sobre el costo de la persecución humana de animales”, afirmaron los investigadores en declaraciones difundidas por la Universidad de Durham. También subrayaron que, ante una creciente superposición entre hábitats humanos y espacios naturales, resulta vital comprender estos efectos para prever conflictos y reducir el sufrimiento animal.
Los autores concluyeron que es esencial considerar no solo las pérdidas inmediatas de individuos, sino también las consecuencias a largo plazo para los sobrevivientes. Conocer estos procesos permitirá diseñar estrategias de conservación que promuevan una convivencia más sostenible y menos traumática para la fauna en paisajes compartidos.
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