
¿Qué puede enseñarnos un pequeño organismo marino sobre la capacidad de adaptación frente al calentamiento global? En las aguas del Pacífico oriental tropical, un reciente estudio realizado Panamá reveló cómo la interacción entre organismos simbióticos y factores genéticos permite a los corales adaptarse a condiciones extremas.
Es que su sorprendente resistencia a las altas temperaturas podría ser clave para entender cómo algunos ecosistemas marinos pueden enfrentar los retos del cambio climático, ayudar a orientar las estrategias de conservación y brindar pistas para la protección de la biodiversidad marina.
Según un estudio publicado en Current Biology y conducido por el Smithsonian Tropical Research Institute (STRI), los corales del Pacífico oriental tropical panameño que habitan en zonas con mayor variabilidad térmica demuestran una capacidad superior para resistir episodios de calor extremo, en comparación con aquellos que viven en entornos más estables.
Adaptación térmica a través del holobionte coralino

La investigación, encabezada por Victoria Glynn, destaca el papel del holobionte coralino —una comunidad integrada por el coral, las algas simbióticas y su microbioma bacteriano— en la termorresistencia. El estudio se centró en dos regiones contrastantes de Panamá: el Golfo de Panamá, donde las temperaturas fluctúan significativamente, y el Golfo de Chiriquí, con aguas cálidas y constantes.
En ese sentido, fue durante la etapa doctoral que Glynn evaluó la respuesta de corales del género Pocillopora expuestos a estrés térmico agudo utilizando el sistema Coral Bleaching Automated Stress System (CBASS) a bordo del yate Acadia. El agua se calentó hasta 10,5℃ por encima del promedio local para simular condiciones extremas y observar las reacciones del holobionte.
Por su parte, el equipo dirigido por Sean Connolly recolectó muestras para análisis de ADN de los tres componentes del holobionte. Los resultados, difundidos por el STRI, mostraron que los corales del Golfo de Panamá resistieron mejor al calor que los del Golfo de Chiriquí, lo que apunta a una posible selección genética inducida por la exposición regular a variabilidad térmica.

Aunque ambos grupos pertenecían a linajes similares, pequeñas variaciones genéticas podrían explicar la diferencia de tolerancia. En relación con las algas simbióticas, a diferencia de otros estudios donde los corales cambiaban de socio algal bajo estrés, en este caso algunos corales conservaron su alga original incluso ante temperaturas elevadas.
Inestabilidad bacteriana bajo calor extremo
En cuanto al microbioma bacteriano, la temperatura elevada alteró rápidamente su composición, alcanzando un estado comparable al de organismos enfermos. Según el STRI, este cambio fue más abrupto que lo registrado en experimentos prolongados en la Gran Barrera de Coral de Australia, donde las alteraciones bacterianas fueron más graduales pese a temperaturas también elevadas.
Un hallazgo clave fue que el daño al microbioma ocurrió solo a partir de los 7,5℃ de incremento, lo que sugiere que en estos corales panameños, la muerte por calor puede producirse antes de que su flora bacteriana se deteriore de forma significativa.

El holobionte como enfoque integral
Para Glynn, actualmente investigadora posdoctoral en la Universidad de Vermont, comprender al holobionte como un sistema integrado es esencial. En declaraciones recogidas por el STRI, afirmó: “La supervivencia de los corales está intrínsecamente ligada a sus microbiomas". Al tiempo que aseguró que “debemos verlos como un todo integrado”.
Este enfoque permite comprender cómo la fisiología y el metabolismo del coral están influenciados por las interacciones entre los genes del animal, su simbionte algal y sus bacterias. El estudio subraya que estos elementos, modulados por el entorno y el linaje genético, conforman la base de su termotolerancia.
El STRI subraya que los arrecifes de coral, aunque cubren solo el 0,1% de la superficie terrestre, albergan cerca del 25% de la vida marina y brindan servicios clave a más de mil millones de personas, entre ellos pesca, turismo y protección costera.

Con esto en mente, el fenómeno del blanqueamiento coralino, inducido por el calentamiento oceánico, amenaza seriamente estos ecosistemas; y comprender cómo ciertos corales logran resistir o recuperarse ante el estrés térmico —como sugiere esta investigación— es vital para orientar estrategias de conservación eficaces.
De acuerdo con el STRI, el entorno del Pacífico oriental tropical representa un entorno idóneo para estudiar resiliencia coralina. Los resultados sugieren que los corales habituados a condiciones variables podrían estar mejor equipados para enfrentar futuros episodios climáticos extremos, como se evidenció tras el evento de El Niño en 1982.
En palabras recogidas por el STRI, Glynn concluyó: “Comprender la resiliencia de los corales es fundamental para guiar los esfuerzos de conservación, proteger a las comunidades costeras y salvaguardar la biodiversidad”.
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