
“Cuando dicen recortar en África, ¿qué es lo que quieren recortar?”, se preguntó Titus Gwemende, director de clima con sede en Zimbabue de la Open Society Foundation. “Aquí no hay nada que recortar. Los países africanos son los que están en el extremo receptor de este problema. Son los mayores emisores los que deberían tener la responsabilidad de recortar”, agrega. “Deberíamos ser sensibles a la historia”.
Esta es una de las tantas voces que se escuchan en la cumbre de medio ambiente que se realiza en Glasgow, la COP26, y que se vienen repitiendo desde hace un cuarto de siglo en este mismo ámbito. África contribuye apenas al 4% de las emisiones de gases contaminantes que provocan el cambio climático. Pero en todas las cumbres se exige a sus países mayores recortes de emisiones. Mientras varias naciones africanas que tienen abundancia de petróleo y gas natural, argumentan que el resto del mundo no tiene derecho a decirles que no lo usen y menos que recorten lo que no emiten.
Las reservas probadas de crudo en el continente africano ascienden a más de cien mil millones de barriles en once países, con Libia y Nigeria entre los 10 mayores productores mundiales. La región también es rica en gas: Nigeria, Argelia y Mozambique juntos poseen alrededor del 6% de las reservas de gas natural del mundo.
Ahora, en esta COP26, algunos líderes y activistas africanos manifestaron, por primera vez con tanta contundencia, su oposición a un giro más rápido hacia las energías renovables para sus países. Están presionando para que la transición sea más lenta, y que se mantenga la dependencia de los combustibles fósiles, sobre todo del gas natural, que se quema de forma más limpia que el carbón o el petróleo, aunque sigue bombeando a la atmósfera dióxido de carbono que calienta el planeta. Y exigen un acuerdo de megafinanciación que canalice 700.000 millones de dólares cada año a partir de 2025 para ayudar a los países en desarrollo a adaptarse a la crisis climática.

Tanguy Gahouma-Bekale, presidente del Grupo Africano de Negociadores sobre el Cambio Climático, dijo en una conferencia de prensa en Glasgow que el aumento de la financiación era necesario para la fase acelerada de descarbonización que limite el calentamiento global a 1,5C. “Estos fondos también serían esenciales para hacer frente a los impactos, como el calor más intenso, el aumento de las sequías y las tormentas e inundaciones más intensas, que están consumiendo una parte cada vez mayor del PIB de nuestros países”, dijo. Según un estudio presentado en la COP, algunos países africanos ya gastan más en la adaptación al clima que en la sanidad y la educación.
“Hay que empezar a trabajar en esto ahora”, lanzó Gahouma-Bekale, el diplomático climático de Gabón. “Las conversaciones sobre la financiación llevan tiempo, así que tenemos que tener una hoja de ruta ahora con hitos claros sobre cómo alcanzar los objetivos después de 2025 para garantizar que el dinero fluya cada año”.
También es una cuestión de justicia, aseguran los representantes de los países menos desarrollados. El problema climático fue creado en gran medida por Europa, Estados Unidos y Asia oriental, pero los peores impactos se producen en el hemisferio sur. En 2009, las naciones ricas prometieron 100.000 millones de dólares al año, lo que se consideró un anticipo y un importante gesto de confianza. Pero aún deben 20.000 millones.
El dinero se necesita inmediatamente, dicen los negociadores africanos. Según un reciente estudio de la Comisión Económica para África de las Naciones Unidas, Camerún dedica cerca del 9% de su PIB a la adaptación al clima, Etiopía el 8%, Zimbabue el 9%, mientras que Sierra Leona, Senegal y Ghana superan el 7%. Incluso con estos elevados porcentajes de financiación nacional, el estudio detectó un desfase de cerca del 80% entre las necesidades y los gastos.
Gahouma-Bekale, que también es asesor especial del presidente de Gabón, Ali Bongo, dijo que la fase de apertura de la Cop26 había impulsado al mundo en una dirección más positiva, pero que las palabras debían ser respaldadas por los hechos en la segunda semana de deliberaciones y antes de que finalice la cumbre este próximo viernes. “Hemos recibido algunas garantías durante la cumbre de los líderes mundiales de que realmente quieren cerrar la brecha y hemos visto fuertes anuncios sobre la deforestación y el metano”, dijo. “Lo que queremos ver ahora es la aplicación. Sólo la implementación de estas promesas puede darnos la seguridad que necesitamos de que podemos mantener el calentamiento en 1,5C”.

África representa menos del 4% de las emisiones mundiales históricas per cápita, frente al 25% de China, el 22% de la UE y el 13% de Estados Unidos. Sin embargo, ha sufrido muchos de los efectos más devastadores de las alteraciones climáticas, como las recientes sequías en el Sahel y las inundaciones en el delta del Nilo. Se espera que sea una de las regiones más vulnerables del mundo a las olas de calor y a las pérdidas de cosechas.
A pesar de esto, algunos países africanos están a la vanguardia en la desaceleración de la tala de bosques y la emisión de carbono. Un buen ejemplo es Gabón que ya tiene una economía de carbono negativo porque sus bosques tropicales en la cuenca del río Congo absorben más gases de efecto invernadero que los que emiten sus fábricas, coches y ciudades. Recientemente se aprobó en el parlamento de Libreville, la capital gabonesa, una ambiciosa ley sobre el clima que pretende garantizar que el país siga dependiendo de los bosques y la agricultura en lugar de la industria de los combustibles fósiles. Pero para lograr este objetivo, necesita de la ayuda internacional de los países más ricos que ya fue acordada en 2015 en París.
Muchas otras naciones africanas dependen del carbón para obtener electricidad y no se sumaron a la declaración realizada esta semana por más de 40 países para abandonar antes de 2030 este combustible fósil, el más contaminante. “Es una muy buena noticia para el mundo”, dijo Tanguy Gahouma-Bekale una entrevista con The Scotsman, el prestigioso diario escocés. “Si queremos tener éxito con los objetivos de París, debemos eliminar todos los combustibles fósiles, y el carbón está entre ellos. Pero nuestra situación en África es diferente. Todavía estamos en vías de desarrollo. No podemos dejar drásticamente el carbón y el petróleo. Por ahora tenemos que utilizarlo para erradicar la pobreza y el acceso a la energía. Necesitaremos apoyo para la transición. Y tenemos que ser flexibles. Durante cinco o diez años, debemos hacer las dos cosas a la vez, carbón y renovables, para que la transición sea suave”.

Un analista del diario The Guardian de Londres decía que “insistir en que los países africanos realicen una transición más rápida a las energías renovables es como si las naciones desarrolladas utilizaran una escalera para escalar un muro y luego la subieran antes de que los países en desarrollo pudieran hacer lo mismo”.
“Los esfuerzos por restringir las inversiones en combustibles fósiles en África son aún más difíciles de digerir porque muchos de los países ricos que los respaldan -incluidos Japón, el Reino Unido y Estados Unidos- incluyen el gas natural en sus propios planes de varias décadas para la transición a la energía limpia”, escribió Yemi Osinbajo, vicepresidente de Nigeria, en la revista Foreign Affairs. Nigeria depende en gran medida del gas para obtener electricidad, y del crudo para obtener ingresos. “La acción climática no debería significar el estrangulamiento de todos los proyectos de combustibles fósiles, sino facilitar el flujo de capital a los países que más lo necesitan”, escribió Osinbajo.
Lo que está en juego en Glasgow es el desarrollo de 1.200 millones de africanos, la mitad de las cuales no tienen acceso a la electricidad. Ese en ese sector energético y la transición a los renovables es, principalmente, donde los líderes de los 54 países del continente quieren invertir esa megafinanciación de 700.000 millones de dólares que están pidiendo ahora en Glasgow.
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