En la noche del 8 de noviembre de 2016 Hillary Clinton se sentía “desconcertada, asombrada" ante los resultados que daban a Donald Trump como ganador en estados claves para el Colegio Electoral, en unos comicios reñidos. “¿Qué es lo que pasa? Estuve en un montón de elecciones y no me vi venir algo así”, pensaba. Estaba sola, sobre una cama en la trastienda del Jarvis Center, donde miles de demócratas habían llegado para festejar su victoria como presidenta de los Estados Unidos, que anunciaban las encuestas pero no sucedió. Entonces recibió una llamada de Barack Obama:
—Lo siento mucho.
—No voy a reconocer la derrota hasta mañana —le advirtió a su ex jefe.
—Bueno, entonces tienes que llamar a Trump —le dijo el presidente saliente.
—Oh, no. Hombre, no.
La campaña había sido una carnicería. “Su agenda es la agenda de otros”, se la ve susurrarle a Tim Kaine, su candidato a vice, en otro momento del último capítulo del documental Hillary, de Nanette Burstein. "Estamos indagando mucho. Él es el vehículo de otra gente. [El jefe de campaña de Trump, Paul] Manafort, toda esa conexión con Ucrania es extraña. Y [Michael] Flynn, una herramienta pagada por la televisión rusa...
El final de las cuatro horas y 17 minutos de la serie —en Hulu, desde el 6 de marzo— se concentra en el ascenso y la caída de la candidata presidencial demócrata en 2016, y a diferencia de los tres capítulos anteriores, que hacen un recorrido histórico, concentra esa misma historia entera en 2016. Burstein —que exhibió su documental el 25 de enero en el Festival de Sundance— se arriesgó así a identificar dos nombres como causas de la derrota de Clinton: Vladimir Putin y Monica Lewinsky.
Mucho se ha dicho sobre la injerencia rusa en las elecciones presidenciales de los Estados Unidos, sobre todo desde que comenzó 2020, año de una nueva votación. Hillary cuenta la secuencia que siguió al escándalo por los e-mails que la ex secretaria de Estado envió desde un servidor privado: ciberataques rusos que denunció la Casa Blanca, y que de inmediato acalló un video de Trump haciendo alarde de abusos sexuales, entre cuyo ruido WikiLeaks filtró 2.000 correos del jefe de campaña de Clinton en el que se revelaban los discursos de ella ante Wall Street. Resultado: en cuestión de días la denuncia de los ciberataques rusos había sido olvidada.
Menos se sabe, en cambio, de las encuestas y los focus groups que hacía la campaña de Clinton en la cual surgía que había un núcleo duro de votantes que la rechazaban porque no había roto su matrimonio con el ex presidente tras el affair con la becaria de la Casa Blanca: para ellos eso era una suerte de prueba de que la candidata demócrata tenía una ambición extrema, malsana.
Habían pasado más dos décadas desde el affair de Bill Clinton y Monica Lewinsky, pero la sombra del caso parece haber seguido sobre el destino personal de Hillary Clinton. Cuando, poco después del impeachment de él en 1999, ella se presentó como candidata a senadora por el estado de Nueva York, los sondeos mostraron una paradoja: sobre todo las mujeres, la consideraban “cegada por el poder” por no haberse divorciado, no obstante lo cual lo volverían a votar a él.
La película de Burstein —quien además de entrevistar a la política accedió a su familia, sus colaboradores, sus amigas, el ex presidente Obama, los archivos personales de los Clinton y 2.000 horas de filmación de la campaña 2016— sintetizó velozmente los años de Hillary en el Senado, señalando hitos como sus acciones tras los atentados del 11 de septiembre en Nueva York, su buena relación con “los principales verdugos de su marido” (como llamó una de sus colaboradoras a los republicanos Newt Gingrich, Lindsey Graham y John McCain) y la intensidad de su trabajo que la convirtió en la senadora que puso su nombre en más leyes en el periodo. Eso, identificó correctamente una alarma del Partido Republicano, era la señal de que alguna vez aspiraría a la presidencia.

La primera vez que lo hizo, en 2008, el “Sí, podemos”, de Obama creció como una ola gigante que finalmente la tapó. Es muy interesante también ver los ataques sexistas que era normal echar sobre una mujer en el horario central de la televisión —“Tiene síndrome premenstrual”, “Cuando alza la voz, todos los hombres casados de los Estados Unidos la rechazan”, “Está ahí por el esposo”— y en los actos, como el manifestante que fue con un cartel que decía “Plánchame las camisas”.
Tras el triunfo de Obama, se integró a su gabinete como secretaria de Estado. El ex presidente recordó ante la cámara de Burstein que por entonces “la imagen global de China y Rusia era similar a la de los Estados Unidos, que había caído mucho", y la puso a cargo de reparar las relaciones de su país con el mundo. Y ella siguió acumulando experiencia: viajó por 112 países en más de 400 días.
Fue entonces que comenzó su rivalidad con Vladimir Putin. Ya se había burlado de él en su tiempo de senadora, cuando el presidente George W. Bush recibió al ruso y declaró: “Miré a sus ojos y vi su alma”. Ella declaró: “Como agente del KGB, por definición, no tiene alma”. Pero en 2011 Clinton calificó de “fraudulentas” las elecciones parlamentarias en Rusia y exigió una investigación, muestra Hillary. Putin la acusó de haber instigado las protestas, que por su parte reprimió.

“En su dinámica juntos, a él se le nota todo lo que ella le desagrada”, dijo un ex colaborador de Clinton en el documental. “Pero también se ve que le tiene respeto a regañadientes. La ve como un par”.
—Según todo lo que veo, Putin no tiene respeto por esta... persona —dijo Trump en el tercer y último debate presidencial en 2016, mientras la señalaba con un dedo.
—Bueno, eso es porque preferiría tener una marioneta como presidente —le respondió ella.
Esa fue buena parte de la estrategia de campaña: seguirle el juego a Trump en sus barbaridades vocales mientras ellas se mostraba como una política experimentada. Eso, creyeron los demócratas, iba a sacarlo del camino. Pero eso era precisamente lo que Trump vendía. “Está casada con el peor predador de mujeres”, dijo, por ejemplo, Trump. “Y ella se lo facilitó”.

Once días antes de las elecciones el FBI reabrió la investigación de los e-mails de Clinton, en la que había sido exonerada, preventivamente: tal vez podrían tener que ver con un escándalo sexual del ex marido de su colaboradora en la campaña Huma Abedin. Cuando James Comey volvió a cerrar el caso, confirmando su exoneración, faltaban dos días para las elecciones. Nadie le prestó atención: la conversación pública giraba alrededor de los e-mails. “La corrupción de Hillary Clinton es de una escala que nunca antes vimos”, dijo Trump.
Acaso por ese clima sombrío —Abedin quedó muy afectada por el impacto que el caso tuvo en la campaña de su jefa y amiga— no se filmó el backstage de la espera de los resultados de las elecciones del 8 de noviembre. El jefe de la campaña recordó ante Burstein que en un momento le dijo a Clinton: “Creo que te decepcionamos”. Otros colaboradores que compartieron la jornada contaron que muchos de ellos lloraron.
¿Y ella?

“Estaba emocionalmente destrozada”, dijo a la cámara. “También me preocupaba que él no estaría a la altura de las circunstancias”.
Por fin pronunció el discurso de reconocimiento de su derrota. “Fue uno de los momentos más duros de mi vida pública”, reconoció a Burstein. Tuvo palabras de gratitud especiales para las jóvenes que la apoyaron. Y también para las niñas que se decepcionaron porque la mujer más poderosa del país no pudiera llegar a la Casa Blanca: “Nunca duden de que son valiosas y poderosas, que merecen todas las oportunidades en el mundo para perseguir y lograr sus sueños”.
—Fue muy difícil no llorar —reconoció en las escenas finales de la serie—. Bill y yo nos fuimos. En la parte de atrás de la camioneta, colapsé.

A esa altura la canción “Take Back the Power”, de los Interrupters —“¿Cuál es tu plan para el futuro? ¿Vas a ser líder o vas a seguir? ¿Vas a luchar o te vas a acobardar? Llegó nuestra hora de recuperar el poder”—, que abrió los cuatro capítulos de Hillary (The Golden Girl, La muchacha de oro; Becoming a Lady, Convertirse en una dama; The Hardest Decision, La decisión más difícil, y Be Our Champion, Go Away, Sé nuestra líder, vete) parecía pertenecer a otra película.
Aunque el arco narrativo deja como mensaje que Hillary Clinton intentó distintas estrategias para triunfar como mujer en la arena pública y no pudo llegar a presidenta de su país, la cineasta cerró su obra con un tono optimista: en 2018 una cantidad récord de mujeres ingresó al Congreso de los Estados Unidos. El tono sombrío, no obstante, predomina en el cierre:
—Al final de cuentas, amé y fui amada, y el resto es música de fondo —dice Clinton, desde su nuevo lugar de retirada de la política.
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