Ganarse la lotería no garantiza necesariamente que una persona quede libre de la bancarrota.

De hecho, según la organización estadounidense que supervisa a los planificadores financieros, CFP Board (por Certified Financial Planner Board of Standards), casi un tercio de los ganadores de la lotería se declaran en bancarrota.

En primer lugar, debe tenerse en cuenta que la cantidad de dinero que llega a manos del afortunado o la afortunada para recibirlo en un solo pago no es la que las vallas y los anuncios lumínicos anunciaban en el sorteo.

Un boleto de “Powerball”
Un boleto de “Powerball”

Por ejemplo, el Mega Millions que recientemente acertó un solo ticket en Carolina del Sur era de USD 1.537 millones.  A menos que acepte recibir los pagos en un lapso de tres décadas, en cantidades que van aumentando año tras año, quien lo ganó o quienes lo ganaron no recibirán USD 1.537 millones, sino USD 878.

Y todavía el fisco no ha metido la mano; esas son las reglas de la lotería, explica la revista digital The Conversation.  Si el ganador viene de un estado que, como Florida o Texas, no cobra impuestos de lotería, debe restar "solamente" los impuestos federales, que serían de USD 211 millones.

Si, como en este caso, el ganador es de Carolina del Sur, allí el estado cobra un 7%, lo que deja el total en USD 606 millones.

De USD 1.537 a USD 606 van casi mil millones de dólares.  Eso es lo que llega a la cuenta bancaria del ganador.  Mucho dinero, es cierto.  Pero aquí empieza la parte que tiene que ver con las decisiones personales.

Una investigación hecha en 2001 por los economistas Guido Imbens y Bruce Sacerdote con el experto en estadísticas Donald Rubin, y citada por The Conversation, muestra que cuando una persona recibe de golpe una gran cantidad de dinero inesperado, tiende a hacer gastos excesivos.

La prueba: al cabo de una década de haberse ganado la lotería, como promedio, los afortunados ahorraron solamente 16 centavos de cada dólar del premio.

(Twitter)
(Twitter)

El análisis hecho por la revista descubre que una persona de entre 20 y 50 años que recibe una herencia muy grande o un premio de lotería pierde rápidamente la mitad del dinero en gastos o malas inversiones.

Y hay que esforzarse para llegar al desastre.  Alguien a quien le queden como promedio 45 años de vida y reciba, después de todos los descuentos, la suma de USD 900 millones, tendría que gastar alrededor de USD 20 millones al año, o USD 55 mil al día, para morir sin un centavo.

Las inversiones en propiedades y valores, desde una mansión hasta un Ferrari o un Aston Martin, pueden ser el primer antídoto contra ese peligro, según la investigación.  En esos casos el dinero tiende a conservar o incrementar su valor, aun pese a la depreciación.

Huntington Hartford (Foto: Wikipedia)
Huntington Hartford (Foto: Wikipedia)

Pero no siempre es así, indica The Conversation, y pone el ejemplo de Huntington Hartford, quien en 1923, a los 12 años, heredó la cadena de supermercados A&P, la primera que cubrió Estados Unidos de costa a costa, una especie de Walmart en la época.

Considerando el ajuste de valor financiero del dólar entonces, Hartford recibió el equivalente a USD 1.300 millones de hoy.  Sin embargo, se declaró en bancarrota en Nueva York en 1992, después de haber heredado una de las mayores fortunas del planeta.

Porque era un Rey Midas, pero al revés, dice la revista. Sus inversiones en bienes raíces, museos y espectáculos fueron un desastre, y su vida disipada no ayudó mucho.

Eso, sin contar lo que muestran otros estudios, según los cuales los ganadores de la lotería frecuentemente se alejan de familiares y amigos y caen en depresiones recurrentes, con tasas de divorcio, suicidio y abuso de alcohol y drogas por encima del estadounidense promedio.

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