Donald Trump cumple un año como presidente
Donald Trump cumple un año como presidente

Donald Trump, el magnate inmobiliario y estrella televisiva que nadie tomó muy en serio cuando anunció el 16 de junio de 2015 su deseo de competir por la presidencia, está por cumplir un año al frente de la máxima potencia económica, política y militar del planeta. Desde entonces hasta hoy, la sociedad estadounidense tiene opiniones muy divergentes sobre su persona y su actuación. Para sus detractores, este año confirmó sus temores y Estados Unidos está en su peor momento. Para sus seguidores, en cambio, es el mejor presidente del que tienen memoria y está "haciendo grande de nuevo a América".

Una manera de hacer un balance más mesurado de su gestión es limitarse a tomar algunos datos concretos, que muestran al menos parte de lo que pasó en este tiempo. El primer año de Trump en el poder, en 25 números.

En el plano económico, el dato más importante es que creció el PIB un 2,5% en 2017, según el consenso de los economistas, ya que aún no se cerraron los datos oficiales del año. Supone un salto respecto del 1,6% de 2016. La inflación anual fue 2,1%, el mismo nivel que había tenido en 2016.
El desempleo entre los latinos se ubicó en 4,7%, el menor nivel en la historia del país. Se profundizó así la tendencia que había comenzado en el gobierno de Barack Obama, durante el cual bajó de 13,3% en 2010 a 5,9% en 2016. Descensos similares experimentaron durante el último año el desempleo entre los afroamericanos (de 8,8 a 6,8%) y entre las mujeres (de 5,3 a 4,7%). La desocupación general, que se ubicó en 4,1%, es la más baja desde 2000.

Un dato negativo es que el déficit fiscal de 2017 fue de 665.710 millones de dólares, que representan un 3,47% del PIB. Aumentó un 14% respecto de 2016, cuando había sido de 584.650 millones de dólares (3,15% del PIB). Hay que tener en cuenta que en Estados Unidos los años fiscales van desde el 1 de octubre hasta el 30 de septiembre siguiente, de modo que los primeros tres meses y 20 días corresponden a la gestión de Obama y no a la de Trump.

El índice Dow Jones llegó a 25.803 puntos el viernes 12 de enero. Cuando asumió Trump estaba en 19.827 puntos, lo que supone un crecimiento del 30,1 por ciento. Es cierto que la bolsa ya venía escalando: el incremento total durante la administración Obama fue de un 149 por ciento. Por otro lado, el Índice de Confianza en el Consumidor de Bloomberg trepó a 53.5, el máximo desde 2001. Creció ocho puntos en un año, tras un 2016 en el que había oscilado en torno a 45.

El recorte impositivo estipulado en la reforma fiscal aprobada por el Congreso y promulgada el 22 de diciembre asciende a 1.5 billón de dólares. Es la mayor reducción de la presión tributaria en tres décadas. Entre otros puntos, se redujo de 39,6 a 37% la carga máxima para las personas más ricas (hay recortes similares para las categorías medias y medias bajas) y descendió de 35 a 21% el impuesto a las empresas. El proyecto original sufrió muchas modificaciones en el Parlamento, pero fue la mayor victoria legislativa para Trump.

A pesar de ese triunfo, no fue un buen año para el presidente en el Congreso. Fueron sancionadas 96 leyes durante su mandato, el número más bajo entre los últimos diez gobiernos. El que más se le acerca es Obama, con 118. El dato es llamativo, primero porque al cumplir sus primeros 100 días era el que más leyes había promulgado, y segundo, porque cuenta con mayoría en ambas cámaras legislativas.

Para compensar la escasez de leyes, firmó 58 órdenes ejecutivas (OE), más del doble que su antecesor en el mismo período. Es el mandatario que más OE dictó desde Lyndon B. Johnson (1963 — 1969). La primera, que firmó horas después de asumir, es la 13.765, destinada a modificar algunos aspectos administrativos del Obamacare, la reforma de salud de Obama. Trump trató de eliminarla, pero no tuvo éxito por falta de apoyo parlamentario. La última OE que sacó es la 13.822, del 9 de enero. Está destinada a apoyar a los veteranos de guerra a hacer la transición de la vida militar a la civil.

En su afán por reducir la intervención del Estado en la economía, revocó 67 regulaciones administrativas. Además, 635 medidas regulatorias proyectadas por el gobierno anterior, que no llegaron a ser implementadas, fueron desarticuladas. Otras 700 fueron pospuestas.

Un rubro en el que Trump se mostró hiperactivo fue en el nombramiento de jueces. Ya van 60, muy por encima de los últimos presidentes. De ellos, 59 son magistrados federales de tribunales intermedios, y uno es un ministro de la Suprema Corte, Neil Gorsuch. Su designación fue el primer éxito legislativo del mandatario, celebrado especialmente por los sectores políticos conservadores, ya que tiene una postura contraria al aborto y a la legalización de las drogas. Será uno de sus principales legados.

Las convulsiones internas que atravesó este gobierno a lo largo de su primer año quedaron en evidencia con los 29 funcionarios del Poder Ejecutivo nombrados por Trump que dejaron su cargo. El primero fue Michael Flynn, que renunció como asesor de Seguridad Nacional el lunes 13 de febrero, 22 días después de haber asumido, luego de que se revelaran sus encuentros secretos con el embajador ruso en Washington, Sergey Kislyak. En la lista hay dos secretarios de estado. Uno es Tom Price, que se fue el 29 de septiembre del Departamento de Salud y Servicios Sociales, tras las críticas que recibió por usar jets privados y aviones militares para sus traslados. El otro es John F. Kelly, que se fue del Departamento de Seguridad Nacional para asumir como jefe de gabinete, en reemplazo de Reince Priebus, que dejó el cargo el 31 de julio, enfrentado con otros miembros del Ejecutivo. La salida más resonante fue la de Steve Bannon, que asumió como consejero y jefe de estrategia de la Casa Blanca, pero que se fue peleado con el presidente el 18 de agosto pasado.

Algunos de estos cortocircuitos, y la sensación de que no pudo cumplir con muchas de sus promesas, explican que el 56% de los estadounidenses reprueben la gestión de Trump al cabo de un año en la Casa Blanca, según el promedio de todas las encuestas que realiza RealClearPolitics. Sólo la aprueba el 39,2% de la población, el porcentaje más bajo —desde que hay registros— para un presidente a esta altura del primer mandato. El que más se le acerca es Ronald Reagan (1981 — 1989), que a un año de haber asumido tenía un apoyo del 49 por ciento.

Uno de los campos en los que avanzó mucho menos de lo que pretendía es en la modificación de la política migratoria. Aquí se pueden encontrar algunos datos contradictorios. Por un lado, 226.119 personas fueron deportadas en 2017, un 6,2% menos que en 2016, lo que resulta sorprendente si se tiene en cuenta la línea dura promovida por el gobierno en este punto. Es necesario aclarar que la información oficial está dividida en años fiscales, razón por la cual —como se explicó anteriormente— los primeros tres meses y 20 días de 2017 corresponden a la gestión Obama. De todos modos, si bien disminuyó el total de deportaciones —contando a quienes son parados en la frontera y devueltos a sus países en el momento—, aumentó un 25% (de 65.332 a 81.603) el número de inmigrantes que ya estaban viviendo en Estados Unidos y fueron expulsados.

Un tema que estuvo en agenda desde enero hasta diciembre fue su controvertido veto migratorio, que terminó afectando a los ciudadanos de ocho países: Chad, Irán, Libia, Corea del Norte, Somalia, Siria, Venezuela y Yemen. La norma sufrió diversas modificaciones a lo largo del año por las numerosas objeciones judiciales que recibió. La disposición original, contenida en la OE 13.769, del 27 de enero de 2017, se titulaba "Protegiendo a la Nación del ingreso de terroristas extranjeros", y prohibía la entrada a Estados Unidos de ciudadanos provenientes de seis países, todos de mayoría musulmana: Irán, Libia, Somalia, Sudán, Siria y Yemen.

Como la Justicia suspendió su aplicación de forma casi inmediata por considerarla inconstitucional y discriminatoria, fue reemplazada el 6 de marzo por otra OE, la 13.780, concebida por el propio presidente como una versión "lavada" de la anterior, ya que decía expresamente que la prohibición "sólo" afectaba a individuos sin visa ni vínculos probados con Estados Unidos. Igualmente fue bloqueada por distintos tribunales, hasta que la Suprema Corte autorizó su implementación el 26 de junio. A pedido de la máxima autoridad judicial, el gobierno expidió el 24 de septiembre una proclama aclaratoria que moderó aún más la norma, sacó a Sudán del listado de países y, para reducir el sesgo antimusulmán, incorporó a Corea del Norte, Venezuela y Chad.

Lo que se quedó en cero es la construcción del imponente muro que había prometido levantar en la frontera con México. Dispuso su creación en la OE 13.767 del 25 de enero de 2017, titulada "Seguridad de frontera y mejora del control migratorio", pero el Congreso le negó los fondos y México se rehúsa a financiarlo. Hasta el momento, el único avance registrado es la construcción de ocho prototipos, de menos de 10 metros cada uno, que están arrumbados en el desierto cerca de San Diego, California.

Si bien su política migratoria le generó conflictos con otros estados, no le impidió realizar cuatro giras internacionales, en las que visitó 13 países. En la primera, entre el 20 y el 27 de mayo de 2017, estuvo en Arabia Saudita, Israel, Palestina, Bélgica e Italia, donde asistió a la cumbre G7. La segunda se extendió entre el 5 y el 8 de julio, e incluyó Polonia y Alemania, donde fue para la cumbre del G20. Invitado por el presidente Emmanuel Macron para la celebración del aniversario de la Revolución Francesa, estuvo entre el 13 y el 14 de julio en París. En su última gira, que discurrió entre el 5 y el 14 de noviembre, visitó Japón, Corea del Sur, China, Vietnam y Filipinas.

Como parte de esa mirada más dura de las relaciones internacionales, decidió llevar a 700.000 millones de dólares el gasto militar, según el presupuesto que aprobó el Congreso para 2018, un récord absoluto. No obstante, a menos que el parlamento derogue una ley de 2011 que le pone un tope a todos los gastos del gobierno federal, el monto terminará bajando a 549.000 millones de dólares.

En su incursión militar más letal desde que es presidente, 94 combatientes de ISIS murieron el 13 de abril luego de que Estados Unidos lanzara en Afganistán a "la madre de todas las bombas". La GBU-43/B Massive Ordnance Air Blast Bomb (MOAB) es el explosivo no nuclear más potente que se ha usado en combate. El objetivo era destruir un sistema de túneles que el Estado Islámico utilizaba para esconderse.

Otro rasgo que distingue a Trump de sus antecesores es su forma de comunicarse. Es cierto que mantiene algunas prácticas de políticos tradicionales, como los 50 discursos que pronunció. El primero fue el 20 de enero de 2017, el día que asumió, y el último fue el 8 de enero pasado, durante la convención anual de la Federación Estadounidense de Agricultores. Además, concedió 39 entrevistas. Lo curioso es que 19 fueron con distintos programas de la cadena Fox, por lejos el medio que más veces atendió.

En lo que sí innovó definitivamente es en el uso por momentos explosivo de su cuenta personal de Twitter, @RealDonaldTrump, desde la cual tuiteó 2.559 veces. A través de todas estas plataformas de expresión, Trump utilizó en 347 oportunidades, casi una vez por día de promedio, la expresión Fake News ("noticias falsas") o Fake Media ("medios falsos/farsantes"), su eslogan en la pelea que mantiene con algunos de los principales medios de comunicación de país.

El mandatario mostró en este tiempo que tiene preferencias muy definidas. Por ejemplo, viajó 31 veces a Virginia (vecina a Washington, DC), el estado que visitó en más ocasiones. Estuvo allí más del doble de veces que en el segundo, Florida, al que viajó en 12 oportunidades. Por otro lado, realizó 89 visitas a campos de golf, el deporte que elije para distraerse. En muchas de esas ocasiones jugó, pero en otras sólo estuvo de paso.

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