
La participación de Alemania en el Mundial de 1934 comenzó como el nazismo exigía: una goleada por 5 a 2 frente a Bélgica en el Giovanni Berta de Florencia depositó al equipo de Otto Nerz en los cuartos de final del torneo.
Sin embargo, cuando la escuadra germana superó a Suecia en el Giuseppe Meazza de Milán, el contexto que atravesaba el país fascista debilitó al combinado que se posicionaba como serio candidato al título.
La metodología autoritaria basada en el racismo, represión y antisemitismo llevó a que Rudolf Gramlich, defensor alemán, deba dejar la concentración para regresar a su país porque el gobierno había expropiado la fábrica de zapatos en la que trabajaba.
Como los dueños del emprendimiento de calzado eran judíos, Paul von Hindenburg, primer líder del Gran Imperio, confiscó las instalaciones como a tantas otras pertenecientes a grupos étnicos, que eran considerados indeseables y fueron perseguidos o asesinados.

Sin empleo en Frankfurt, el jugador se sumó a las filas del cuerpo militar del Partido Nacionalista y traicionó a sus empleadores en las Schutzstaffel. Con los conocimientos que había adquirido como curtidor, en 1936 fundó su propio negocio de cuero y se convirtió en un principal proveedor de botas de la SS. Además, regresó a su selección para los Juegos Olímpicos de Berlín, donde fue nombrado capitán y decepcionó al Tercer Reich con la sorpresiva eliminación en los cuartos de final frente a Noruega.
La inesperada salida de la Copa del Mundo de Gramlich obligó al entrenador alemán a convocar de urgencia Reinhold Münzenberg, un zaguero del Aquisgrán que contaba con cierta experiencia internacional.
Sin embargo, su llegada a Italia tuvo una demora por dos motivos: los traslados de la época no eran tan frecuentes y veloces como en la actualidad; y el jugador tenía programado su boda para esa fecha. Como lo retrata Luciano Wernicke en Historias insólitas de los mundiales, el diálogo que mantuvo el futbolista con Josef Herberger, ayudante de campo de Nerz, no dio lugar a la negativa: "Una fecha de casamiento se puede retrasar, pero un Mundial, no", fue la frase que aplicó el integrante del cuerpo técnico para convencer a Münzenberg.

Si bien el defensor no logró estar en las semifinales frente a Checoslovaquia (derrota por 3 a 1), el zaguero fue titular en el duelo por el tercer puesto contra Austria. A diferencia de lo que alguna vez le pasó a Javier Pinola, quien canceló su casamiento por pedido de Basile durante la Copa América disputada en Venezuela y luego no fue tenido en cuenta por el regreso de Riquelme al combinado albiceleste, el alemán tuvo su recompensa con la medalla de bronce que le otorgó la victoria por 3 a 2.
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