(AFP)
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Fueron cerca de 500 invitados los que estuvieron presentes en la millonaria boda del capitán del Real Madrid, Sergio Ramos, y de la presentadora Pilar Rubio en la finca del futbolista La Alegría. Todo era glamour hasta que, días más tarde, una empleada reveló detalles inéditos.

La mujer, que no quiso dar a conocer su nombre, habló con el programa televisivo español Sálvame y cargó contra los supervisores que organizaron y se encargaron de los servicios de la fiesta, de la que recientemente se conocieron las primeras imágenes.

"El equipo de trabajo, fatal. Pagan diez euros la hora", aseguró la empleada, que también se quejó por promesas incumplidas:"Dijeron unas cosas que después no se cumplieron, como que nos iban a llevar en unos vehículos" hasta la finca.

Los Beckham fueron los invitados VIP (AFP)
Los Beckham fueron los invitados VIP (AFP)

"Me trataron como a un perro", se lamentó la mujer, haciendo referencia a uno de los supervisores a cargo del protocolo. Además comentó que los empleados, tanto hombres como mujeres, debían cambiarse de ropa en una misma carpa para volver a salir y asistir a los invitados: "Estábamos allí todos desnudos, una vergüenza… era la primera vez en mi vida que trabajaba en esas condiciones".

Por otro lado, informó que los empleados pasaron muchas horas sin comer y cuando pudieron hacerlo fue a las tres de la mañana y de las sobras que dejaron los comensales. La mujer, sin embargo, reconoció que los recién casados nunca se enteraron de la interna que se vivía en ese sector: "Si lo hubieran sabido, no creo que lo hubieran permitido", aseguró.

Finalmente, también detalló que tuvo que firmar un "contrato de confidencialidad", en el que se establecía una multa de 100 mil euros en el caso de que filtraran imágenes de la fiesta.

La fiesta reunió cerca de 500 personas (AFP)
La fiesta reunió cerca de 500 personas (AFP)

El programa Sálvame confirmó que tuvo acceso al acuerdo que fue firmado por los empleados: "Las partes aceptan que esta información confidencial es exclusiva propiedad de la parte contratante, por lo que la divulgación de la misma puede suponer un perjuicio para ellos", decía en una parte del contrato.

"La parte receptora se compromete a no venderla, intercambiarla, publicarla, reproducirla o revelarla a nadie de ninguna forma sin el consentimiento previo de la parte contratante. Cualquier información que hayan adquirido durante la prestación de los servicios continuará siendo confidencial, salvo que sea de dominio público o revelada por un tercero, mientras este contrato siga vigente -siendo la vigencia por un plazo indefinido–", se pudo leer.

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