Los recuerdos de un ex compañero de Maradona en Sevilla: la única regla en los viajes junto a Diego y el gesto desconocido con un vagabundo

A 29 años del debut de Pelusa con la casaca del conjunto andaluz, Rafa Paz evoca aquella temporada en la que además fue su vecino y compartían el auto para ir a los entrenamientos. Los regalos del argentino al plantel y el elemento más extraño con el que lo vio hacer jueguito

Rafa Paz, con la casaca del Sevilla, y Diego, cuando pasó por la institución de Andalucía
Rafa Paz, con la casaca del Sevilla, y Diego, cuando pasó por la institución de Andalucía

El 22 de septiembre de 1992, el fútbol español volvería a abrirle las puertas a Diego Armando Maradona, ya en la recta final de su carrera. Tras una sanción de 15 meses impuesta por la FIFA, producto de un doping por cocaína en un encuentro ante el Bari jugando para el Napoli, el Sevilla comandado por Carlos Salvador Bilardo le daría una nueva oportunidad de regresar a la península ibérica, tras su paso por el Barcelona entre 1982 y 1984.

Para la llegada del Diez a tierras andaluces, el entrenador argentino fue una pieza clave, ya que le hizo un pedido especial al presidente de ese entonces, Luis Cuervas: “Presi, fichar a Diego ahora es un regalo”. De esa manera, el Narigón convenció al mandamás, el Sevilla pagó cerca 750 millones de pesetas (alrededor de 7.5 millones de dólares) para que lo dejasen salir de Italia y le firmó un contrato por una temporada.

“Cuando lo fichó (el Sevilla) estábamos todos expectantes por verlo en acción, saber cómo entrenaba”, contó su ex compañero Rafael Paz Marín, conocido popularmente como Rafa Paz.

El 4 de octubre de 1992, Maradona hizo su debut oficial en la caída del Sevilla ante el Athletic Bilbao por 2 a 1, a pesar de que antes de ser sustituido su equipo ganaba 1 a 0. A partir de ese día, disputó 29 partidos y marcó siete goles. Su mejor fútbol ya había pasado, pero su leyenda y calidad seguían intactas. “Los conceptos técnicos, la clase, tenía un don especial. Se le notaba el fútbol de la calle. No le gustaba salir al campo y no volver embarrado”, reconoció Paz, quien no solamente fue compañero, sino también vecino del Diez.

“Vivíamos a escasos 300 metros. No tuvimos la posibilidad de ir a tomar una cervecita por el barrio, ya que no se podía salir a la calle siendo Maradona. No podía andar por ahí, ni ir a ciertos sitios. Diego sufría esa situación”, remarcó el español, de 59 años, en un mano a mano con Infobae desde Andalucía.

Además, el ex centrocampista reveló detalles del debut de Diego en el Sevilla. Como se vivió la previa en el San Mamés, de qué manera lo recibió el público local y la entrada dura que sufrió por parte de un rival. También, los regalos que les hacía para fin de año, el día que asistió a un vagabundo en la calle y por qué era “muy generoso con sus compañeros”.

-Se cumplen 29 años del debut oficial de Maradona en el Sevilla. ¿Qué recuerda de su primer encuentro frente al Athletic Bilbao?

-Recuerdo mucho, fue fantástico. La expectativa que se generó con la llegada de Diego fue enorme. Y nosotros lo vivimos muy intensamente. El debut fue en Bilbao, con mucha expectación y en un gran campo de juego como él lo merecía. Fue en la Catedral de San Mamés. Diego mostró interés de empezar fuerte y en un escenario tan importante para el fútbol local como ese.

-¿Cómo se vivió la previa de ese encuentro?

-Fue especial y bonito. Estábamos acostumbrados a vivir con mucha intensidad porque éramos parte de una liga como la española, que es muy fuerte, pero su llegada lo transformó todo. Vivimos una salsa especial, con un poco más de intensidad en todos los sentidos. Fue una experiencia única. Esa previa fue con mucha emoción porque queríamos volver a ver a Diego en los terrenos de juego después de 15 meses de parate.

-¿Se le notó el parate después de tanto tiempo sin jugar?

-En un principio no, porque en los entrenamientos mostró una fortaleza física muy buena. Es verdad que tenía entrenamientos especiales en gimnasios, con una carga física muy importante. Se preparó para la ocasión. Se lo notaba bien en las practicas después de un parón bastante largo. Pero su parte técnica obviamente que la mantenía intacta, porque la iba a tener de por vida.

-Futbolísticamente, ¿le afectó el tiempo que estuvo fuera de las canchas?

-De alguna manera sí. Pero era tanto lo que llevaba adentro, sus ganas de volver y las ganas de demostrarle al mundo que estaba vivo, que no se notó en su primer partido. Se notó muy poco en la cancha cuando entraba en acción por la magia en sus pies. Si vemos los partidos que tuvo en el Sevilla, hubo varios que fueron excelentes, como el que jugó ante el Real Madrid en nuestro estadio, y hasta el de su debut en Bilbao, que no fue para nada malo. Cada vez que cogía la pelota mostraba su magia y talento.

-¿Cómo era jugar a su lado?

-Nos transmitía normalidad y serenidad. Quería que estuviéramos tranquilos. Nos hacía entender que era un compañero más y lo tratáramos como tal. Nos pedía que no nos estresáramos en ese sentido. Lo único que nos pedía es que le diéramos la pelota, que nos la devolvía seguro. Los conceptos técnicos, la clase, tenía un don especial. Se le notaba el fútbol de la calle.

-Sufrió una dura entrada de Lakabeg en su primer encuentro, que fue una muestra de lo que iba a pasar luego durante el torneo español. ¿Como vieron esa reacción del rival?

-Los partidos Bilbao versus Sevilla siempre fueron muy duros. Al San Mamés Diego ya lo conocía, desde que jugaba para el Barcelona. Fue un partido muy noble, al mismo tiempo que intenso y muy duro. Un campo donde para ganar debes darlo todo y competir al máximo nivel. Sabía Pelusa que volvía a un campo donde se lo quería muchísimo por su figura, pero que se la iban hacer difícil y con la intención de intentar detenerlo a cualquier costo. Entonces, hubo un par de entradas fuertes, donde le pusieron el sello y le decían sus rivales: “Estamos en plena competición y en un campo difícil de batir. No te la vamos a hacer fácil”. Así y todo se la bancó, y tuvo un buen debut.

-¿Qué tal lo recibió el público local en el San Mamés?

-No pasó desapercibido, más allá de que es un estadio muy señorial y de mucha deportividad. En ese estadio, cuando el rival hace algo bueno, se lo reconoce. Y cuando no, es totalmente respetuoso. El público vibró como siempre. Pero sí se notaba la presencia de Diego en el verde césped y se transmitía a las gradas. Fue normal el ambiente, pero un poco acentuado por la presencia del argentino que siempre iba a tener esa repercusión en cualquier parte del mundo.

-¿Se vio en algún momento la mejor versión del astro como futbolista?

Se vio una muy buena versión. En ciertos momentos, especialmente en el encuentro que hicimos en casa contra el Real Madrid, tuvo una participación contundente. Le salió un juego mostrando el talento que tenía Diego. Pero no llegó a ser el del Barsa o el del Napoli.

-¿Qué fue lo que más lo impresionó de él?

-Su sola presencia se imponía. No era nada, pero lo era todo. Estar con él era especial y distinto, a comparación del resto de los jugadores. Un compañero más, pero como nosotros lo idolatrábamos como deportista era diferente a todos. Hacía cosas que no le vi a nadie más. Como persona se entregaba a sus compañeros. Era muy sencillo, pero sabiéndolo todo, que estaba entre los más grandes de la historia del fútbol. Era especial, se veía hasta en los peloteos. Se le notaba el fútbol de la calle. Cada balón lo controlaba y devolvía de una forma distinta. Transmitía fútbol por todos los poros. No le gustaba salir al campo y no volver embarrado.

El mediocampista jugó en el Sevilla entre 1984 y 1997. Luego, se mudó al Atlético Celaya de México. Además, disputó con España el Mundial de Italia 1990
El mediocampista jugó en el Sevilla entre 1984 y 1997. Luego, se mudó al Atlético Celaya de México. Además, disputó con España el Mundial de Italia 1990

-¿Cómo era pelotear con Maradona?

-Cuando se ponía la bota, no se la amarraba. Cuando empezábamos a pelotear, hacía cosas distintas. Solicitaba balones completos y daba pases medidos, precisos. Incluso, hacía burlas, siempre con respeto, dentro del compañerismo y del buen rollo. Me llegó a decir: “No te atenaces por pelotear conmigo”. Yo le respondía: “No Diego, no me atenazó, pero te la estoy dando a ti”. Y me decía: “Va boludo, actúa normal”. En todo momento, nos quería trasmitir normalidad y que contáramos con un compañero más en el campo de juego, para pelotear y para lo que necesitáramos. Nos decía que siempre íbamos a estar respaldados por él. Se mostraba como un figura especial.

-¿Es verdad que hacía jueguitos con cualquier objeto redondo; moneda, mandarina, limón, lo que encontraba en el camino?

-Sí, no sólo en el terreno de juego, sino también en el vestuario y en los entrenamientos. Era un defecto profesional que tenía. Le vi hacer jueguitos con una tapita de cerveza. Un día, destapó una cerveza y luego se puso a hacer jueguitos. Otro día, estábamos en el vestuario, agarró una venda de los pies que estaba enrollada y comenzó a hacer jueguitos. También, con un cartón enrollado. Con una bola de papel de aluminio hacía malabarismos. Transformaba un ladrillo en algo redondo. Una vez, en el campo de juego del Sevilla fue a sacar un córner, agarró un papel de aluminio, lo hizo bolita, comenzó a jugar con ese objeto y el sector de la grada de allí enloqueció al punto tal de no parar de aplaudirlo por varios segundos. Era su forma de ser. Veía cualquier objeto, se le iban los ojos detrás y comenzaba a jugar con ello, fuera del material que fuera.

-No sólo fue compañero de Maradona, sino también su vecino en la urbanización Simón Verde…

-Sí, vivíamos a escasos 300 metros. No teníamos la convivencia del día a día porque cada uno llevaba a cabo sus compromisos y éramos mediáticos. No tuvimos la posibilidad de ir a tomar una cervecita por el barrio, ya que no se podía salir a la calle siendo Maradona. No podía andar por la calle, ni ir a ciertos sitios. Y esa situación Maradona la sufría. Pero recuerdo que vino a casa a recogerme en varias oportunidades para ir a entrenar. La primera vez se perdió (risas). Claudia (Villafañe) pasaba por mi casa para preguntarme donde había algún establecimiento para ir a comer y/o para comprar comida.

-¿Se perdió yéndolo a buscar la primera vez?

-Sí, porque tocó la puerta que no era la mía. Timbró en la casa de al lado. Atendió un vecino que no lo reconoció y le indicó dónde yo vivía. Fue a buscarme para bajar al entrenamiento.

-¿De qué se hablaba en esos viajes en auto rumbo al entrenamiento?

-Cuando yo manejaba, iba tomando mate y conociendo la ciudad. Cuando él conducía, yo no tomaba mate porque no me enseñó. Lo vi hacerlo con un compañero. Nunca he tomado mate. Era una bajada normal, sin hablar de fútbol, la única regla que pusimos. Hablábamos de la familia para tener una conversación diferente.

-Maradona fue pedido por el entrenador, Bilardo. ¿Qué les dijo Carlos cuando les anticipó que Diego se sumaba al plantel?

-Bilardo nos puso en antecedentes de que venía Diego Armando e íbamos a estar en el ojo de la noticia, supervisados por todo el mundo. “Donde está Diego, está la noticia”, aseguró Carlos. Nos pidió que intentáramos adaptarnos a la nueva situación que se venía, porque iba a ser diferente. Poco a poco fuimos comprobando lo que nos adelantó Carlos, porque cuando llegó se magnificó todo lo que para nosotros hasta ese momento era una normalidad. Pasó a ser distinto en todos los sentidos, Antes de su llegada había 12 periodistas cubriendo los entrenamiento, luego eran 120. Se observaba prensa de todo el mundo. Los entrenamientos nunca más fueron iguales. Antes, venían a vernos 100 personas, después eran 1000.

-¿Diego tuvo privilegios por ser Bilardo el entrenador y conocerlo del seleccionado argentino?

-No, para nada. Fue un compañero más, porque él no se permitía tener privilegios tampoco. Lo que sí se sabía era que tenía unas condiciones de vida paralelas al resto. Eso lo supimos distinguir y comprobar nosotros inmediatamente. Pero no quiso ni tuvo privilegios por encima de sus compañeros. Siempre estaba al lado del grupo y del equipo. Pero tenía un paralelismo que era lógico y debíamos entender todos.

-¿Fue feliz en Sevilla?

-Sí, lo fue. Más allá del fútbol, se sintió bien en la ciudad, que le brindó todas las comodidades. También tuvo momentos en los que la cosa no andaba bien y se lo veía caído. Pero tuvo un año bonito en muchos aspectos, y en otros no.

-¿Es verdad que les regaló relojes a cada uno para las fiestas de fin de año?

-Sí, fueron detalles que él se podía permitir. Él nos trajo a todos una camiseta de Boca en uno de sus viajes, menos a Marcos Martín, que le entregó la de River. Yo, más que generosidad, diría que tuvo gentilezas hacía nosotros. Para mí, Diego era muy generoso con sus compañeros. Pero no en ese aspecto de regalar Rolex, sino desde lo humano y su preocupación por el otro, cuando éste no tenía contención o por un vagabundo que había en la calle. Mostraba mucha preocupación por una situación así o por una persona de la calle. Yo fui testigo de cuando éramos vecinos y se acercó a un vagabundo para regalarle dinero y comida. Una vez, bajó del auto para preocuparse por él, para preguntarle que le sucedía y qué le pasaba, asistió al vagabundo en todo lo que necesitaba.

-No se conocían esos detalles de Maradona…

-Fue la generosidad que más me gustó. También, cuando ayudó a un juvenil del Sevilla que estaba entrenando con el primer equipo y lo trataba como uno más. El chico no la estaba pasando bien en lo personal, y Diego le daba mucho aliento. Hablaba continuamente con él. Tenía esos detalles de buena gente, como se dice aquí en Andalucía. Le daba muchos consejos y lo trataba como uno más en el grupo. No miraba por encima del hombro a nadie. Le transmitía a ese chico normalidad. Diego no se creía nadie. Era el más importante de todos pero no te lo hacía sentir.

-En ese plantel estaba el Cholo Simeone. ¿Se vislumbraba que iba a transformarse en el entrenador que es hoy en día?

-Era joven cuando estuvo aquí en Sevilla. Lo que pasa es que de jugador ya tenía ese carácter. Siempre tuvo ese interés por las cosas y no bajar nunca los brazos, estar pendiente de todo. No me extraña ver al Cholo Simeone siendo un buen entrenador. Se puede triunfar o no, pero el carácter y la garra que lleva adelante es increíble. No era un jugador que pasara el partido de largo. Se veía perfil de que iba a ser un gran entrenador de fútbol. Monchi, por ejemplo, es otra figura que también se observaba que iba a tener una gran carrera de manager. Mostraba ese interés por saberlo todo.

-¿Observa en Simeone un perfil parecido al de Bilardo en el Sevilla?

-Se podría decir que sí, tienen similitud en ciertos aspectos. No conozco desde adentro al Cholo como entrenador. Ambos son de estar en todos los detalles, impetuosos en sus planteamientos y obsesivos en el juego.

-¿Cómo era Carlos?

-Un tipazo. Muy buen director técnico. Transmitía muy bien el mensaje hacía sus jugadores. Se ganaba al público y a los protagonistas del juego. Un hombre apasionado por este deporte. Muy honesto con su trabajo. Ha dejado huellas en el Sevilla y estoy seguro que también en otras plantillas donde ha trabajado. En Sevilla casi nadie te hablará mal de Carlos. Se entregaba al máximo. Te cuidaba muchísimo. Intentaba enseñarte todo lo que sabía sin hacer distinciones de algún tipo. En España, lo admiramos, valoramos y queremos muchísimo.

-¿Observa alguna similitud entre lo que fue Maradona y lo que es Messi?

-Es difícil comparar, porque los tiempos no son iguales. Lo que sí es que son dos de los mejores 10 de la historia, junto con Pelé. Entre Maradona y Messi me quedó con Diego, porque es el de mi época y el que más conozco. Lionel es otro astro y brilla todo el tiempo. Ambos tenían un juego muy parecido, porque físicamente son idénticos. En la actualidad, es un juego más de toque y sin improvisación. Desde la personalidad, son distintos. Messi es un pibe sencillo y entregado a la gente. No lo veo endiosado para nada, más bien una persona natural.

-¿Dolió la salida del rosarino del Barcelona?

-Sí, la salida dejó un hueco importante en el fútbol español, no sólo en el Barsa. El culé lo trajo de pequeñito, le ha dado mucho a Lio y el jugador también al club. Son etapas que llegan y finalizan. Lo que es una pena es que deba acabarse algún día su etapa como futbolista. Me gustaría que fuera infinita como la de Maradona, también.

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