El tenebroso origen de uno de los mayores símbolos olímpicos

Carl Diem, presidente del Comité Organizador de los Juegos Olímpicos Berlín 1936, fue el impulsor del traspaso de la llama olímpica, un ícono del olimpismo de la era moderna

La llama olímpica ingresando a la ciudad de Berlín en la antesala del inicio de los Juegos Olímpicos (Shutterstock)
La llama olímpica ingresando a la ciudad de Berlín en la antesala del inicio de los Juegos Olímpicos (Shutterstock)

Este martes, cuando restan 120 días para el comienzo de los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 que se postergaron un año por la pandemia de coronavirus, se inició el recorrido del relevo de la antorcha olímpica en Fukushima, epicentro del accidente nuclear que impactó a Japón hace una década.

Con el paso del tiempo, el encendido de la llama en la Antigua Olimpia de Grecia se convirtió en uno de los grandes símbolos olímpicos. El origen del relevo de la antorcha se remonta a cuando los griegos enviaban mensajeros a las ciudades-estado para anunciar una tregua que permitiera el desplazamiento de los atletas y el público hasta las competiciones Olímpicas. De ahí el concepto de paz e integración de los pueblos simbolizado en la antorcha.

Pero fue en la antesala de los Juegos Olímpicos de Berlín 1936 cuando surgió la idea de crear un recorrido que atraviese diferentes ciudades con portadores de la llama para unir los JJOO de la Antigüedad con los de la era Moderna. Ya con el presidente del partido nazi Adolf Hitler en el poder, el presidente del Comité Organizador de los Juegos Olímpicos Carl Diem le propuso al Comité Olímpico Internacional crear el relevo de la antorcha y la medida fue aprobada dos años antes del inicio de la cita olímpica.

Con la aceptación de los Comités Olímpicos Nacionales de Grecia, Bulgaria, Yugoslavia, Hungría, Austria, Checoslovaquia y la propia Alemania, se estableció que por esos países pasaría el fuego olímpico. El recorrido fue de casi 3.200 kilómetros y contó con la participación de más de 3.330 portadores que, cada uno, corrieron unos 1.000 metros de distancia.

El fuego era un símbolo del régimen nazi y las procesiones con antorchas fueron una característica de ese período oscuro de la historia.

La cineasta alemán Leni Riefenstahl fue la encargada de filmar el relevo de la antorcha y realizar una película para Hitler (Shutterstock)
La cineasta alemán Leni Riefenstahl fue la encargada de filmar el relevo de la antorcha y realizar una película para Hitler (Shutterstock)

Más allá del circuito que finalizó el 1 de agosto del 36 en el estadio Olímpico de Berlín cuando el atleta alemán Fritz Schilgenn fue el último relevista y se encargó de encender el pebetero en el Berliner Olympiastadion, el relevo sirvió para mostrar el crecimiento del poderío nazi en Alemania y el resto de Europa. El propio Joseph Goebbels, ministro de Propaganda del Tercer Reich y uno de los hombres más cercano a Hitler, se encargó de la estrategia integral del evento que la cineasta germana Leni Riefenstahl retrató en un documental que llevó el nombre de Olympia.

Tanto durante los 15 días que duraron los Juegos Olímpicos como en los meses previos, los nazis suprimieron las por entonces clásicas campañas antisemitas que recorrían el país con la intención de mostrarle al mundo lo positivo del régimen. Es más, según cuenta la leyenda, otra de las decisiones que tomó el estado alemán fue elegir a una deportista judía como parte de la delegación que representó al régimen: la esgrimista Helene Mayer, que participó en la competencia de espada, logró subirse al podio y fue medalla de plata.

Para escribió el periodista Jules Boykoff en un artículo de la NBC, el relevo de la antorcha olímpico que tuvo su estreno hace 85 años en la Alemania nazi, debería extinguirse porque sigue ocultando los problemas de las naciones. En referencia a lo que sucedió en Japón con el inicio del tour en Fukushima, escenario del terremoto que derivó en un tsunami y terminó en un accidente nuclear 2011, el lugar elegido marca la hipocresía de la ceremonia.

Una postal de la ceremonia de apertura de Berlín 36 con Hitler y el por entonces presidente del COI, el belga Baillet-latur (Shutterstock)
Una postal de la ceremonia de apertura de Berlín 36 con Hitler y el por entonces presidente del COI, el belga Baillet-latur (Shutterstock)

Según pudo recabar el redactor del medio estadounidense, gente de la prefectura está en contra de la realización de los Juegos Olímpicos en Japón, ya que estos le han quitado ingresos para continuar con la recuperación del lugar. “Fukushima está siendo sacrificada por el bien de los Juegos Olímpicos de Tokio”, fueron las palabras que le dijo la activista anti JJOO Noriko Kyogoku a Boykoff.

Para el mundo olímpico, el relevo de la antorcha tiene un significado de unidad y paz, más allá de que se ideó con el objetivo de ocultar un régimen que llenó de oscuridad al mundo. Justamente el Relevo de la Paz fue el lema que se utilizó para la cita que le siguió a Berlín 1936 y que recién se pudo llevar a cabo 12 años más tarde en Londres, todavía con los resabios de la Segunda Guerra Mundial que liberó a la humanidad del régimen nazi que condujo Hitler.

El poster oficial de los Juegos Olímpicos Berlín 1936 (Shutterstock)
El poster oficial de los Juegos Olímpicos Berlín 1936 (Shutterstock)

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