Los Zeballos y los González, dos familias que viajan juntas por el circuito. Sofía, con Fausto en brazos; Zeballos, con Emma en brazos; Cecilia, con India en brazos, y Machi González (Foto: Enrique Cano)
Los Zeballos y los González, dos familias que viajan juntas por el circuito. Sofía, con Fausto en brazos; Zeballos, con Emma en brazos; Cecilia, con India en brazos, y Machi González (Foto: Enrique Cano)

Cambiar pañales, subir a un avión y salir corriendo al pediatra con el bebé son actividades comunes a cualquier padre, pero todo cambia cuando esto debe hacerse en distintas ciudades, diferentes lenguas y distintos países, con pocos días de diferencia.

Horacio Zeballos, campeón en Indian Wells, y Máximo González son dos de los tenistas con mejor presente en la especialidad de dobles. Entre ambos han ganado 5 títulos en 2 meses de competencia y representan a la Argentina en Copa Davis. Pero, además, comparten esta nueva experiencia, la de viajar en familia.

El ser tenista profesional y levantar trofeos en torneos que reparten millones no los exime de las tareas de todo padre, acunar al hijo y cambiar pañales. Machi González dice que puede ocuparse mucho más por la mañana de su pequeñita. Madruga y le prepara la mamadera a India. Su mujer es quien está más atenta por las noches, y él aprovecha esos momentos para compartirlos con su hija, "le cambio los pañales, le preparo el desayuno y me quedo con ella hasta que se levanta la madre".

"Yo también cambio pañales –interrumpe Zebolla-, soy un padre moderno. Lo único que me exigen es que no le salga por los costaditos, tengo que tener mucho cuidado con eso, porque me retan mucho. Uso óleo calcáreo, la cremita para que no se paspen y me banco cualquier olor".

La vida del tenista es un viaje… de ida y vuelta, con muchos rodeos y stops en el medio. Tiene sus complicaciones, cancelaciones y salidas apresuradas, todo manejable mientras en ese derrotero solo estén incluidos jugador y coach. Otra cosa es en familia.

La anécdota dice que Roger Federer, desde que nacieron sus primeras mellizas, suele viajar en avión privado con su familia (tiene cuatro hijos) y dos mucamas. Él duerme en una habitación separada, "porque tengo que estar descansado", le contaba a Gastón Gaudio en el US Open.

"Así es muy fácil", explota en una carcajada el marplatense Horacio Zeballos (33 años y 19 del ranking ATP en dobles), "él tiene cientos de millones, pero yo no", continúa sonriendo. No solo es una cuestión de presupuesto, sino que "ahí es donde te das cuenta de lo cansador que es. Si yo hubiera seguido jugando single no habría podido viajar con mi familia –menciona Zeballos-, porque en mi caso, estamos todos en la misma habitación, y a veces cuesta mucho dormir y no está bien que sea mi mujer la que siempre tenga que levantarse. Yo tengo que ayudar. Imaginate si tuviera que jugar single a las 11 de la mañana y después dobles. ¡Imposible!".

Roger Federer, que tiene cuatro hijos -dos mellizas-, también viaja con su familia. Aunque su presupuesto le permite tener dos asistentes para los niños y tener habitaciones separadas con su familia
Roger Federer, que tiene cuatro hijos -dos mellizas-, también viaja con su familia. Aunque su presupuesto le permite tener dos asistentes para los niños y tener habitaciones separadas con su familia

A Máximo González (33 años, Tandil, 30 de ATP) le pasa algo similar. Durante los viajes, su pequeña hija India duerme en una camita en medio de los dos, cuenta: "Porque se ve que no se siente muy cómoda. Pero si eso no se puede, termina durmiendo en medio de nosotros, en la misma cama", es una de las concesiones que deben hacer Machi y Cecilia "para poder descansar".

Ambas parejas reconocen que los viajes se vuelven cansadores, porque con la rutina se hace difícil el entretener a los chicos todo el día en un club, especialmente para las mujeres, que son quienes se quedan al cuidado de los hijos.

Pero, entonces, ¿por qué viajar en familia? Para Machi González es claro, se afecta más teniéndolos a distancia que tener que salir corriendo a solucionar un problema familiar en medio de un torneo. "Estar lejos, sin poder estar juntos, no me ayuda mentalmente. Es lindo que estén acá", comenta el tandilense. Le gusta llevar a su familia a la platea, los mira, les sonríe mientras juega, porque le dan "alegría y mucha fuerza". "Es lo más lindo que me pasó, la beba, la familia", dice.

Para González, tener a la familia en la platea le da fuerza en los partidos y se siente tranquilo durante las giras. Para él, el sacrificio de ser “nómades” vale la pena
Para González, tener a la familia en la platea le da fuerza en los partidos y se siente tranquilo durante las giras. Para él, el sacrificio de ser “nómades” vale la pena

Lo mismo sucede con Zeballos, que trata de no perder un instante para poder "disfrutarlos un montón", a pesar de las contingencias que ello acarree. A comienzos del certamen de Indian Wells, en California, su hijo menor, Fausto, pasó varios días con fiebre y junto con su mujer, Sofía, tuvieron que llevarlo al hospital y hacer los estudios correspondientes, lo que terminaba por desenfocarlo de su trabajo. Alejandro Lombardo, su entrenador, se encargó de cuidar a la pequeña Emma mientras sus padres atendían a su hermano. "Esto lo hace mucho más estresante y cansador, pero hay que acostumbrarse. No es fácil viajar con todos".

Para Zeballos, la parte más complicada de los viajes es cuando toca Asia. Solo en esa época del año se separa de su familia. En el resto del mundo, viajan juntos
Para Zeballos, la parte más complicada de los viajes es cuando toca Asia. Solo en esa época del año se separa de su familia. En el resto del mundo, viajan juntos

Por esta razón es que la planificación familiar y el calendario del tenista empiezan a superponerse y es ahí cuando aparece la segunda mirada. Ni la del coach ni la del manager, le decisión de la mujer. Acá sí, allá no. Las distancias, la comida, las comodidades hacen que la evaluación sea diferente a la de años anteriores. Todo es más estudiado. "En la gira europea los vuelos no son tan largos ni tan lejos, y la de Estados Unidos es fácil. Te alquilás un auto, los lugares son buenos y ahí te podés organizar un poquito mejor", comenta Zeballos. Sin embargo, "la gira de fin de año por Asia es imposible de hacer en familia, es muy cansadora, son vuelos larguísimos".

En esos viajes largos en que la familia se distancia es cuando aparece la tecnología y el apego a los dispositivos móviles y a las nuevas aplicaciones para poder comunicarse. Pueden ser tres, o tal vez cuatro veces al día que Skype o Facetime los ponga en pantalla. Todo sirve cuando la intención es poder escuchar sus voces, ver los rostros de sus hijos y sentirse en familia, "juntos a pesar de la distancia".

Hay que tener en cuenta que el día de un tenista en familia, a excepción de Roger, no es tan común como los demás. Los mayores problemas para ellos surgen durante la noche, el momento de descanso en el que precisan no ser molestados. Sin embargo, una cosa es lo que se pretende y otra la que impone la realidad. Como dijo Rafael Nadal, "hay que aceptar las cosas como son y no como uno quisiera que fueran".

"Uno de mis hijos duerme muy mal –cuenta Horacio-, así que los días que juego trato de no levantarme, apoyo la cabeza en la almohada, me duermo y mi mujer se levanta todas las veces, así que está liquidada a la mañana. Pero cuando no juego es como en casa, nos levantamos los dos. Fausto todavía toma teta y mi mujer está más pendiente, pero yo colaboro –dice con cara de 'algo hago'-. Me gusta ayudar con el provechito. Se ve que nuestra mano es más pesada y eso les ayuda (se ríe)".

Las familias Zeballos y González ya se han encontrado en otras etapas del circuito. Lo hicieron en San Juan, este año en Córdoba y Buenos Aires y ahora en los Estados Unidos. La gira europea los llevará a jugar juntos desde Montecarlo hasta Roland Garros, en una gira que se extenderá por dos meses. Zebolla y Machi comparten no solo una carrera, títulos y Copa Davis, sino también de disfrutar de sus familias viajeras.