El 28 de noviembre de 2016 el vuelo 2933 de la aerolínea LaMia se estrelló en Colombia cuando se dirigía rumbo al Aeropuerto Internacional José María Córdova con 68 pasajeros y nueve miembros de la tripulación. Tras varias investigaciones se determinó que la causa del accidente fue la falta de combustible y que una parada para recargar el tanque hubiera sido suficiente para evitarlo. Así, lo reconoce también Erwin Tumir, mecánico aeronáutico a bordo de la aeronave y uno de los seis sobrevivientes de la tragedia.
En diálogo con Infobae, el boliviano que trabajaba para la compañía Bacams, que le brindaba servicio a LaMia desde agosto de ese año, explicó que cuando la empresa aeronáutica realizaba viajes tan largos como el de aquel día, solía incluir una parada técnica para recargar combustible. Sin embargo, en aquella oportunidad se decidió quitar la escala del plan de vuelo.
"Yo cargué el tanque hasta Cobija. Cuando pregunté arriba del avión, estando ya en vuelo, y me dice ahí el ingeniero de vuelo, Ángel Lugó: 'No, vamos a ir directo a Colombia', yo me quedé callado un rato. Como estás volando con un ingeniero, con un despachador y está ahí el capitán, yo supuse que sabían lo que estaban haciendo. Y bueno, no podía tampoco sobrepasar a las autoridades. No podía hacer nada", explicó.
Como técnico, la función de Tumiri era verificar que la aeronave esté en condiciones de despegar, pero no era su responsabilidad trazar el plan de vuelo y decidir si realizar o no una escala.

Cuando restaban algunos kilómetros para llegar a destino y el piloto, Miguel Quiroga, informó que estaban listos para aterrizar, comenzaron las fallas. "Escuché varias vibraciones. Me imagino ahora que esas vibraciones eran los motores apagándose y ya después de eso se encendió la luz de emergencia. Después lo único que he escuchado es a Ximena (la azafata) diciendo 'Ay Dios mío, ay Dios mío'".
"Solo escuchaba el sonido del viento, porque a las puertas se habían despresurizado", relató Tumiri y continuó: "Buscaba qué falla podía ser, porque ya entraba agua, porque estaba lloviendo, entraba por la puerta". La ausencia de los gasolina apagó los motores y eso le quitó toda energía a la aeronave, que planeaba sin control rumbo a su terrible destino. "Se apagaron las luces, no pude ver nada, me mojaba por la puerta y todo pasó como en un sueño, como en una pesadilla".
Lo que todavía no sabía, era que 71 de las personas que allí viajaban habían perdido la vida tras el impacto. "Yo me quedé agachado y al levantarme sólo pude ver barro y ensangrentado todo el avión".
Tumiri explicó que él, al igual que la azafata, pudieron salvarse porque estaban en la parte posterior del avión, cerca de la cola. Pero la mayoría de los pasajeros y la totalidad de los que se encontraban en la cabina de mando fallecieron.
Tras unos instantes que se tomó para comprender qué era lo que había sucedido, el boliviano se puso de pie y ayudó a su compañera a levantarse del lodo y a escapar de los escombros. "A mi alrededor veía muertos, otros en sus últimos lamentos, que estaban ahí. Y bueno pues, no podía hacer nada tampoco porque ya estaban muertos. Lo único que escuché fue a Ximena. Fui allí, la saqué del montón de fierros que estaban ahí. Gritaba, lloraba".
Tras apoyarse en un tronco, Tumiri comenzó a sentir las consecuencias de la caída y optó por quedarse allí junto a su compañera hasta que llegasen los rescatistas. Además, debido al dolor, al barro y a la oscuridad, advirtió rápidamente que no podía ayudar a ninguno de los que estaban atrapados.
El momento en que Tumiri es encontrado por los rescatistas
"Yo trataba pero no podía mover mis brazos, mi cuerpo y nada. Lo único que hacía era gritar 'Donde están', para que no se callen y sigan gritando".
Cuando finalmente arribaron los grupos de rescate, Tumiri comprendió la gravedad de la situación: "Hasta ese momento yo no sabía lo que había pasado o realmente lo que había ocasionado el accidente. Por eso les decía (al resto de los tripulantes) que griten. Pero ellos (los rescatitas) solamente me atendían a mí. Ahí es donde empiezo a gritar a mis compañeros, a Ángel, Alex y a todos los que estaban a bordo conmigo, pero nadie me respondió y ya supuse que estaban muertos". Tenía razón.
Él y Ximena Suárez fueron los únicos dos integrantes de la tripulación que salieron con vida del avión. Además, sobrevivieron el periodista brasileño Rafael Henzel y los futbolistas del Chapecoense Hélio Neto, Jackson Follmann y Alan Ruschel.
Sorprendentemente, no tuvo heridas graves y apenas estuvo unos días en el hospital: "Sólo tenía una cortadura tanto en mi brazo como en el mentón, pero debido a los golpes estaba todo morado. Pero después sané, estoy bien"

A más de dos años de la tragedia, Tumiri vive con su madre en Cochabamba, forma parte de un grupo de música cristiana y estudia para ser piloto. "Creo que una manera de vencer el miedo es afrontándolo. Acá, en la escuela de aviación, ya estuve al mando como piloto de una avioneta. Ahí también estuve manejando y sí, ahora estoy más tranquilo porque en un futuro tengo que sacar el título", cuenta alegre.
Mientras escribe su libro -que promete saldrá pronto- explica que perdió el contacto con los futbolistas brasileños, pero no pierde la esperanza de viajar y conocer el club: "Quisiera ir, pero por motivos económicos y todo eso no se puede".
Tumiri ha decidido seguir con su vida y comprende esta tragedia como una oportunidad que Dios le dio para predicar su palabra, sin embargo, no esconde su enojo al mencionar la corrupción que existía detrás de LaMia y que derivó en la tragedia: "Hay muchos familiares dolidos, no hay que tapar eso. Me da un poco de rabia porque mucha gente, hablo también por la tripulación, están dolidos. Por todos los muchachos que estaban ahí, los futbolistas, no sé como realmente cómo estarán. Pero sí da rabia que no estén llegando a una solución. No se les va a entregar vivos a los fallecidos, pero sí tiene que haber un porqué. Hay que llegar al fondo".
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