Los fanáticos rusos viven sentimientos encontrados desde que se dieron por iniciados los Juegos Olímpicos de Invierno 2018 en Pyeongchang, el pasado viernes.

Luego de un escándalo de doping que generó que los atletas rusos no pudiesen competir oficialmente en el evento deportivo organizado por Corea del Sur, aquellos deportistas que finalmente pudieron ser habilitados a participar, lo tienen que hacer bajo ciertas limitaciones. Eventualmente, un total de 168 atletas rusos fueron aprobados por el Comité Olímpico Internacional para competir en Pyeongchang.

Si bien no podrán escuchar su himno nacional en caso de ganar una medalla, habiendo cosechado cinco al momento, ni tampoco usar el uniforme tricolor tradicional, en su lugar reemplazado por una vestimenta anodina con la leyenda de "Atletas Olímpicos de Rusia", los deportistas de elite soviéticos parecen estar dispuestos a demostrar que pese a la situación adversa, no se darán por vencidos.

De cualquier forma, las mismas limitaciones no pesan sobre aquellos fanáticos "civiles" que viajaron a Corea del Sur para apoyar a sus representantes deportivos, independientemente de la veda olímpica que obliga a sus atletas a presentarse como neutrales.

Fiesta soviética

Probablemente alimentada por una mezcla de enojo y frustración, Rusia fue la anfitriona de una extravagante fiesta olímpica inaugural que incluyó banderas, canciones patrias y una comitiva de animadoras. La casa deportiva de Gangneung, una antigua sala de bodas reconvertida, abrió sus puertas el pasado viernes con discursos del embajador ruso en Corea del Sur y campeones olímpicos del pasado.

Con la clara intención de demostrar que Rusia es una verdadera super potencia deportiva, el refugio para fanáticos se destaca por una estética ultra nacionalista que incluye entre otras cosas parafernalia típica de la cultura soviética.

Entre un samovar de té, se destacan los shows en vivo de un coro folklórico y la presencia del vestido perteneciente a la patinadora artística Adelina Sotnikova, quien ganó la medalla de oro en Sochi 2014.

"Rusia es un participante completo de los Juegos Olímpicos y aquí demostraremos nuestro poderío deportivo" compartió el embajador ruso en Corea del Sur, Alexander Timonin. "Creemos en nuestros atletas, estamos orgullosos de ellos y esperamos que puedan alcanzar los mejores resultados para poder volver traer gloria a nuestra Madre Patria".

Una infinidad de fotografías de Vladimir Putin completan la decoración de una sala 100 por ciento rusa. "Es genial dado que este es un lugar donde siempre te están esperando, donde siempre están contentos de verte" destacó Dmitry Davydov, un fanático de San Petersburgo envuelto en la bandera nacional. "Es un pequeño pedazo de Rusia lejos de casa".

Cuando las autoridades rusas alquilaron la sala de bodas para las olimpíadas de Pyeongchang, su intención inicial fue nombrarla como la "Casa de Fanáticos Rusa", pero para no irritar a los miembros del COI decidieron rebautizarla como "Casa Deportiva" y descartaron llevar allí ceremonias paralelas de entrega de medallas.

"No se trata de una fiesta secreta" dijo la cordinadora de la casa deportiva Anna Dunaeva. "Hemos proporcionado nuestro diseño al COI y estamos listos para hacer cambios en caso de ser necesario".

Una de sus mayores preocupaciones es asegurarse de que los fanáticos no coloquen una bandera rusa sobre los hombros de los atletas que visiten la sede deportiva. "Seremos muy cuidadosos" concluyó.

Cortesía de Ruptly, agencia de noticias en vídeo de la cadena rusa RT.

El COI dijo estar al tanto de la existencia de la casa deportiva rusa, y aclaró que está siendo administrada por una entidad comercial tercerizada.  Los organizadores dijeron que la misma fue financiada por la Fundación de Deportistas Olímpicos Rusos, una organización sin fines de lucro que cuenta con el apoyo del gobierno de Moscú.

Como parte de los lineamientos del COI, Rusia se ha comprometido a no desplegar símbolos de su comité nacional suspendido, conocido bajo las siglas de ROC.

Con información de AP

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