
La UNESCO, con sede en París, cubrió con telas los sexos de dos estatuas durante una exposición para “no herir ciertas sensibilidades". Una decisión que no fue del gusto de todos.
Durante las Jornadas del Patrimonio 2019, en septiembre pasado, el artista plástico Stéphane Simon fue invitado por la UNESCO a exponer varias de sus esculturas inspiradas en la estatuaria griega.
Sus desnudos reflejan un gesto que se ha vuelto muy común en los últimos años: el de una persona que se saca un selfie. Estas obras ya fueron expuestas en numerosos lugares públicos en París, desde el Consejo Económico y Social hasta el Palais-Royal.

Pero el sábado 21 de septiembre, una sorpresa desagradable esperaba a los visitantes de la sede de la UNESCO, en el distrito 7: las dos estatuas de Stéphane Simon, de tamaño real, llevaban puestos taparrabos, una tanga para una y una venda de tela para la otra.
Según la revista Le Point, la UNESCO exigió en el último momento que se añadieran estos taparrabos para “no herir ciertas sensibilidades”. En un país laico y en una ciudad donde los desnudos son visibles en muchos puntos turísticos y culturales, como en los Jardines de las Tullerías, esta decisión no deja de sorprender.
El diseñador Xavier Flavard dijo que era “muy molesto ver estas obras alteradas de esta manera. Estos elementos textiles casi sugerían que se trataba de un anuncio de ropa interior”.

Audrey Azoulay, ex ministra de Cultura y actual directora general de la UNESCO, no estaba al tanto de la situación, según sus allegados. El artista, por su parte, había dicho que estaba dispuesto a traer una tela para cubrir el sexo de las estatuas un momento, a petición de las delegaciones interesadas. Fue el primero en sorprenderse por las exigencias de última hora de la institución internacional.
“¿Será necesario enterrar en las reservas de nuestros museos, retirar de los jardines o fachadas de nuestros monumentos públicos, obras que representan la carne, masculina o femenina, porque son consideradas inapropiadas por ‘ciertas sensibilidades’?”, se pregunta Jacques Bouineau, de la red Antiquité Avenir (antigüedad futuro).
La UNESCO, por el momento, no ha dado más que respuestas evasivas.

Publicado originalmente por RFI.
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